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Sonja Lyubomirsky, psicóloga: el 40% no se siente amado, vital para una relación plena

Imagina amar a alguien con toda tu alma, pero que esa persona, tu pareja, no se sienta realmente amada. Parece una paradoja, ¿verdad? Pero no es solo una cuestión de percepción; es el secreto oculto que puede erosionar las bases de una relación, dejando una sensación de vacío que nada llena. Todas buscamos esa conexión profunda, plena, que nos hace vibrar, pero, ¿estamos fallando en lo más esencial sin darnos cuenta?

Esta pregunta, que muchas de nosotras nos hemos hecho en silencio, tiene una respuesta clara y, para muchos, alarmante. Un estudio reciente ha destapado una realidad incómoda que impacta directamente en la felicidad de millones de parejas en todo el mundo. De hecho, los resultados te harán replantearte completamente cómo entendemos el amor y cuáles son las bases que debemos tener claras para construir un vínculo definitivo.

La psicóloga Sonja Lyubomirsky, una de las grandes voces de la investigación sobre la felicidad, junto con Harris Reis, ha revelado una cifra escalofriante: hasta un 40% de las personas en una relación no se sienten lo suficientemente amadas por su pareja. Este dato, extraído de su libro «Cómo sentirse amado» (publicado en 2026), no solo nos da una bofetada de realidad, sino que señala el origen de muchos de nuestros conflictos íntimos más profundos. Pensábamos que lo importante era amar, pero la clave podría ser sentirse amado.

El error que nos impide conectar: ¿por qué no nos sentimos amadas?

Nuestra naturaleza humana está diseñada para crear lazos fuertes y duraderos. La evolución favoreció a aquellos individuos integrados en redes de apoyo mutuo, no solo en parejas románticas, sino también en familias y comunidades. Es un hecho biológico, un impulso inherente a nuestra supervivencia y bienestar, que buscamos ese vínculo y sentirnos parte de algo importante. Pero, ¿cómo es posible que, a pesar de ello, casi la mitad de nosotras no llegue a sentirse plenamente amada?

La solución a esta anomalía no es sencilla, porque «amar y hacer sentir amado no son exactamente lo mismo», como apunta Bárbara Montes Saiz, especialista en sexología clínica y terapia de pareja. Podemos sentir un amor inmenso por alguien, pero si ese amor no le llega de una manera que pueda reconocer, el mensaje se pierde. La percepción de que nuestra pareja nos entiende, nos valida y tiene en cuenta nuestras necesidades es fundamental para la intimidad y la seguridad del vínculo.

Debemos entender que la forma en que nuestra pareja se comporta y nos hace sentir es a menudo más importante para la satisfacción de la relación que nuestra propia percepción de cómo actuamos nosotros. Es un juego de espejos donde la percepción lo es todo.

Así lo confirmó un estudio del 2026, «Feeling loved versus being loving: perceived partner behavior predicts relationship satisfaction». Este informe reveló que la satisfacción en la pareja se explica mejor por las percepciones sobre el comportamiento del otro, más que por cómo uno mismo se ve como pareja. Es un descubrimiento que cambia la manera en que debemos ver nuestras relaciones y nos invita a una reflexión mucho más profunda de lo que pensábamos.

El truco oculto para la reciprocidad: El balanceo del amor

La idea principal del libro de Lyubomirsky y Reis es que la mayor parte de la responsabilidad para sentirnos amadas recae en nosotras mismas. Parece contradictorio, ¿verdad? Pero no lo es. El primer paso para sentirse amado es, precisamente, amar al otro. Es lo que ellos llaman «el balanceo de las relaciones»: una reciprocidad que se alimenta continuamente. Si una persona ama a la otra, la otra le corresponderá; si se escucha, será escuchada.

Este efecto «balanceo» es un ciclo virtuoso. Cuando damos amor, atención y apoyo, creamos un ambiente donde es más fácil que recibamos lo mismo a cambio. Pero, ¿qué pasa cuando no se produce este intercambio de vuelta? En estos casos, los expertos son claros: es una señal inequívoca de que la relación no funciona y que quizás es mejor ponerle fin. No vale engañarse con un amor no correspondido.

Noemi Domínguez, psicóloga sanitaria y sexóloga, añade un matiz importante: «Cuando una persona alberga creencias de tipo ‘no merezco’ o ‘no valgo’ puede ser más difícil sentirse amado». Pero del mismo modo que algunos vínculos son destructivos, otros pueden ser profundamente sanadores cuando, finalmente, nos sentimos amadas en una relación basada en el buen trato. Es una vía de doble sentido que nos permite crecer y curar viejas heridas.

Más allá de las palabras: los pequeños grandes gestos que lo cambian todo

Sentirse amada, nos recuerda Gloria Arancibia, psicóloga y sexóloga, tiene mucho que ver con esos «pequeños-grandes gestos» cotidianos que asientan las relaciones profundas. Hablamos de reconocimiento, de saberse escuchado, de tener ayuda cuando se necesita, de resolver los problemas de manera amable, sin gritos ni insultos. La buena comunicación, el respeto a la libertad del otro, la complicidad o la reciprocidad son los auténticos afrodisíacos de la relación.

Estos gestos del día a día pesan mucho más que los grandes regalos o las demostraciones grandilocuentes de amor. Es la sutileza, la constancia y el cuidado en la interacción diaria lo que construye la sensación de seguridad y amor. Pero en este juego de percepciones también entra en juego el sesgo de género, ya que hombres y mujeres recibimos educaciones y mensajes diferentes sobre cómo expresar y recibir afecto.

Debemos dejar de creer que los hombres no sienten la misma necesidad de sentirse amados. De hecho, estudios recientes sugieren que las relaciones sentimentales son, en realidad, más importantes para el bienestar masculino que para el femenino. Nosotras tendemos a extraer apoyo emocional de más fuentes, mientras que para ellos, la pareja es a menudo el pilar central.

Un hombre puede amar profundamente a su pareja y haber aprendido a expresar ese amor mediante el cuidado material o la resolución de problemas. Su esposa, sin embargo, puede estar esperando palabras, contacto físico o conversación. Lo más viral de esta dinámica es que también sucede al revés. Que socialmente se nos haya permitido expresar más emociones no significa que sepamos pedir lo que necesitamos; a menudo esperamos que nuestra pareja adivine nuestras necesidades.

La urgencia de la conexión: un afrodisíaco vital para tu relación

Sentirse amado no es solo fundamental para crear vínculos profundos, sino que es uno de los mejores afrodisíacos que existen. Saber que suscitas interés te hace interesarte por el otro, es un círculo virtuoso que alimenta la pasión. Hay una relación directa entre sentirse comprendida, atendida y valorada por la pareja y el deseo sexual. Esta es una solución potente para un problema que muchas parejas enfrentan en silencio.

La percepción de la pareja como receptiva se asocia con un aumento del deseo sexual. Esto desmonta una idea muy extendida: que para aumentar el deseo debemos hacer algo sexual. A menudo, lo que necesitamos primero es recuperar la conexión emocional para que el deseo vuelva a aparecer con fuerza, con toda su potencia. Es el truco que hemos estado buscando.

Ciertamente, personalidades con experiencias infantiles complejas, como el maltrato o la falta de afecto, pueden tener más dificultad para sentirse reconocidas. Pero el poder de una relación sana, basada en el buen trato, es inmensamente sanador y puede acelerar el proceso de aprender a amarse a una misma. Es una autopista de doble sentido, un camino que todas merecemos recorrer.

Estamos muy entrenadas a preguntarnos qué necesitamos de una relación, qué nos aporta, qué nos hace felices. Y todo eso es legítimo y necesario. Pero el problema aparece cuando la pareja se convierte exclusivamente en un escenario donde una debe sentirse bien, en lugar de un vínculo donde una también debe aprender a hacer sentir bien al otro. Entender este equilibrio es la verdadera clave para una relación plena y duradera. ¿Y tú, sientes que tu amor está llegando?

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