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Francesc Torralba, filósofo: «Un hijo puede ser motivo infinito de felicidad, pero también de sufrimiento»

La decisión de tener hijos es una de las más profundas y transformadoras de la vida. Nos enfrenta a la alegría más pura y, al mismo tiempo, a retos que ni siquiera imaginábamos. Pero, ¿qué pasa cuando la felicidad prometida se entremezcla con un sufrimiento silencioso, poco reconocido por la sociedad? Esta es la realidad que muchas familias viven hoy, una verdad incómoda que ahora, finalmente, ponemos sobre la mesa.

Dejar atrás el mito de la paternidad idílica es imprescindible para navegar el presente. Pero, ¿qué dice la filosofía sobre esta compleja balanza entre la satisfacción y el sacrificio? Y ¿por qué, de repente, todo el mundo está hablando de ello?

Francesc Torralba, uno de los filósofos y teólogos más reconocidos de nuestro país, ha puesto el dedo en la llaga con una declaración que ha hecho mucho ruido. Según Torralba, tal como compartió en el pódcast «Gente sin límites» con Josef Ajram, un hijo puede ser tanto un motivo de felicidad infinita como una fuente de sufrimiento igualmente inagotable. (Sí, nosotros también sentimos un escalofrío).

La verdad oculta de la paternidad moderna

Vivir en un mundo como el nuestro, lleno de incertidumbres —desde el cambio climático que nos angustia, hasta el descontrol de la inteligencia artificial y unos líderes políticos a menudo narcisistas—, nos hace cuestionarlo todo. Torralba señala este contexto como un escenario complejo para traer al mundo a una criatura inocente. Esta reflexión es clave para entender por qué cada vez más parejas dudan.

Para el doctor Torralba, la paternidad es una «bendición» y una forma de «dar la posibilidad a otro para que pueda disfrutar de esta vida». Es un acto de donación, cierto, que permite al hijo desarrollar su proyecto vital. Pero nadie nos ha dicho nunca que este camino sería sencillo o libre de angustia. Y aquí reside nuestro mayor miedo.

No se trata de ser egoísta por querer ser feliz, sino de entender que la maternidad o paternidad puede exigir una entrega tan grande que, a veces, es a fondo perdido. Y no está mal admitirlo.

El filósofo admite sin tapujos que, aunque hay una felicidad inmensa en ver crecer a nuestros hijos, el ejercicio de la maternidad y la paternidad es también una fuente de infelicidad para muchos. «Algunos se arrepienten, pero no lo dicen», confiesa. Es un secreto a voces que, por fin, comienza a salir a la luz, y que nos da una perspectiva mucho más real sobre lo que nos espera.

El error de querer ser amigos de nuestros hijos

Más allá de las dificultades intrínsecas, Torralba pone el foco en otro error muy extendido: la tendencia de los padres a querer ser amigos de sus hijos. Según él, es un planteamiento fallido. La relación paternofilial no es asimétrica, no son dos iguales, sino una relación de responsabilidad que implica corregir, premiar, poner límites y, sobre todo, ser ejemplo.

Esta idea no es nueva, pero ahora resuena con una fuerza especial. En un mundo donde la línea entre amigos y familiares se desdibuja, es fácil caer en la tentación de ser el «mejor amigo» de nuestro hijo. Pero, ¿qué pasa con la disciplina? ¿Qué pasa con los límites que nos protegen de los peligros que ellos aún no ven?

El psicólogo Javier de Haro, en la misma línea, ha reforzado este punto en sus redes sociales. Los padres deben ser referentes y guías, no un amigo más. Entiende el deseo de tener una buena relación y que los hijos confíen en nosotros, pero insiste: hay que poner límites aunque no les guste. Protegemos su salud y felicidad, a menudo, por delante de la nuestra.

La solución: responsabilidad y realismo sin culpas

Lo que nos está diciendo Torralba es definitivo: el ideal de la paternidad debe revisarse con urgencia. Hay que abrazar la realidad completa, con sus luces y sombras, sin culpas ni estigmas. Entender que es un acto de donación que nos llena de felicidad, pero que también puede generar un sufrimiento profundo, es el primer paso para afrontarlo de manera sana.

Dejar de fingir que todo es maravilloso es la solución. Así, podremos prepararnos mejor para las «contrariedades y dificultades» que, como él mismo dice, habrá. Nuestra generación tiene el poder de romper con expectativas irreales y construir una paternidad más auténtica, más conectada con lo que realmente significa cuidar de una nueva vida.

El debate sobre la paternidad y la maternidad ha dejado de ser una conversación privada para convertirse en un diálogo social urgente. No podemos permitir que más personas se sientan solas en su angustia o en sus arrepentimientos. Este es el momento de redefinir qué significa ser padres en el siglo XXI, con todos sus desafíos.

Entender la complejidad de esta experiencia vital, con sus felicidades infinitas y sus sufrimientos ocultos, es ahora más que nunca un conocimiento imprescindible. Después de todo, ¿no es mejor estar preparados para la tormenta, que esperar un día radiante que quizás nunca llegue?

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