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Elena Gallardo, neurocientífica: «La sobrecarga mental es un desgaste importante justo antes del período vacacional»

Llegan las vacaciones, y con ellas, la promesa del descanso absoluto. Pero, ¿somos realmente capaces de desconectar? La verdad es que, para muchas de nosotras, la despedida de la rutina se convierte en una batalla perdida contra nuestra propia mente.

Esta sensación de agotamiento mental antes de apagar el ordenador no es casual. Existe un fenómeno neurobiológico detrás de esta fatiga, un auténtico lastre que nos impide disfrutar de la libertad estival desde el primer minuto. Nuestro cerebro está sobrecargado.

La neurocientífica Elena Gallardo, profesora del Máster de Neuropsicología y Educación de la UNIR, ha sido muy clara al respecto. Ella subraya cómo la sobrecarga mental es un desgaste importantísimo justo antes del período vacacional. ¿Y lo peor? Nosotras mismas somos, a menudo, las principales culpables.

El secreto oculto detrás de tu ruido mental

Nuestra jornada laboral típica es un bombardeo constante: reuniones eternas, correos que no terminan nunca, decisiones urgentes y una multitarea sin fin. A todo esto, súmale la exposición imparable a las redes sociales y tendrás la fórmula perfecta para el desastre mental.

Según Gallardo, esta combinación es la razón principal por la que la mayoría de nosotras llega a las vacaciones con un nivel de agotamiento mental sin precedentes. El cerebro tiene que procesar una cantidad brutal de datos. (Sí, nosotras también alucinamos con nuestra capacidad de resistencia).

Esta sobrecarga tiene una base muy concreta en nuestro cerebro. El tálamo, que funciona como el «peaje» de la información sensorial, simplemente se satura. Cuando esto ocurre, nuestras respuestas dejan de ser eficaces.

La actividad de la amígdala, el área emocional extremadamente sensible al estrés, se incrementa. Esto nos lleva directamente a pensamientos repetitivos, la temida rumiación, y respuestas emocionales impulsivas. El pensamiento racional, sencillamente, pierde fuerza.

Nos cuesta concentrarnos, tomar decisiones con claridad y mantener el enfoque. Esta es la famosa niebla mental, la irritabilidad y la dificultad para pensar con claridad que tantas personas experimentamos justo antes de la desconexión.

El verdadero costo de la hiperconexión

Lo que la neurocientífica llama «ruido mental» nace, en gran medida, del ruido exterior. La multitarea constante, las demandas laborales que nunca cesan y una hiperconexión enfermiza mantienen nuestro cerebro en alerta permanente. Este estado activa sin pausa la respuesta de estrés.

Pero el impacto no se limita al rendimiento cognitivo. Las hormonas del estrés tienen un efecto directo sobre el sistema inmunológico. Si pasamos meses en tensión constante, nuestras defensas se resienten. (No es ningún secreto que muchas nos enfermamos justo al comenzar las vacaciones, ¿verdad?).

La dificultad para desconectar tampoco desaparece con el final de la jornada laboral. Elena Gallardo señala un error decisivo: el cerebro funciona por repetición. Si durante meses le ofrecemos un exceso de actividad, aprenderá que este es su funcionamiento habitual. Seguirá exigiéndolo, incluso cuando intentemos relajarnos. «La abundancia y la repetición generan hábitos», advierte la experta.

La solución definitiva: educar tu cerebro

La neurocientífica insiste en la necesidad imprescindible de educar el cerebro para descansar. Los momentos de desconexión deben ser espacios auténticos libres de ruido externo. Esto significa apartar el móvil, reducir las redes sociales y crear nuevos hábitos.

Nuestro cerebro necesita aprender a cambiar de registro. Para lograrlo, debemos entrenar una habilidad fundamental: la flexibilidad cognitiva. Esto implica pasar de una mente emocional sobreactivada a un estado de mayor conciencia y bienestar. Como cualquier otra capacidad, se puede entrenar con práctica y constancia.

Precisamente por la falta de este entrenamiento, muchas de nosotras necesitamos varios días para comenzar a disfrutar de las vacaciones de verdad. Hemos normalizado la velocidad y la hemos convertido en un hábito cerebral. El cerebro no distingue entre un hábito bueno o malo; simplemente registra lo que hacemos de forma repetida.

Activa tu modo vacaciones: dos trucos infalibles

Para facilitar esta transición hacia el descanso, incluso antes de dejar el trabajo, Elena Gallardo recomienda dos hábitos sencillos y potentes que ayudan a reducir la carga mental:

Primeramente, discrimina tus tareas. Clasifica en tu agenda aquellas que son realmente importantes, exigentes o que te suponen un lastre, de las que no lo son. Si no hacemos este ejercicio, el cerebro las percibe todas iguales, elevando su ruido mental.

Otro punto clave es visualizar las vacaciones. Si ya tienes un plan que te ilusiona, como ir a la playa o hacer un viaje, aporta esta información a tu cerebro de forma consciente. El cerebro no distingue entre lo real y lo ficticio. Así, irá incorporando esta nueva información y la transición será mucho más efectiva.

Tu kit de desconexión total

Además de estos trucos pre-vacacionales, la neurociencia nos ofrece varias recomendaciones eficaces para descansar de verdad:

Desconexión digital radical. Olvida el email del trabajo, las redes sociales y silencia los grupos de WhatsApp que no son necesarios. Es el momento de crear nuevos registros para tu cerebro, más pausados. Tu mente te lo agradecerá.

Elimina las listas de tareas. No las tengas a la vista. Tu cerebro ya tiene suficiente procesando el presente. No lo bombardees con «pendientes».

Opta por planes sencillos. Hacer planes donde simplemente ves pasar el tiempo, sin necesidad de rendir o ser productiva, es una medicina para el alma. Pasear, tomar un helado tranquilamente u observar a la gente son ejemplos perfectos.

Aprovecha las vacaciones para crear hábitos saludables. Exponte a la luz natural caminando, esto aumenta la producción de serotonina y mejora tu sueño. Disfruta de una buena playlist con música que te aporte bienestar.

Finalmente, iniciar una rutina deportiva o de meditación es un impulso vital. Y no olvides buscar espacios de naturaleza; ayudan a reducir la actividad cardiovascular y mejoran tu estado mental. Tu cuerpo y tu mente te necesitan.

Así que ya lo sabes: el verdadero lujo de las vacaciones no es solo el destino, sino tu capacidad de desconectar. Estamos a punto de una oportunidad única para resetear nuestro cerebro. Aprovechémosla, ¿o seguiremos arrastrando el mismo agotamiento hasta septiembre?

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