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La ciencia revela las claves para unas vacaciones realmente saludables: largas, activas y con desconexión mental

¿Volvemos de vacaciones más cansadas de lo que deberíamos estar? Después de meses de trabajo intenso, el cuerpo nos pide a gritos un descanso. Pero, a menudo, nuestras escapadas no nos dejan con esa sensación de renovación total que tanto deseamos. De hecho, la mayoría de nosotros lo hacemos mal.

La ciencia tiene la respuesta definitiva para unas vacaciones que realmente recuperen nuestra energía. No es cuestión de suerte, sino de seguir unos cuantos secretos que los expertos han revelado. Y sí, lo que piensas no es exactamente lo que te salvará del burnout post-vacacional.

Los estudios son claros: las vacaciones más saludables son aquellas que son largas, incluyen actividad y garantizan una desconexión mental real del trabajo. Esta es la fórmula magistral, el truco que debemos aplicar desde ahora mismo para garantizar nuestro bienestar.

La importancia de estos periodos de descanso no es nueva. Ya en 1910, un presidente de los Estados Unidos, William Taft, defendía la necesidad de «dos o tres meses» para mantener la eficacia laboral. Aquellas palabras generaron un debate en el The New York Times sobre la duración ideal. Un siglo después, la ciencia nos da claves más precisas.

Un metaanálisis crucial, publicado por investigadores de la Universidad de Georgia (Estados Unidos) el año pasado, lo sentenció. Las vacaciones producen una mejora significativa en el bienestar. Y, lo más importante, estos efectos positivos, aunque disminuyen al regreso, se mantienen por encima de los niveles pre-vacacionales.

Ignorarlo tiene un coste elevado. El esfuerzo sostenido sin interrupciones puede llevar a una recuperación insuficiente y a una acumulación de estrés. Esto puede derivar en problemas de salud física, como enfermedades cardiovasculares, y mentales, como la depresión o el agotamiento (el temido burnout).

El secreto de la duración perfecta

¿Cuánto tiempo necesitamos para recargar las pilas de verdad? Esta es una de las grandes preguntas. Xavier Montero, del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña, sugiere que 10 días son suficientes para oxigenarse. Él defiende fragmentar las pausas durante el año. Así se evita el «me estoy aburriendo», que puede generar ansiedad por la sensación de «malgastar» el tiempo libre.

Pero Ryan D. Grant, autor del metaanálisis norteamericano, aporta un matiz imprescindible. Su estudio no determina un número exacto de días, pero sí concluye que «las vacaciones más largas proporcionan mayores beneficios para el bienestar». Aunque el regreso al trabajo puede ser más difícil, el rédito es superior. De media, en su estudio, la duración fue de 12 días, pero eso no es lo óptimo.

Adiós al trabajo: la desconexión radical

Un punto en el que todos los expertos coinciden es la necesidad absoluta de desconectar psicológicamente del trabajo. Esto significa: cero correos electrónicos, cero llamadas, cero pensamientos laborales. (Sí, nosotros también tenemos que hacer un esfuerzo brutal).

Arturo Lecumberri, psicólogo clínico de la Clínica Universidad de Navarra (CUN), es contundente: llegamos agotadas a las vacaciones y tenemos que «bajar el ritmo». Si no lo hacemos, la rumiación sobre el trabajo y los problemas del día a día será inevitable. Grant confirma que el distanciamiento psicológico fue particularmente importante en su estudio. Se asoció positivamente con el bienestar, tanto durante como después de las vacaciones.

La investigadora Jessica De Bloom, de la Universidad de Groninger, ya una referente en el estudio del efecto de las vacaciones, dio una lección magistral con su respuesta automática a un correo electrónico. Estaba de vacaciones, tenía acceso a su correo, pero optó por no trabajar. «Las investigaciones demuestran que la desconexión mental es crucial para la salud y el bienestar», dejó escrito. (Una lección de vida, ¿verdad?).

¿Qué trucos podemos aplicar? Grant recomienda activar un mensaje de «fuera de la oficina» y desactivar las notificaciones de correo electrónico en el móvil. Pero no es suficiente. Es imprescindible que nuestros compañeros de trabajo respeten este descanso y no se comuniquen con nosotros. Debemos establecer esta cultura.

Movimiento y nuevas rutinas: activa tu recuperación

Lo que hacemos durante las vacaciones también es clave. El estudio de 2021 que citaba De Bloom destacaba que, para aprovechar al máximo el descanso, debemos abstenernos de trabajar y participar en actividades que fomenten la relajación y el placer. La actividad física, por ejemplo, mostró una relación más fuerte con el bienestar. Las actividades sociales también suman.

Lecumberri sugiere establecer rutinas, incluso en vacaciones. Un buen hábito de sueño, mejorar la alimentación. Es el momento perfecto para cuidar las relaciones sociales que hemos dejado de lado. Hacer ejercicio, tener una vida activa y reducir la carga estimulante. ¿Cómo? Reduciendo el uso de tecnología y sumergiéndonos en un libro. (Nuestro cerebro nos lo agradecerá muchísimo).

Aún hay incógnitas. No está claro si es mejor pasar las vacaciones en casa, viajar o hacer un modelo mixto. Viajar puede aumentar la creatividad y facilitar la desconexión, pero también puede ser estresante. Lo que sí sabemos es que nuestra salud emocional es prioritaria.

El regreso al mundo real: una transición suave

Muchas de nosotras hemos sentido esta fatiga emocional, o agotamiento, que aflora cuando las exigencias diarias disminuyen. Después de un curso intenso con estresores acumulados, pueden aparecer síntomas de apatía o irritabilidad que antes estaban ocultos. Por eso, la planificación es imprescindible.

Montero enfatiza la importancia de la planificación para hacer un tránsito progresivo, tanto a la entrada como a la salida de las vacaciones. Lecumberri coincide: nuestro sistema emocional tiende a la homeostasis y le cuesta hacer cambios. Por tanto, siempre mejor progresivo que de golpe. Grant sugiere dejar un margen de uno o dos días entre el regreso de las vacaciones y el retorno al trabajo. Esto ayuda a evitar la drástica disminución del bienestar asociada a una reincorporación laboral inmediata.

Aplicar estos conocimientos no es una opción, es un imperativo si queremos que nuestras vacaciones sean realmente saludables y reparadoras. Estamos ante la solución definitiva para optimizar nuestro tiempo de descanso. ¿Por qué seguir perdiendo el tiempo con vacaciones que nos agotan más?

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