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El mayor recinto fortificado marítimo de Asturias: un parque arqueológico con origen en los siglos VI-V a.C.

Imagina un rincón de Asturias donde el tiempo se detiene. Un lugar donde la brisa del Cantábrico te susurra secretos de hace milenios. Pero, ¿qué pasaría si te dijera que este lugar es mucho más de lo que parece, una auténtica cápsula del tiempo que podrías estar perdiéndote?

Hay un recinto fortificado que no solo reescribe la historia de la costa asturiana, sino que se presenta como una experiencia totalmente adictiva para tu cerebro. Es uno de esos tesoros ocultos que, una vez descubierto, no querrás olvidar. (Y sí, nosotros también alucinamos con su alcance).

Hablamos del Parque Arqueológico-Natural de la Campa Torres. Se encuentra en Gijón y es el castro marítimo más grande de toda Asturias. Estamos hablando de 50.000 metros cuadrados de historia viva, un auténtico balcón al Cantábrico que domina la bahía y el puerto de El Musel con una vista que te dejará sin aliento.

Sus orígenes son tan antiguos que casi parecen leyenda. Este asentamiento fortificado nació entre los siglos V y IV a.C.. ¿Sus primeros habitantes? Una tribu de la Edad del Hierro conocida como los cilúrnigos. Eran maestros de la metalurgia, especializados en la fundición de bronce. Su actividad comercial era tan intensa que se han encontrado objetos del sur peninsular, prueba de un intercambio cultural impresionante a larga distancia.

Pero la historia, como siempre, es dinámica. La llegada del Imperio Romano en el siglo I d.C. transformó el lugar completamente. Se convirtió en el famoso oppidum Noega, un punto estratégico. Se introdujeron nuevas tipologías constructivas y materiales romanos, mostrando un avance urbano notable. (Nosotros creemos que este es el gran secreto de su resiliencia).

La puerta a un pasado olvidado en Gijón

Este esplendor, sin embargo, fue el preludio de su declive. La fundación de la ciudad romana de Gegionem, en lo que hoy es Cimavilla, inició un proceso de despoblación en el siglo II. La Campa Torres fue gradualmente abandonada, perdiéndose en el olvido físico. Pero el destino tenía otros planes para este lugar imprescindible.

El interés por desenterrar los secretos de este cabo renació en el siglo XVIII, gracias al ilustre político Gaspar Melchor de Jovellanos. Él encargó al reconocido arquitecto Manuel Reguera González las primeras excavaciones. Buscaban el origen de una lápida romana dedicada al emperador Augusto. Después de estas primeras investigaciones, el yacimiento volvió a caer en un sueño profundo.

No fue hasta 1972 que el investigador José Manuel González lo catalogó oficialmente como recinto castrense. Fue la solución definitiva que abrió el camino a campañas de excavación sistemáticas y científicas. Estas se desarrollaron sin interrupción entre 1982 y 1996. Revelaron la magnitud real de este lugar viral.

El secreto de los cilúrnigos y la huella romana

Hoy, los visitantes pueden distinguir dos sectores muy claros. En la zona más elevada, la más vulnerable por tierra, encontramos las imponentes obras de defensa: un foso tallado en roca, un contrafoso y una gran muralla modular. Esta es la parte que nos recuerda la dureza de la vida en aquellos tiempos. (Nosotros pensamos que es una lección de resiliencia).

En la ladera inferior, en cambio, se distribuyen los restos de habitación. Aquí contrasta la simplicidad de las antiguas cabañas prerromanas de planta circular con las viviendas romanas de estructura rectangular. También se conservan pozos de agua revestidos de mampostería y hornos de fundición de bronce bajo las casas. Este es el núcleo vital del asentamiento, el corazón de la tribu.

El parque, inaugurado oficialmente en 1995, se presenta como un auténtico oasis verde. Resiste con valentía en un entorno muy industrializado. El recorrido recomendado comienza en el edificio moderno de recepción, donde se ofrece una introducción didáctica a la arqueología de la zona. Desde allí, un itinerario arqueológico autoguiado te lleva por trece puntos de observación estratégicos. Estos paneles no solo identifican los elementos clave del yacimiento, sino que aportan datos fascinantes sobre la flora del cabo costero.

El parque que revive la historia

Uno de los grandes atractivos es el singular museo del parque. ¿Sabes dónde se encuentra? En un antiguo búnker de artillería de costa, construido durante la Guerra Civil española. Este aprovechamiento creativo es un truco que funciona. La colección permanente hace un viaje detallado por la historia del poblado, desde sus inicios hasta la época romana. Se exponen valiosos restos materiales, maquetas explicativas, recursos interactivos y vídeos ilustrativos. Dispone también de talleres didácticos y salas para conferencias científicas. (Es una solución brillante para un espacio con tanta carga histórica).

El circuito histórico culmina de manera idílica en el Faro de Cabo Torres, construido en 1923. Alberga una exposición permanente sobre la historia del edificio portuario, el cabo y su fondeadero. En la planta superior se encuentra la prestigiosa Biblioteca y Centro de Documentación Manuel Fernández-Miranda. Esta es una validación definitiva de la importancia del lugar.

Gestionado por el Ayuntamiento de Gijón, el acceso a este recinto municipal es totalmente gratuito. Abre de martes a domingo. Es una oportunidad que no puedes dejar escapar para descubrir la identidad y la historia asturiana. Imagina el rumor de las olas del mar mientras baten con fuerza en este imponente acantilado. Cada visita es una experiencia inmersiva. (No hay ningún error en dedicarle tu tiempo).

Así que, la próxima vez que pienses en viajes, recuerda este rincón. ¿Cuántos más secretos esconde nuestro litoral que estamos a punto de descubrir?

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