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Después de 26 años en la NASA, el exingeniero Alejandro Rivera: «La vida extraterrestre existe, estoy seguro»

Durante más de 25 años, Alejandro Rivera fue parte de la élite que movió los hilos de la NASA. Un ingeniero aeroespacial que contribuyó a proyectos tan mastodónticos como el Telescopio Espacial James Webb. Ahora, su voz resuena con una convicción que rompe esquemas: la vida extraterrestre existe y, según él, es solo cuestión de tiempo que nos enfrentemos a esta revelación definitiva.

Pero, si un experto con un currículum tan abrumador está tan seguro, ¿por qué no hemos encontrado aún ni rastro de otras civilizaciones? La respuesta a esta pregunta, que ha atormentado a científicos y aficionados durante décadas, podría ser mucho más sencilla –y frustrante– de lo que imaginamos.

Rivera, con la sabiduría que le dan años entre estrellas y fórmulas complejas, aborda directamente la célebre paradoja de Fermi. Su análisis es doble, y ambas razones son igualmente abrumadoras. Por un lado, el espacio mismo es una barrera casi insuperable: millones de años luz separan mundos potencialmente habitados, y nuestra capacidad de viaje espacial está aún «en la edad de piedra», dice. (Sí, nosotros también sentimos un escalofrío).

La vida existe en otros planetas; el problema es el encuentro. Las civilizaciones tienen un comienzo y un fin, y cuanto más avanzada es una tecnológicamente, más capacidad tiene de provocar su propia extinción. Pero tarde o temprano coincidiremos encendidos. De eso no tengo duda.

Por otro lado, está el factor tiempo, la pieza más esquiva de la ecuación de Drake. Las civilizaciones no son eternas; nacen y mueren. Podría ser que, cuando una florece en su esplendor, la otra apenas empieza, o ya se ha extinguido. Rivera lo visualiza como dos luces separadas por años luz: una se enciende justo cuando la otra se apaga. Pero su convicción inquebrantable es que, finalmente, esas luces coincidirán.

Este encuentro, cuando llegue, podría transformarlo todo. Si se tratara de microbios en un satélite helado o en Marte, sería la revolución científica más grande de la historia (y nuestro mundo, curiosamente, podría seguir su ritmo al día siguiente). Pero si fuera vida inteligente, el cambio sería «más profundo y, creo, más hermoso». Por primera vez, nos veríamos como lo que somos: una sola especie en un planeta diminuto.

La nuestra próxima frontera: Marte y sus secretos ocultos

Hablemos de Marte. Este planeta rojo, tan cerca y tan lejano a la vez, es nuestra próxima gran obsesión. Rivera no se muerde la lengua sobre los desafíos monumentales que implica colonizarlo. La radiación, por ejemplo, fuera de la protección magnética terrestre, es un error potencialmente mortal para cualquier tripulación durante un viaje de dos o tres años. A esto se suma el aterrizaje, un verdadero truco de ingeniería donde la atmósfera marciana es demasiado densa para no quemarte, pero demasiado fina para frenarte correctamente.

¿Y qué me dicen del soporte vital? Reciclar aire, agua y alimentos durante años sin reabastecimiento es una tarea que exige una solución casi perfecta. La comunicación, con retrasos de hasta veinte minutos, hace que la tripulación deba ser autosuficiente para resolver cualquier emergencia. La NASA, inteligentemente, utiliza la Luna y el programa Artemis como campo de pruebas definitivo para todos estos escollos. ¿Podremos colonizar? Rivera es honesto: veremos humanos en Marte en las próximas décadas, pero la colonización es una palabra mayor. (Un gran secreto para las generaciones futuras).

El papel clave de la curiosidad: el mejor truco para el futuro

¿Cómo inspirar a los jóvenes en la era de las pantallas? Rivera tiene una solución brillante: no luchar contra las redes sociales, sino utilizarlas. Cuando el James Webb publicó sus primeras imágenes, se hicieron virales gracias a ellas. Millones de jóvenes vieron el universo en la palma de la mano. Después, el truco es sacarlos de la pantalla: acercarles un telescopio, hacerles mirar el cielo en una noche clara. Nada iguala la sensación de ver Saturno con sus anillos por primera vez con tus propios ojos.

La curiosidad es un regalo de serie en los niños, no hace falta instalarla, solo no dejar que se apague. El conocimiento funciona como un interés compuesto: cuanto más sabes, más rinde cada cosa nueva que aprendes. Rivera subraya que debemos desterrar la idea de que el espacio es solo para unos pocos elegidos. Lo verdaderamente difícil en la vida no es intentarlo; difícil es cargar con el no haberlo intentado nunca. (Una verdad imprescindible que todos deberíamos recordar).

La curiosidad es un regalo de serie en los niños, no hace falta instalarla; solo no dejar que se apague. Y no hablo solo de ciencia: también de historia, de economía, de las artes. El conocimiento funciona como el interés compuesto.

¿Quiénes son los héroes anónimos del espacio?

Para seguir una carrera similar a la de Rivera, los caminos clásicos incluyen la ingeniería aeroespacial y mecánica, la física y las matemáticas. Pero la verdad oculta es que una misión espacial necesita de todo: programadores, ingenieros electrónicos, expertos en materiales, robótica, óptica, comunicaciones, propulsión, y también médicos, geólogos, biólogos. El James Webb, por ejemplo, contó con miles de profesionales de decenas de disciplinas. Su consejo es claro: una base sólida en matemáticas y física, y después, seguir la pasión. «Al espacio se llega desde muchas puertas».

Rivera también pone de manifiesto a los verdaderos héroes, aquellos que no salen en la foto. Los técnicos de sala limpia, los ingenieros de pruebas que pasan noches en cámaras de vacío, los operadores que vigilan la telemetría a las tres de la mañana. La misma Nancy Grace Roman trabajó décadas en el anonimato casi total, y hoy un telescopio lleva su nombre. Detrás de cada imagen gloriosa del Webb hay miles de nombres que nunca conoceremos, y todos son imprescindibles.

Inspiración y fracaso: claves para el futuro de la exploración

Para los jóvenes ingenieros, Rivera tiene un mensaje claro: que no se intimiden. La pasión, el esfuerzo diario, una actitud positiva y la simple curiosidad son igual de importantes que el talento, si no más. Lo resume con una cita atribuida a Picasso: «la inspiración existe, pero debe encontrarte trabajando». Y un segundo consejo, menos común, pero definitivo: aprendan a fracasar bien. Los éxitos importantes siempre vienen precedidos por intentos fallidos, y es en la adversidad donde realmente se crece. Rivera confiesa haber fracasado muchas veces, y cada éxito se construyó sobre esos fracasos.

Finalmente, el turismo espacial. Ahora es caro y exclusivo, pero Rivera lo compara con la aviación de los años veinte: comenzó igual y terminó siendo de todos. Para la NASA, es una buena noticia: cuanto más asuma el sector privado la logística de la órbita baja, más recursos podrá dedicar la agencia a la Luna, Marte y los grandes telescopios. Pero hay un beneficio menos evidente y más valioso: casi todos los que ven la Tierra desde arriba regresan cambiados. La ven pequeña, frágil, sin fronteras. Cuantas más personas vivan esta experiencia, más embajadores tendrá nuestro planeta. (Un secreto para un futuro más conectado y consciente).

Así que la próxima vez que miren el cielo estrellado, recuerden las palabras de Alejandro Rivera: la vida, muy probablemente, nos está esperando. La pregunta no es si existe, sino cuándo estaremos preparados para el encuentro. ¿Estamos listos para este paso definitivo para la humanidad?

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