Estamos inmersos en la era de la proteína. Vamos al supermercado y lo vemos por todas partes: yogures, batidos, galletas, cereales… incluso agua enriquecida. Parece que si no tiene la etiqueta de «high protein», ya no vale la pena. Pero, ¿qué pasaría si todo este culto fuera, en realidad, un error monumental que está afectando nuestra salud y nuestro bolsillo? ¿Preparado para la verdad?
La respuesta viene de la mano de un nombre que todos conocemos, especialmente si hablamos de fútbol. Su nutricionista, el hombre que ha guiado a estrellas como Leo Messi, Luis Suárez o el mismo Ibai Llanos, rompe el silencio y destapa un secreto a voces sobre este nutriente estrella. Y no, no es lo que piensas.
Se trata de Ismael Galancho, un dietista especializado en nutrición deportiva, que acaba de lanzar su nuevo libro ‘Alto en proteína’ (Grijalbo). Galancho es claro y contundente: «Es un error creer que cuanto más proteína comemos, mejor». (Sí, nosotros también nos quedamos de piedra). Para él, la proteína es una herramienta, no una obsesión, y la mayoría ya consume más que suficiente sin saberlo.
La «fiebre proteica» no es solo una moda pasajera para los que van al gimnasio. Se ha infiltrado en nuestro día a día, alterando nuestra percepción de lo que es una alimentación saludable. Galancho utiliza una analogía brillante para explicarlo: imagina un cubo de agua. Una vez lleno, por mucho que le agregues más, el agua se desbordará y se perderá. Con la proteína pasa exactamente lo mismo: llegar a la cantidad necesaria es clave, pero añadir más no tiene ningún beneficio adicional, solo desperdicias.
Esta idea errónea nos lleva a creer que los productos con más proteína son automáticamente más sanos, ayudan a adelgazar o a ganar masa muscular por arte de magia. Nada más lejos de la realidad. La proteína es un nutriente indispensable para todos, no solo para los culturistas. Sin una ingesta adecuada, nuestro sistema inmune sufre, nuestra piel se resiente e incluso se nos puede caer el cabello. Pero «adecuada» no significa «excesiva».
La verdad oculta: ¿quién realmente necesita más proteína?
No, la respuesta no es «todo el mundo que respira». Galancho lo tiene muy claro: el aumento de ingesta de proteínas es interesante para deportistas o personas que buscan ganar masa muscular o perder grasa. También es beneficioso en etapas específicas como el crecimiento en niños, en la gente mayor, durante el embarazo, la lactancia y la menopausia. Fuera de estos contextos, la mayoría de nosotros ya alcanza la cantidad necesaria con una dieta equilibrada. Y no, triplicar o cuadruplicar la ingesta no tiene sentido ni beneficio extra. Es un error que puede tener sus consecuencias.
De hecho, concentrarnos excesivamente en la proteína puede ser contraproducente. Uno de los errores más grandes es que el consumo desmesurado de proteínas a menudo desplaza otros nutrientes esenciales. Pensemos en la fibra, por ejemplo, que es tanto o más importante que la proteína para la pérdida de grasa y la salud intestinal. Si nuestra dieta se basa solo en «más proteína, más proteína», estamos dejando de lado componentes cruciales que nuestro cuerpo necesita desesperadamente.
Mi alerta: No todo es proteína. La industria alimentaria nos engaña con el ‘protein washing’, haciéndonos pagar más por productos que no siempre son saludables.
¿Y qué pasa con la famosa dicotomía entre proteína vegetal y animal? Galancho nos lo desmonta rápidamente. La proteína es la misma, lo que cambia es el resto de nutrientes. El origen animal suele aportar más grasa, mientras que la vegetal es rica en fibra, antioxidantes y antiinflamatorios. No se trata de elegir una u otra, sino de incorporar una variedad inteligente a nuestra dieta: productos de soja, pollo, pavo, pescado blanco o azul, y lácteos desnatados o fermentados como el kéfir o el yogur.
Los trucos ocultos de la industria y el «protein washing»
Aquí es donde la ingeniería de la atención de las grandes marcas juega un papel fundamental (y peligroso). Ismael Galancho advierte sobre lo que él llama «protein washing«. La industria alimentaria, detectando nuestra obsesión por la proteína, ha convertido este nutriente en un sello de marketing. Añadiendo proteína a casi cualquier producto, desde dulces hasta batidos, nos hacen creer que son más saludables. Pero atención: muchos de estos productos «altos en proteína» son en realidad auténticas porquerías, llenas de azúcares, grasas trans y otros ingredientes que no nos aportan nada bueno.
Además, estos productos suelen ser significativamente más caros. Pagamos un 50% o incluso un 100% más por un par de gramos extra de proteína que, en muchos casos, ni siquiera necesitamos. Estamos siendo estafados. Debemos vigilar el etiquetado, no solo la cantidad que se destaca en un gran rótulo. Fíjate en la cantidad por 100 gramos o por ración, y evalúa si el beneficio real justifica el precio extra y los ingredientes ocultos.
Los errores continúan en la mesa, especialmente con las cenas y desayunos. Es un error pensar que por la noche la proteína no importa o que hay que comer solo un «plato verde». Galancho asegura que es muy interesante incluir proteína en la cena, ya que nos mantiene saciados durante las horas de ayuno nocturno y ayuda a la recuperación del cuerpo. ¿Y en el desayuno? A menudo nos quedamos cortos, con un pequeño trozo de jamón que no es suficiente para empezar el día con la energía necesaria. Incluso en el mundo del fitness, la idea de necesitar proteína en cada comida es un mito que se debe desterrar.
La Solución Definitiva: Deja de Engañarte
Para una alimentación saludable e inteligente, debemos alejarnos de los extremos. Reduce las carnes procesadas (embutidos, mortadela, salchichas) y modera el consumo de carne roja. La clave es la variedad y la calidad. Prioriza proteínas de verdad, ya sean vegetales o animales, y huye de los productos ultraprocesados que te venden una falacia de salud a precio de oro. No te dejes engañar por el marketing agresivo que intenta capitalizar tu preocupación por la salud. El control de tu dieta está en tus manos, no en las de la industria.
El tiempo se agota para reeducarnos y dejar de caer en estas trampas alimentarias. Las administraciones han mejorado, sí, pero aún hay estrategias de marketing que, sin ser ilegales, llevan a confusión. No esperes que la ley te salve. Ahora es el momento de ser conscientes y exigentes con lo que ponemos en nuestro plato. Nuestra salud y nuestro ahorro lo agradecerán. Tienes toda la información a la mano para tomar la mejor decisión. ¿A qué esperas para aplicarla?
