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José Hernández Poveda, neurocirujano y experto en longevidad: «El músculo es el escudo clave para proteger el cerebro»

El deterioro cognitivo no es un proceso que irrumpa de la noche a la mañana en nuestra vida. Detrás de aquellos primeros despistes sutiles o del gradual desvanecimiento de los recuerdos, se esconde un silencioso proceso que puede haberse estado gestando durante más de dos décadas dentro de nuestro cráneo. La medicina tradicional a menudo reacciona cuando los síntomas ya son claros, pero la ciencia de la longevidad nos propone un cambio radical, un secreto a considerar: tomar las riendas de nuestra propia biología mucho antes de que suenen las primeras alarmas.

Y aquí viene el verdadero giro, el truco que puede cambiarlo todo: ¿Qué pasaría si te dijéramos que un tejido que asociamos solo al movimiento es, en realidad, el escudo más potente para tu cerebro?

Esta es la visión revolucionaria del doctor José Hernández Poveda, un neurocirujano apasionado por la salud cerebral. En su libro ‘Envejecer es opcional’, el doctor Hernández Poveda nos traza una hoja de ruta para entender cómo nuestros hábitos diarios condicionan directamente el ritmo al cual envejece nuestro organismo. Nos advierte que lo que él llama «el ladrón de recuerdos», el Alzheimer, se puede prevenir mucho antes de lo que creemos.

La conexión inesperada: cerebro, energía y un “tipo 3”

Sabemos que este proceso de pérdida de memoria comienza muchos años antes de que nos demos cuenta. De hecho, cuando una persona comienza a olvidar cosas, su cerebro ya puede llevar décadas acumulando cambios biológicos que ahora la ciencia nos permite identificar y, lo más importante, combatir. (Sí, es alarmante, lo sabemos, pero también es una oportunidad).

Una de las revelaciones más virales de la investigación actual sobre la demencia se encuentra en la conexión íntima entre la gestión de la energía y la misma supervivencia de nuestras neuronas. El sistema nervioso central es un consumidor voraz de recursos, casi insaciable. Cualquier alteración en su suministro energético puede desencadenar consecuencias nefastas para nuestro preciado tejido cerebral a largo plazo.

Cada vez hay más evidencia de que la resistencia a la insulina juega un papel muy importante en este proceso. El cerebro consume una enorme cantidad de energía y depende de una utilización eficiente de la glucosa. Cuando las neuronas comienzan a responder peor a la insulina, su metabolismo se deteriora y aumenta la vulnerabilidad frente a la acumulación de proteínas tóxicas y la neurodegeneración. Por eso algunos investigadores han llamado al Alzheimer diabetes tipo 3, aunque no sea un término diagnóstico oficial.

Esta frase del doctor nos abre los ojos. Nuestro cerebro necesita glucosa para funcionar, pero si nuestras células se vuelven «sordas» a la insulina (la resistencia a la insulina que se ve en la diabetes), el cerebro no puede utilizar esta energía de manera efectiva. Es como tener un depósito lleno de combustible, pero un motor que no lo aprovecha. Y es aquí donde entra en juego el protagonista inesperado que nos puede salvar.

Nuestro músculo: el escudo definitivo para la memoria

Normalmente, pensamos en el músculo solo como un tejido para movernos, para levantar pesos o para caminar. Pero el doctor Hernández Poveda nos revela que en realidad es uno de los órganos más imprescindibles para nuestra salud metabólica general, y por extensión, para nuestra salud cerebral. Es un error común subestimar su poder.

Una buena masa muscular no solo te da fuerza. La ciencia es clara: mejora la sensibilidad a la insulina en todo el cuerpo, lo cual ayuda al cerebro a obtener la energía que necesita. Además, reduce la inflamación crónica, un enemigo silencioso que daña nuestras neuronas con el tiempo. Y, atención, libera mioquinas, unas moléculas con efectos protectores directos sobre el cerebro. (¡Sí, tus músculos hablan con tu cerebro!).

En otras palabras, cada sesión de entrenamiento de fuerza no solo fortalece tus bíceps o cuádriceps. Estás haciendo una inversión estratégica en la salud cerebral de las próximas décadas. Tu cuerpo, con una buena masa muscular, se convierte en una auténtica farmacia interna que protege tu órgano más vital.

La oportunidad de la prevención: la arquitectura del futuro

Esta visión proactiva de la salud exige abandonar la vieja idea de que la vejez implica resignación ante la pérdida de facultades. La evidencia médica subraya que la masa muscular actúa como un verdadero seguro de vida endocrino, capaz de amortiguar el impacto de la inflamación sistémica y promover la neuroplasticidad a lo largo del tiempo. (Es decir, la capacidad de tu cerebro de crear nuevas conexiones y adaptarse).

Las decisiones cotidianas sobre actividad física, nutrición inteligente y un buen descanso no son pequeñas cosas; determinan la solidez de la arquitectura cerebral que tendremos cuando seamos adultos. El diagnóstico de una enfermedad no debe ser nunca nuestro punto de partida para cuidar la mente. La estrategia de protección debe comenzar mucho antes, en la juventud y la mediana edad, para construir una base sólida.

La solución es más sencilla de lo que pensamos, pero requiere constancia. El doctor Hernández Poveda es contundente con una verdad que nos interpela directamente:

Por eso insisto tanto en que nunca es demasiado pronto para empezar a prevenir el Alzheimer. La memoria del futuro se construye con los hábitos del presente.

Es un mensaje claro, un ciclo virtuoso: lo que hacemos hoy impactará en nuestro yo del mañana. La prevención no es un lujo, es una estrategia imprescindible. Entender esta conexión entre nuestro músculo y nuestro cerebro es una de esas informaciones que pueden cambiarlo todo, ¿o no?

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