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Álvaro Puche, entrenador: «El pilates ayuda a la mujer de más de 65 años sin hábito: es fuerza, movilidad y control»

Aquella pequeña vacilación al bajar un bordillo. O esa sutil rigidez al atarse los zapatos. No son solo el paso del tiempo. Son señales de alarma que tu cuerpo te envía.

Ignorarlas puede salirte muy caro. Pero hay una solución definitiva que muchas mujeres ya han descubierto. Un secreto que te dará la libertad y la autonomía que necesitas para vivir sin miedo.

El método que cambia el juego después de los 65

El entrenador Álvaro Puche lo tiene claro. Él es autor de «Entrenamiento de fuerza para personas mayores» y su sentencia es contundente. El pilates, dice, es la clave.

Siempre he dicho que si a los 50 puedes mantener los talones arriba durante 30 segundos y a los 60 durante 25, hay fuerza y estabilidad suficiente. Pero si notas que abrir un tarro se hace difícil, es un aviso.

Puche asegura que «a una mujer de más de 65 años que no tiene hábito de entrenamiento, el pilates le ayudará un montón a ganar control motor, movilidad y, también, fuerza. Porque el pilates, al fin y al cabo, es fuerza». (Sí, nosotros también alucinamos con esta afirmación). No hablamos solo de estirar.

Dejemos de lado la idea de las mancuernas tradicionales, que a menudo se centran en acortar el músculo para ganar volumen. El pilates, en cambio, trabaja de otra manera. Esta disciplina fortalece el cuerpo desde la resistencia interna y el control biomecánico más profundo.

Utiliza el peso corporal y un sistema de muelles para alargar el músculo mientras lo somete a tensión. Es lo que los expertos llaman contracción excéntrica, una técnica que logra una musculatura alargada, flexible y sorprendentemente resistente.

Activa tu GPS interno: la propiocepción

El pilates es mucho más que referencias posturales. Despierta la ingeniería neurológica que sustenta nuestra estabilidad, un combo perfecto de equilibrio y fuerza. Puche nos invita a verlo como un engranaje complejo vinculado a dos áreas de control fundamentales.

En primer lugar, el sistema vestibular. Este sistema cerebral es nuestro GPS interno. Toma referencias espaciotemporales de la posición de cada segmento de nuestro cuerpo en el espacio. Es decir, la información que nuestro sistema nervioso central tiene de cada parte de nuestro cuerpo.

Para tener un buen equilibrio, este sistema debe estar afinado. Debemos tener una conciencia nítida de qué posición ocupan nuestras «palancas» corporales. Y aquí el pilates es un truco infalible. Desarrolla una tremenda conciencia corporal.

Los movimientos son pausados, coordinados, casi arquitectónicos. «En pilates se hacen ejercicios donde se desarrolla la conciencia de dónde está situada cada parte de tu cuerpo», explica el entrenador. «Sabes exactamente cómo estás situada. Desarrolla muy bien la propiocepción«.

Sin fuerza, el GPS se desorienta

Ahora bien, un mapa mental perfecto de nuestro cuerpo no sirve de nada si el envoltorio no acompaña. Si no hay fuerza, la teoría se desvanece. Literalmente. «No podemos conseguir tener estabilidad si no tenemos una buena capacidad de fuerza», advierte Puche. «Sin fuerza, el sistema vestibular se queda sin capacidad para reaccionar».

Imagina intentar mantenerte sobre un solo pie. Tu sistema vestibular trabaja para mantener caderas, hombros y rodillas alineados. La propiocepción es buena porque tienes un buen esquema corporal. Pero si no tienes músculo, no podrás mantenerte así por mucho tiempo.

Aparece el temblor, la pérdida del eje y, finalmente, el apoyo forzoso del segundo pie. La prueba definitiva de que no basta con conocer tu cuerpo. Necesitas músculo que lo sostenga. «Si mi nivel de fuerza es bajo, no puedo mantener la estabilidad articular que requiere estar en equilibrio», explica el experto.

Necesitamos estabilidad en el pie, el tobillo, la rodilla, la cadera y la columna lumbar. Si nuestros músculos no son lo suficientemente fuertes y competentes para sostener todas estas articulaciones, por muy bien que funcione nuestro cerebro, probablemente no aguantaremos ni cinco segundos.

Tu «corsé biológico» personal

Al obligar al cuerpo a sostener posturas desafiantes contra la gravedad, el pilates no solo activa los grandes grupos musculares superficiales. Despierta el core profundo: el transverso del abdomen, el suelo pélvico y los estabilizadores de la columna. Esto crea un auténtico corsé biológico que blinda las articulaciones y sostiene el esqueleto.

Es tu armadura interna contra el deterioro. Un escudo protector que nos previene de caídas que, injustamente, se tipifican como «normales» en la tercera edad. Porque, como dice Álvaro Puche: «No hay persona fuerte que no tenga un buen equilibrio, y no hay persona débil que tenga un buen equilibrio».

Mi secreto: el movimiento no es un castigo para el cuerpo que fuimos, sino una celebración —y un seguro de vida— para el cuerpo que somos hoy.

Comenzar a practicar pilates, aunque sea una sola vez por semana, va mucho más allá de aprender a respirar o de estirar la espalda. Significa, en el sentido más literal, blindar la estructura que nos sostiene y evitar que el mapa de nuestro cuerpo se desdibuje con los años.

La oportunidad que no puedes dejar escapar

Es normal sentir un poco de vértigo. Romper con la inactividad resulta complejo, sí, porque nos obliga a abandonar la zona de confort. Pero la recompensa no se mide en agujetas. Se mide en libertad y autonomía.

Con cada sesión de pilates, la resistencia y el control contra la gravedad devuelven a las articulaciones la firmeza perdida. Despierta tu «corsé biológico» profundo que te protege de los tropiezos y las caídas que podrían cambiar tu vida.

¿No te interesa un seguro de vida para transitar el mundo con la certeza de quien pisa firme y vuelve a ser propietaria absoluta de cada uno de sus pasos? Sería absurdo no probarlo.

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