La plaza de Cataluña amanecía este miércoles con una escena que no se veía desde hacía quince años. Como ya se hizo en 2011 bajo el movimiento del 15-M, cerca de 150 personas volvieron a plantar tiendas de campaña el martes por la noche en el mismo centro de este punto céntrico de la capital catalana para demandar medidas reales que garanticen el derecho a la vivienda. Lo hicieron de manera prácticamente espontánea, sin seguir las directrices de ningún sindicato o agrupación, y como respuesta a la gran movilización que el lunes cortó la avenida Diagonal durante cerca de cuatro horas. «Hacía días que en Madrid ya estaban acampados y llegábamos tarde. Barcelona no podía quedarse atrás«, explica Arteko, activista veterano del Sindicato de Vivienda del Raval y uno de los portavoces del colectivo. El éxito de la convocatoria sorprendió a los mismos implicados y este mediodía aún estaban intentando organizar a los inquilinos de las cerca de un centenar de tiendas que llenan la parte central de la plaza.

Una de las personas que acudió este martes por la noche al llamado fue Sofía. Esta joven de 25 años participó en la concentración del lunes, donde conoció a muchos de los compañeros con quienes ha pasado esta primera noche al raso. «Iba preguntando a todos si aquí se haría o no… Todo esto me afecta directamente y creo que acampar es la única manera real de presionar, incomodar y dar visibilidad al problema«, señala, asomando la cabeza desde la tienda que comparte con dos personas más. Considera que los dos decretos que el gobierno español llevará al Congreso de los Diputados el viernes son «papel mojado» y solo un «remiendo» que no va a la raíz del problema. Por todo esto, tiene claro que la acampada continuará independientemente de la aprobación o no de las medidas. «Tendremos que esperar a tener el texto concreto para decidir, pero ya sabemos que lo que se apruebe no será suficiente», lamenta.

Al otro lado del campamento, tres jóvenes conversaban este miércoles al mediodía mientras observaban la fuerte expectación mediática despertada por la acampada. «Decidimos unirnos porque no podemos independizarnos y la vivienda es, cada vez más, un negocio«, decía Marta. «Una habitación en los barrios de Sant Roc (Badalona) o la Mina (Sant Adrià de Besòs) ya te cuesta más de 330 euros«, incidía Jonathan. «También queremos reivindicar que el problema es la especulación y no la inmigración», añadía Marina. Los tres amigos creen que Barcelona hace días que debería haber seguido el ejemplo de la Puerta del Sol de Madrid y subrayan que el acceso a la vivienda es un problema que afecta a la mayoría de la población. «Muchos vivimos con los padres o trabajamos solo para poder pagar el alquiler de una habitación porque el de un piso es imposible«, concluían. Sobre la aprobación de los decretos y una posible disolución del campamento, los jóvenes lo tienen claro: «Son medidas disuasorias y, la más ambiciosa (la de los contratos indefinidos), ni siquiera saldrá adelante […] Por el momento, la acampada es indefinida«.

En todo caso, el efecto llamada ya ha tenido efecto y varias personas se han sumado a la movilización barcelonesa en las últimas horas. Es el caso de Malena, una joven de 26 años que a primera hora de la tarde de este miércoles se plantaba en la plaza de Cataluña con su mochila a la espalda. «Ayer ya vine a las charlas. He ido a buscar cosas y aquí estoy […] Toca moverse, tanto que se llenan la boca diciendo que somos la generación de cristal», aseguraba. Ella trabaja en la capital catalana y desde hace unos meses vive temporalmente en casa de su hermano porque no encuentra una alternativa que pueda pagar. «Los precios de las habitaciones continúan desorbitados. Amo la ciudad y quiero ganarme la vida aquí, pero a veces es insostenible. Tenemos derecho a habitarla», remarcaba.

Conversaciones con sindicatos y más movilizaciones
Ninguno de los grandes sindicatos de vivienda catalanes ha decidido por ahora unirse a la acampada. Ha habido conversaciones con algunas agrupaciones, pero no se ha llegado a ningún acuerdo. «Hablamos con ellos para que se unieran incluso antes de plantarnos. Ha venido gente de diferentes sindicatos a título personal, pero por el momento no han querido», explica Arteko. Aun así, en las últimas horas ha habido acercamientos con entidades como el Sindicato de Inquilinas. «¿Sabéis qué ha cambiado? Que esta acampada ha triunfado. No nos para ni la lluvia«, afirmaba el portavoz dirigiéndose al resto de concentrados durante una de las asambleas celebradas este miércoles. «Esto surgió de gente individual que milita en diversos sindicatos y organizaciones. Lo hicimos porque en Madrid ya hacía días que había comenzado y aquí aún no se había dicho nada […] Una vez se ha visto que la acampada ha funcionado, creo que lo prioritario es mantenernos unidos, que la izquierda no esté dividida«, reflexiona al respecto Luana, otra de las caras visibles del movimiento.

Por su parte, desde el Sindicato de Inquilinas precisan en un comunicado que ellos «no han liderado la propuesta» de plantar las tiendas en la plaza de Cataluña, pero apuntan que «todas las iniciativas para exigir el derecho a la vivienda en esta semana clave son bienvenidas» y que próximamente habrá reuniones de coordinación para explorar cómo colaborar juntos de ahora en adelante. La entidad también aprovecha la comunicación para anunciar la convocatoria de caceroladas este jueves a las ocho de la tarde en la plaza de Sant Jaume y para recordar que el sábado está prevista una gran manifestación a las siete de la tarde en la plaza de Pius XII de Hospitalet de Llobregat. Habrá columnas que avanzarán hasta la concentración -impulsada de la mano de la Confederación Sindical de Vivienda de Cataluña (COSHAC) y el Sindicato de Vivienda Socialista de Cataluña (SHSC)– desde puntos como la plaza de España o Sabadell. «La manifestación de Hospitalet se había planteado inicialmente como un homenaje a Olga, la vecina que se suicidó tras un desahucio. Ahora debe convertirse en eso y mucho más: en un clamor para que nunca nadie tenga que vivir una situación similar», indican en el comunicado.

