Tot Barcelona | Notícies i Informació d'actualitat a Barcelona
La protesta de los negocios de Collserola acerca el fin de las restricciones por la peste
  • Badalona–
  • L'Hospitalet de Llobregat–
  • Santa Coloma de Gramenet–
  • Cornellà de Llobregat–
  • Sant Boi de Llobregat–
  • Sant Cugat del Vallès–
  • Esplugues de Llobregat–

La idea de manifestarse rondaba desde hacía meses a los responsables de los comercios y restaurantes de Collserola. Tras casi un año sufriendo los efectos de las restricciones de movilidad por la peste porcina africana y sin una fecha concreta en el horizonte para recuperar la normalidad, los negocios tocaban fondo la semana pasada y decidieron convocar una protesta para visibilizar una situación que consideran insostenible. Cerca de 200 personas protagonizaron el sábado por la mañana una concentración que, bajo la consigna Obriu Collserola ja, cortó la carretera de Vallvidrera, avanzando en procesión hasta el parque de atracciones del Tibidabo. Impulsada por los comerciantes y restauradores con el apoyo de la Asociación de Vecinos de Vallvidrera – Mont d’Orsà, la manifestación también sirvió para denunciar el desamparo absoluto que han sentido durante este tiempo los establecimientos por parte de las autoridades, que solo les han ofrecido unas ayudas a las que solo podrán acceder a partir de febrero de 2027 si certifican que han facturado un 30% menos.

«Para haberse convocado unos días antes y de manera casera, la protesta no estuvo nada mal. Al final hay mucha gente afectada», asegura Sílvia Baldellou, tercera generación de su familia al frente del restaurante Casa Trampa. La responsable de esta fonda fundada en 1882 y ubicada en el número 3 de la plaza de Vallvidrera participó en el corte inicial de la carretera, pero no pudo hacer lo mismo con la marcha hasta la cima del Tibidabo porque coincidía con el inicio del primer turno de comidas y faltaban manos en el establecimiento. Desde que su abuelo tomó las riendas del negocio en 1939, justo después de la Guerra Civil y cuando ya había cumplido su primer medio siglo de historia, Casa Trampa ha vivido varias crisis económicas y también la pandemia del coronavirus. Siempre ha salido adelante. Sin embargo, las medidas por la peste porcina han llevado esta supervivencia al límite, dejando la facturación y clientela a la mitad y forzando a la responsable a despedir a una de sus trabajadoras el pasado mes de julio. «Siempre que se toman medidas, hay daños colaterales. Esto lo entendemos, pero estas acciones deben tener un buen trabajo detrás que las sustente», remarca, cuestionándose cómo es posible que la propagación del virus no se haya podido controlar después de un año de cierre de Collserola.

Uno de los espacios interiores del restaurante centenario Casa Trampa, ubicado en el número 3 de la plaza de Vallvidrera / Ayuntamiento de Barcelona
Uno de los espacios interiores del restaurante centenario Casa Trampa, ubicado en el número 3 de la plaza de Vallvidrera / Ayuntamiento de Barcelona

La movilización tuvo un efecto prácticamente inmediato. Horas después de la protesta en Vallvidrera, el consejero de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, Òscar Ordeig, señalaba en una entrevista en La Vanguardia que prevé una reapertura progresiva de Collserola con corredores seguros a partir de finales de noviembre, justo un año después del primer positivo. «Estamos hablando con los alcaldes, que ya nos han propuesto algunas zonas. Será una reapertura gradual», decía. Ordeig subrayaba que el departamento que pilota no decide cuándo se abre, sino que la medida depende de los reglamentos europeos, español y catalán, de los técnicos y de los registros. «Si nos precipitamos ahora, podemos hacer que se nos escape la enfermedad y volver al punto de partida«, advertía. En este sentido, según los últimos datos facilitados por la Generalitat, todos los positivos detectados desde el pasado 7 de agosto menos uno son de restos de animales muertos que han encontrado los perros, lo que indica que el virus casi «no circula». Así pues, la densidad de jabalíes en la zona 0 está en estos momentos prácticamente por debajo de uno por kilómetro cuadrado, cuando se había llegado a los 20 animales por kilómetro cuadrado.

Frente común por la supervivencia

El anuncio del posible levantamiento de restricciones ha tomado por sorpresa a los comerciantes y restauradores de Collserola, que hasta ahora no habían sido informados de las intenciones gubernamentales. «A nosotros nadie nos ha dicho nada oficialmente […] No puedo valorar el nivel de certeza de esta fecha«, lamenta Baldellou. Durante este año de cierre del parque natural, la responsable de Casa Trampa apunta que solo se han interesado por la situación de los negocios los grupos municipales de ERC y el PP. Mientras tanto, los establecimientos han tenido que seguir pagando, por ejemplo, las correspondientes tasas de residuos y de terrazas, como si sus finanzas no se hubieran visto afectadas por las medidas. «Si para acceder a las ayudas el próximo febrero tienes que demostrar pérdidas mensuales del 30%, eso significa que antes de recibirlas ya habrás cerrado«, afirma la restauradora. La misma postura la comparten desde el Asador Casa Juaco, ubicado en la carretera que conecta el distrito Horta – Guinardó con el municipio de Cerdanyola del Vallès (Vallès Occidental), muy cerca del mirador del Forat del Vent. «Llevamos 45 años abiertos, pero no sabemos cuánto tiempo más podremos aguantar así», reflexiona la responsable.

Entre los afectados también se encuentra la guingueta del parque del Laberint d’Horta. La titular de la concesión municipal hace tiempo que denuncia que ha perdido prácticamente la totalidad de su clientela desde que la zona verde tuvo que clausurarse como parte de las medidas de contención del virus a principios del pasado mes de marzo. La decisión sorprendió en su momento tanto a los responsables de la gestión del espacio como a los usuarios que solían pasear o acercarse para utilizar los espacios de picnic. De hecho, fuentes cercanas a la gestión del parque consultadas por este medio el pasado julio coincidían en resaltar el sinsentido que supone mantener bajo precinto un espacio que tiene un cierre perimetral completo que evita el paso de los jabalíes. Además, se da la circunstancia de que, aunque el parque permanece cerrado, sí está abierto de jueves a domingo una parte del Palacio del Marqués de Alfarràs, donde se realiza una exposición en el marco de la Capital Mundial de la Arquitectura. Por todo esto, la responsable de la guingueta ha hecho frente común con la dirección del Asador Casa Juaco, Uaala Obrador y Casa Trampa para pedir la reapertura del espacio y medidas coherentes que permitan compensar la caída pronunciada de la facturación.

Palacio del Marqués de Alfarràs en el parque del Laberint d’Horta, en una imagen de archivo del pasado verano / Jordi Play

La respuesta ciudadana

Cuando Baldellou comenzó a denunciar el caso del restaurante a través de las redes sociales, lo hizo sin muchas esperanzas, forzada por la situación límite y desde un profundo escepticismo. En sus declaraciones, siempre reconocía que estas restricciones le habían ayudado a darse cuenta del peso específico que tenían los peatones, los excursionistas y los ciclistas entre su clientela habitual entre semana. Unas ausencias que no se notaban tanto durante el fin de semana, cuando la responsable sí había percibido un descenso de los ciclistas que se detenían en el restaurante para desayunar, almorzar o tomar café antes de continuar su ruta. En este sentido, es importante remarcar que el negocio siempre ha sido un lugar de paso y un punto de referencia para mucha gente que venía por la carretera de las Aguas desde Esplugues de Llobregat (Baix Llobregat), que atravesaban Collserola desde Sant Cugat del Vallès (Vallès Occidental) o que subían desde los diferentes barrios del llano de la capital catalana, sobre todo desde la zona del distrito de Sarrià – Sant Gervasi.

Poco esperaba la restauradora que la gran respuesta ciudadana a su llamado en redes se convertiría en el balón de oxígeno que les ha permitido sobrevivir hasta ahora. Actualmente, no llegan a la media de más de setenta menús diarios que hacían antes de la peste porcina, pero, desde las fiestas de la Mercè, sí se han estabilizado alrededor de los cincuenta o sesenta comensales. «El lunes con la lluvia hicimos 37 menús, pero el viernes pasado llegamos a los ochenta», confirma Baldellou desde un profundo agradecimiento y a la espera de ver en qué se concreta el anuncio con bombo y platillo del consejero Ordeig solo unas horas después de la manifestación por la reapertura de Collserola.

La plaza de Vallvidrera con el restaurante Casa Trampa hacia 1900 / Atribuida a Jaume Anglada (Archivo Fotográfico de Barcelona)
La plaza de Vallvidrera con el restaurante Casa Trampa hacia 1900 / Atribuida a Jaume Anglada (Archivo Fotográfico de Barcelona)

Nou comentari

Comparteix

Icona de pantalla completa