Sílvia Baldellou es la tercera generación de su familia al frente del restaurante Casa Trampa. Su abuelo tomó las riendas de esta fonda ubicada en el número 3 de la plaza de Vallvidrera en el año 1939, justo después de la Guerra Civil y cuando el negocio fundado en 1882 ya había cumplido su primer medio siglo de historia. Ella siguió el camino de su madre, Carmen, ayudando con solo 16 años en el negocio familiar para ganar algo de dinero. «Mi madre me obligaba a estudiar para ver si se me quitaban las ganas de dedicarme a la hostelería, pero no lo consiguió. Me encanta mi profesión», explica la actual propietaria en una conversación con el TOT Barcelona. Baldellou tiene 56 años y en sus cuatro décadas de trayectoria en el restaurante centenario ha logrado mantenerlo como un referente de la cocina casera a precios populares en este barrio barcelonés en las alturas. Lo testifica su menú diario de entre semana, que mantiene primero, segundo, postre o café y bebida por 15,50 euros, una anomalía en una ciudad con unos precios que no dejan de incrementarse.

Crisis económicas, la pandemia del coronavirus… Nada ha podido con este negocio, que actualmente tiene seis trabajadores en plantilla, algunos con una trayectoria de más de 40 años en el restaurante. Con esta convicción afrontaron el inicio de las restricciones de movilidad en Collserola a raíz del estallido de los primeros casos de peste porcina africana el pasado diciembre. La normalidad se pudo recuperar a mediados de febrero, pero en marzo se volvían a cerrar los accesos al parque natural para evitar la propagación del virus. Dos meses después, la situación todavía se arrastra y el escenario no parece muy optimista de cara a los próximos meses. Todo esto está teniendo un impacto directo en las finanzas de este establecimiento histórico de Vallvidrera, que lleva prácticamente medio año sobreviviendo con la mitad de los clientes que antes y, por tanto, también con la mitad de facturación. «Antes podíamos llegar a hacer más de setenta menús diarios, pero ahora estamos a la mitad. El día que hacemos más, no sube de cuarenta«, lamenta la responsable.

Cansada de esperar una mejora de la situación y con el objetivo de evitar la tragedia que supondría el cierre de un histórico como Casa Trampa, Baldellou ha decidido esta semana hacer pública la situación delicada del negocio a través de un video compartido en las redes sociales. En la publicación, la propietaria recuerda que continúan abiertos y hace un llamado a su clientela para que sigan viniendo al restaurante, sea en transporte público, vehículo privado o en bicicleta por carretera. «Me asesoré con un abogado y me dijo que hiciera ruido. He estado esperando, pero al final lo he tenido que hacer porque esto va para largo y si no, no te hacen caso», asegura la restauradora, que sabe con certeza que más establecimientos de la zona están también sufriendo los efectos de estas restricciones de movilidad.
Una clientela hasta ahora invisible y primeros frutos
Si algo positivo se puede sacar de este momento de dificultad, sería el hecho de que Baldellou se ha dado cuenta del peso específico que tenían los peatones, los excursionistas y los ciclistas entre su clientela habitual los días de entre semana. «No era consciente de la cantidad de gente que venía caminando, de los grupos de jubilados… Esos son los que ahora me faltan», admite. Estas ausencias no se notan tanto durante el fin de semana, cuando la responsable sí ha percibido un descenso de los ciclistas que se detenían en el restaurante para desayunar, almorzar o tomar el café antes de continuar su ruta. Esto es porque este negocio siempre ha sido un lugar de paso y un punto de referencia para mucha gente que venía por la carretera de las Aguas desde Esplugues de Llobregat (Baix Llobregat), que atravesaban Collserola desde Sant Cugat del Vallès (Vallès Occidental) o que subían desde los diferentes barrios del llano de la capital catalana, sobre todo desde la zona del distrito de Sarrià – Sant Gervasi.

Baldellou lamenta que desde las diferentes administraciones no se les haya dado apoyo durante estos tiempos de restricciones, criticando que ni el Ayuntamiento de Barcelona ni la Generalitat de Catalunya sean plenamente conscientes de los efectos que provoca un cierre prolongado en el tiempo como este. A pesar de esta sensación de abandono, la responsable espera que la situación mejore en las próximas semanas. En caso de continuar todo igual, de cara a junio sí prevé adoptar ciertas medidas de contingencia. «Nosotros cerramos los jueves, pero, si no quiero tener que despedir a nadie, tendremos que abrir todos los días con fiestas rotativas«, señala la propietaria. Esto supondrá ser menos personas trabajando en días puntuales, pero permitirá tener unos ingresos extras que compensen las pérdidas.

A pesar del escenario poco halagador con nuevas capturas de jabalíes y más casos de peste porcina africana detectados, la tercera generación de la saga al frente de Casa Trampa se mantiene optimista de cara a la supervivencia del negocio. De hecho, desde que ha hecho pública la situación, Baldellou no ha parado de dar entrevistas con medios de comunicación y ya ha notado los primeros efectos positivos en la facturación. «Ya hemos visto un incremento de los menús diarios… Parece que ha funcionado, estamos sumamente agradecidos», afirma la responsable del establecimiento centenario, que espera consolidar en las próximas semanas esta recuperación progresiva de clientela.

