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José Ruiz, entrenador físico: «Después de los 40, sentadillas y remos deben estar: la fuerza también protege el cerebro»

Durante años, hemos perseguido el cuerpo ideal, la definición muscular perfecta o la pérdida de grasa, con la mirada fijada exclusivamente en la estética. Pero si os decimos que cada flexión, cada sentadilla y cada remo que hacéis no solo esculpen vuestro cuerpo, sino que también blindan una parte mucho más crucial de vuestra persona? Lo que estamos a punto de descubrir va mucho más allá de lo que el espejo nos refleja.

Hay un secreto oculto en la relación entre vuestros músculos y vuestra mente, un vínculo tan poderoso que muchas de nosotras todavía ignoramos. Un experto nos ha revelado una verdad imprescindible que cambiará nuestra percepción sobre el entrenamiento, especialmente a partir de una edad crucial. Porque la fuerza que creéis tener solo en el gimnasio tiene una aplicación real y directa en vuestra capacidad de pensar, de sentir y de vivir plenamente.

José Ruiz, un reputado entrenador físico y experto en transformaciones, lo tiene clarísimo y nos lanza una advertencia que no podemos ignorar: «Después de los 40, sentadillas y remos deben estar: la fuerza también protege el cerebro». Su afirmación, que parece sacada de una película de ciencia ficción, es en realidad una realidad avalada por la ciencia. La clave no es solo sentirnos bien, sino funcionar bien. (Y, sí, esto nos afecta a todas)

Cuando el músculo y el cerebro son un solo equipo

Durante mucho tiempo, hemos tratado nuestro cuerpo y nuestra mente como entidades separadas: hacemos ejercicio para el físico y terapia para la psique. Pero nuestro organismo es un sistema holístico que trabaja sin compartimentos estancos. Cuando movemos el cuerpo, no solo sudamos; nuestra respiración cambia, el flujo sanguíneo se activa con una energía renovada, y el sistema nervioso envía señales que liberan sustancias de bienestar, avisando al cerebro que debe adaptarse al esfuerzo.

Esta conexión es definitiva: una sesión de fuerza puede transformar nuestro estado de ánimo incluso antes de que nuestro físico cambie. Nos sentimos físicamente cansadas, sí, pero con la mente más limpia, más clara. Aquel problema que parecía gigantesco antes de entrenar, de repente, se presenta bajo una nueva perspectiva, más manejable. No es magia, es la bioquímica de nuestro cuerpo trabajando a nuestro favor. (Y la sensación es, sinceramente, adictiva).

Mi plan B para afrontar el estrés no siempre es meditar. A veces, es levantar un poco más de peso. La paz mental que sientes después es un regalo.

Además, la investigación moderna comienza a arrojar luz sobre este secreto. Una revisión de ensayos clínicos reveló una correlación directa: el entrenamiento de resistencia está estrechamente ligado a una reducción significativa de los síntomas de ansiedad y depresión. Esto nos demuestra que el ejercicio de fuerza no es solo una cuestión de músculos, sino una poderosa herramienta para influir positivamente en nuestro estado emocional y nuestro bienestar general.

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