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Los policías del caso Roger Español justifican las balas de goma por la «violencia extrema» de «la masa»
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Segunda sesión del juicio contra los cuatro policías acusados de vaciar un ojo con una pelota de goma a Roger Español durante el Primero de Octubre. La jornada ha sido un verdadero déjà-vu de las tediosas jornadas del juicio del Procés en el Tribunal Supremo, cuando desfilaron por el estrado cientos de policías que actuaron para detener el referéndum. Tanto fue así que un agente, incluso, intentó declarar dos veces. Este jueves ha sido una réplica de bolsillo de aquella situación, con varios policías integrantes de las Unidades de Intervención Policial (UIP), del Cuerpo Nacional de Policía (CNP), testificando mientras se exclamaban en el estrado de la «violencia» que practicaban los votantes concentrados en el Instituto Ramon Llull y recuperando un concepto que causó furor en el Supremo, «la masa».

Bien entrenados en las respuestas por parte del ministerio fiscal y la Abogacía del Estado, encargada de sus defensas, los policías se han esforzado en describir «el ambiente de violencia extrema» que supuestamente vivieron en los alrededores de la calle Sardenya. Todo ello para justificar el uso de las balas de goma, que, según los indicios de la instrucción, se utilizaron de forma antirreglamentaria y en las calles de Cataluña, donde el Parlamento del país las había prohibido tras el caso Ester Quintana.

Es decir, la fiscalía, que en lugar de acusar defiende al escopetero y los tres mandos, intenta equiparar unos insultos o el lanzamiento de encendedores al hecho de que un policía dispare balas de goma sin mirar bien y apuntando hacia los concentrados. Por eso busca componentes de la teoría de «violencia ambiental» que ideó Manuel Marchena en el caso del asedio al Parlamento y que ahora el TEDH ha tumbado. Y ha construido una nueva tesis: debían proteger el «material de guerra» que había en las furgonetas de la policía. Pero, a medida que el interrogatorio ha hurgado en la memoria de los agentes y a raíz de la presión calculada de las preguntas de las acusaciones –la particular y la popular–, se han visto las costuras del relato de la «violencia». En resumen, consistía en la concentración de «mucha gente», insultos y cánticos, lanzamientos de encendedores, una botella, piedras y vallas. Ahora bien, como ha recordado el abogado de Español, Benet Salellas, es «extraño» que las cámaras policiales no grabaran nada de esta violencia y sí lo hicieran otras dotaciones policiales.

Roger Español entra a l'Audiència de Barcelona | Sara Soteras (ACN)
Roger Español entra a l’Audiència de Barcelona | Sara Soteras (ACN)

«¡Me llamaban ‘españolazo’!»

En este contexto, los policías han especificado que los insultaban llamándolos «españolazos», o «hijos de puta» y que les decían «no saldréis de aquí» o «os haremos como a los pikolos el otro día» –en referencia a los hechos del 23 de septiembre en la consejería de Economía. Los lanzamientos también se han concretado en «uno o dos encendedores», paraguas, un «escupitajo de una señora», una botella que chocó con el escudo de uno de los policías –y, de rebote, fue a tocarle la bota–, piedras y trozos de escombros de una obra y vallas.

Precisamente, las vallas han sido uno de los puntos más sorprendentes de las declaraciones porque, según unos, se tiraron vallas y, según otros, no, o no lo vieron o no lo recuerdan. Como ha pasado con los manifestantes que estaban sentados con los brazos en alto. En todo caso, los policías relataban que una vez fueron a subir a las furgonetas continuaron recibiendo lanzamientos para acosar los vehículos, pero ya no de vallas. Y, ante el «hostigamiento» decidieron disparar las balas de goma, incluso, una vez superada la línea de los manifestantes que intentaba detener la salida de los vehículos policiales, y justo cuando no recibían el supuesto lanzamiento de ninguna valla. La nueva teoría de la defensa de la fiscalía y de la Abogacía del Estado es que era necesario evitar que la «masa» entrara en las furgonetas porque había «armas de guerra».

El coordinador: «Era insostenible»

Especialmente jugoso ha sido el testimonio del coordinador de las unidades antidisturbios –llamadas Camel en el argot del CNP–, desplegadas en Barcelona. El mando ha relatado que habló por teléfono con Camel 50, el inspector que era máximo responsable operativo en el colegio Ramon Llull, uno de los que se sienta en el banquillo de los acusados. En este marco, ha detallado que el inspector le comunicó que la situación era tensa y que el «hostigamiento era insostenible» y que, a pesar de que habían intentado mediar, no se había llegado a ningún acuerdo. «Me decía que era imposible salir de allí», ha enfatizado, y que había un «riesgo importante» para los agentes. Le respondió que utilizara todos los medios materiales y humanos necesarios, de forma «proporcional».

Aquí se ha abierto otro debate –bajo la rigurosidad, solo para las acusaciones, del presidente del tribunal, José Carlos Iglesias– sobre el concepto de «proporcionalidad». El uniformado ha detallado que el uso de las balas de goma se decide según la agresividad de los manifestantes, el número e intensidad de lanzamientos, la peligrosidad de los objetos lanzados y la distancia. Según ha detallado, el reglamento policial obliga a utilizar las escopetas de balas de goma con la mínima potencia y a disparar las bolas con rebote en el suelo, excepto en situaciones excepcionales. Una tesis que ha replicado uno de los escopeteros que ha remarcado que siempre hay que disparar al suelo. Otro ha admitido que hay que tener presente que, cuando se dispara una bala de goma, no hay manera de saber qué trayectoria hará.

Según las cifras que ha dado el mando, en el Ramon Llull se dispararon 17 balas de goma y unas 40 salvas detonadoras sin proyectil. Uno de los policías ha sido sorprendido por Salellas, cuando explicó que habían disparado las salvas y, en cambio, en instrucción, aseguró que se dispararon directamente las balas de goma, sin salvas previas. Según el mando esto fue una medida «ponderada» porque fue el punto de la ciudad donde los manifestantes fueron más agresivos y había más «peligro grave» para la integridad física de los agentes. El mando se ha negado a considerar la operación policial «extralimitada» y ha insistido, en línea con otros testimonios, que se avisó de la actuación policial.

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