De la rebelión interna a la restauración del orden establecido. La federación de ERC en Barcelona vuelve a manos del sector oficial, alineado con Oriol Junqueras. El candidato oficialista (Activem Barcelona), Ricard Farin, ha ganado claramente a la candidata crítica (Construïm ERC Barcelona), la concejala de Barcelona Rosa Suriñach. 393 votos (de un censo total de 910 militantes), tal como pronosticaban los avales recogidos para presentarse a las elecciones a la presidencia de la Federación. El resultado, una victoria interna del aparato de ERC después de una crisis convulsa, culmina un ciclo político corto e intenso. Un ciclo que se abría con la victoria inesperada en abril de 2025 del sector crítico encabezado por Creu Camacho. En menos de un año, ERC ha pasado de la rebelión interna a la recentralización del poder en la Federación de Barcelona.

La victoria que lo debía cambiar todo
Creu Camacho se había impuesto por la mínima a la candidatura oficialista de Eva Baró y enviaba un mensaje inicialmente rompedor: la militancia de Barcelona quería marcar perfil propio y, sobre todo, frenar una deriva que consideraba demasiado acomodada a los pactos institucionales, especialmente con el PSC. Aquella victoria —por solo 14 votos— fue interpretada como un toque de alerta a la dirección nacional y, en clave local, como un freno a la entrada al gobierno de Jaume Collboni que la líder republicana en Barcelona, Elisenda Alamany, había trabajado a fondo. La federación más grande del partido se alineaba, en palabras de la candidatura ganadora, con la idea de «recuperar autonomía, reforzar el papel de las bases» y evitar que Barcelona se convirtiera en una «pieza subordinada» a las estrategias de la calle Calabria. Pero el sector crítico había ganado sin una mayoría sólida ni un proyecto cohesionador. Y, sobre todo, sin controlar las palancas del partido. Y esta asincronía pasaría factura pronto a los rebeldes. Tan pronto, que la promesa de consultar a la militancia sobre el pacto con el PSC en Barcelona desapareció del guion de la nueva dirección en pocos días.

Crisis, dimisiones, fractura y parálisis
Y a partir de entonces, lo que se había proclamado como un cambio de rumbo se convirtió rápidamente en una crisis interna. Pocos meses después, gran parte de los 13 miembros de la dirección permanente habían dimitido por discrepancias con la presidenta, a quien acusaban de tener una “estrategia propia y no consensuada con el equipo” y de adoptar “decisiones unilaterales”. Aseguraban que la fractura no era solo ideológica, sino también organizativa: desconfianza interna, incapacidad de construir consensos y una dirección cuestionada desde el primer día.
La situación se agravó hasta el punto que la federación quedó prácticamente intervenida de facto. La dimisión de gran parte de la cúpula y la incapacidad de reconstruir una dirección operativa dejaron la Federación de ERC Barcelona en un vacío de poder. Pero este episodio no se entendería sin el contexto general del partido republicano. El choque entre sectores, los afines a Junqueras y los críticos, hacía tiempo que se producía en ERC, y la federación de Barcelona se convirtió en el campo de batalla más visible de este conflicto con las elecciones en abril de 2025. Pero también hizo estragos en Girona donde, como en la capital del país, dimitió más de la mitad de la dirección de la federación y acabó en manos de una gestora. Y hace apenas unos días en Igualada: todos los miembros de la dirección han decidido dimitir como respuesta a la votación interna, que rechazó la vía Rufián (coalición con Comuns y CUP) por la que los dimisionarios habían apostado para 2027.
La “pax junquerista” llega a Barcelona
En paralelo, la dirección nacional consolidaba lo que se ha bautizado como la “pax junquerista”: una recomposición interna basada en la disciplina orgánica y el control de las estructuras. Barcelona no ha sido una excepción, sino el último bastión a reconquistar. La convocatoria de nuevas primarias, con un candidato claramente alineado con el aparato como Ricard Farin, simboliza este regreso al orden. Los críticos, ahora representados por figuras como Rosa Suriñach, han llegado a esta nueva batalla en una posición mucho más débil. Sin control orgánico, con parte de su espacio integrado o desactivado, y con una militancia que ha visto cómo el experimento anterior acababa en crisis. La victoria del candidato junquerista no será solo un relevo, sino una enmienda a la totalidad del proyecto que representó, inicialmente, Creu Camacho. La Federación de Barcelona es mucho más que una estructura interna: es una pieza clave en la estrategia nacional. Y eso explica el interés de la dirección por recuperar su control.

De la disidencia a la integración
Uno de los elementos más significativos de este proceso es la trayectoria del mismo sector crítico. Lo que comenzó como una enmienda a la línea oficial ha acabado, en gran parte, integrado dentro de la estructura del partido. Camacho, que ganó con un discurso de ruptura, ha terminado alineándose con el aparato. Pero no es un caso aislado, sino un patrón recurrente en partidos con fuerte disciplina interna como es ERC. De hecho, este movimiento también explica por qué la batalla actual ya no es tan ideológica como organizativa. El debate de fondo, la relación con el PSC, la estrategia municipal, o el papel de ERC en Barcelona, ha quedado temporalmente en segundo plano ante la necesidad de cerrar filas.
La consulta que no fue
Con todo, hay un episodio que resume mejor que ningún otro la tensión entre bases y dirección: la consulta sobre la entrada en el gobierno del PSC en Barcelona, en un Congreso extraordinario que acabó suspendido oficialmente por razones de aforo. Y desde aquel 13 de junio de 2024 que no se ha vuelto a consultar este pacto con los militantes republicanos, ni hay intención de hacerlo al menos hasta el próximo ciclo electoral en Barcelona. Aquel debate sobre si ERC debía gobernar con Collboni era una gran piedra en el zapato: afectaba la estrategia de la ciudad y la identidad del partido.
La no-consulta simboliza una dinámica más profunda: la dificultad de ERC para conjugar participación interna con decisiones estratégicas rápidas. También evidencia una cierta desconfianza de la dirección hacia la militancia cuando el resultado puede ser incómodo. En todo caso, este episodio alimentó el malestar interno y fue uno de los combustibles de la victoria crítica en abril de 2025. Un debate que Creu Camacho dejó morir, acercándose a gran velocidad a las tesis de Elisenda Alamany en la ciudad.

Alamany, candidata y pieza central
La Federación de Barcelona cierra un ciclo y abre otro en un contexto en el que Barcelona sigue siendo una asignatura pendiente para ERC. A pesar del ascenso sostenido en otros ámbitos, las encuestas continúan apuntando a una resistencia electoral importante en Barcelona, donde en 2019 Ernest Maragall ganó las elecciones. El barómetro municipal señala una mejora de resultados para los republicanos, que el partido atribuye a la mano extendida para negociar con el PSC y alcanzar acuerdos de ciudad, pero una mejora aún insuficiente para disputar claramente la alcaldía a Jaume Collboni.
En este escenario, Elisenda Alamany emerge como la figura central. Ya es candidata oficial para las municipales de 2027, sin rivales internos, en un proceso marcado también por la crisis de la federación. Su candidatura no es solo una apuesta electoral, sino también orgánica. Alamany representa la síntesis que busca la dirección: perfil político reconocible, alineamiento con la estrategia nacional y capacidad de coser el partido en Barcelona. Pero también arrastra contradicciones. Procedente del espacio de los Comuns y con un perfil propio, su consolidación dentro de ERC no ha estado exenta de tensiones. Y deberá gestionar un partido que, pese a la “pacificación”, continúa teniendo heridas abiertas.

Con la victoria del candidato junquerista, ERC Barcelona entra en una nueva fase más controlada y previsible. Pero también con retos pendientes, como reconstruir la confianza interna tras la crisis, definir una estrategia clara respecto al PSC y convertir la candidatura de Alamany en una alternativa real en la ciudad frente a un Collboni que se sabe ganador.


