El nuevo plan de usos de Ciutat Vella -la herramienta para regular las actividades de concurrencia pública en el distrito- encara la recta final para su aprobación. La comisión de Ecología y Urbanismo ha dado luz verde a la propuesta del gobierno, con una clara fractura política y con discursos por parte de los grupos municipales tan alejados que parece que los partidos estén hablando de una regulación diferente cuando en realidad se trata de esta. El ejecutivo de Jaume Collboni ha recibido el aval de Junts, una mayoría suficiente para validar el plan de usos, que sustituirá al que estaba vigente hasta ahora, del 2018. Si el de hace ocho años ponía el foco en las restricciones del ocio nocturno, el de ahora amplía el espectro de regulaciones y se pasa de 55 a 180 en cuanto al número de actividades bajo el control municipal.
Por el contrario, Barcelona en Comú y ERC se han posicionado en contra del plan, ya que a su parecer “no protege la identidad de la ciudad”, según la presidenta de ERC, Elisenda Alamany, o por el hecho de que es demasiado permisivo con el ocio nocturno y con los negocios vinculados al turismo, ha valorado el concejal de Barcelona en Comú, Jordi Rabassa. Por su parte, el PP se ha abstenido y Vox ha hecho una reserva de voto y no se pronunciará hasta el plenario de mayo. Si entonces se repiten las votaciones de este martes, el plan de usos quedará aprobado definitivamente y, poco después, entrará en vigor.
Según el Ayuntamiento, por primera vez se prohíben nuevos growshops y clubes cannábicos, amparados hasta ahora bajo el epígrafe de asociaciones privadas. También se veta la venta de souvenirs como producto complementario a la licencia principal, «puesto que la venta de souvenirs ya está prohibida en todo el distrito». Por otro lado, se refuerzan las restricciones para condicionar la apertura de nuevos salones de manicura y pedicura, tiendas de carcasas de móviles, y las tiendas de productos cannábicos, unos locales sobre los cuales había una suspensión de licencias desde el verano del 2024 que se levantará cuando el nuevo plan de usos sea vigente.
Se potencian las actividades culturales
El plan municipal regula también la apertura de nuevas discotecas, bares musicales, salas de baile o espectáculos. Y potencia las actividades culturales, como galerías de arte, museos, bibliotecas y archivos, cine, librerías o salas de conferencias y los espacios vinculados a las artes escénicas. En este sentido, la Rambla se convertirá en un eje cultural muy importante. A los equipamientos actuales, se sumarán en un futuro el Teatre Principal, el Club Capitol y el Centro de Arte Digital de Cataluña, en l’Antiga Foneria dels Canons.

Restricciones en función de los radios, densidades y calles
En una entrevista con el TOT Barcelona, el comisionado del Pacto por Ciutat Vella, Ivan Pera, explicó que no podían prohibir todas las actividades que no les gustan porque los tribunales lo echarían abajo. Pero aseguró que, en muchos casos, las restricciones son tan fuertes que es muy difícil que abran. Por ejemplo, en el caso de las discotecas, el plan de usos prevé que solo puedan operar en los perímetros de Ciutat Vella y en calles amplias, como las rondas o el paseo de Joan de Borbó, «no dentro de los barrios». «Lo que hemos propuesto en este epígrafe y en estas actividades es que haya una fuerte restricción de acuerdo con elementos como los radios, las densidades, las calles y los metros cuadrados. No pueden estar en calles estrechas». Estos mismos criterios, en función de la densidad o concentración de actividades, la anchura del vial y la dimensión mínima o máxima de la actividad a establecer, se aplicará a otros negocios que pueden ser molestos, para evitar que haya zonas de alta concentración y monopolios de actividad en zonas específicas del distrito. Sería el caso de las tiendas de carcasas de móviles y de productos cannábicos y los negocios de manicura y pedicura.
Durante la comisión, el concejal de Ciutat Vella, Albert Batlle ha reforzado el discurso de Pera. Según él, el texto aprobado reduce vacíos normativos, aporta más seguridad jurídica, ordena actividades, «pone el foco en el equilibrio y la convivencia» y no fomenta el crecimiento económico descontrolado. Y ha añadido que se trata de un modelo más quirúrgico, de menos prohibiciones generales, como era el plan de usos del 2018, impulsado por Barcelona en Comú, y más enfocado a corregir desequilibrios globales.

Más capacidad para inspeccionar, multar y cerrar
El gobierno ha tenido suficiente con el voto favorable de Junts para sacar adelante el plan. Según el concejal juntaire Damià Calvet, el plan de usos «consolida» las restricciones a la apertura de discotecas y otras actividades, como las tiendas cannábicas o de carcasas de móviles, y aumenta la capacidad de inspección, sanción y cierre de establecimientos. Calvet recordó que el plan vigente -el aprobado en 2018- fracasó, porque aparecieron muchos negocios «sin valor añadido» y había un consenso generalizado para modificarlo.
A juicio de Barcelona en Comú, se trata de un mal plan de usos, según el edil Jordi Rabassa, ya que se potencian los negocios turísticos en detrimento del comercio local. Rabassa ha remarcado que podrán abrir nuevos establecimientos para alquilar vehículos a turistas -como segways o trixis-, que ahora están prohibidos, y también nuevas discotecas, también vetadas desde 2018. “¿Por qué necesitamos más?”, se ha preguntado el concejal. Rabassa, que también ha criticado que el plan de usos del PSC prevé que puedan abrir restaurantes entre 200 y 1000 metros cuadrados en la Rambla, cree que la Justicia puede acabar declarando nula la normativa municipal, como ocurrió con el plan que impulsó el gobierno de Xavier Trias. “Hay mucha inconsistencia jurídica en el plan”, ha opinado.
Pueden abrir hasta 250 supers 24 horas y siete discotecas, según ERC
La valoración tan positiva que hace el gobierno contrasta con lo que dice ERC, socio prioritario de Collboni durante el mandato municipal actual, que asegura que el nuevo plan de usos no impedirá abrir hasta dieciocho nuevas asociaciones o tiendas de cannabis, más de 200 supermercados 24 horas, siete discotecas (cuatro o cinco, según el gobierno), más lockers o servicios de bicicletas turísticas. En la comisión de este martes, la concejal Eva Baró ha dicho que las cifras facilitadas no son suyas, sino que son estimaciones del mismo gobierno. Según Baró, Ciutat Vella vive una situación de «saturación» y «fragilidad», y ha subrayado que no se necesitan más actividades dirigidas a los turistas. «Ciutat Vella no es un escaparate ni un parque temático». «Votamos en contra porque va en la dirección contraria de lo que necesita el distrito».

La concejal del PP Sonia Devesa ha recordado un dato importante. Desde 1992, se han aprobado seis planes de usos nuevos para Ciutat Vella, y siempre ha sido para tratar los mismos problemas. Los populares sostienen que se gobierna Ciutat Vella a golpe de titular y creen que lo que falta son más inspecciones y autoridad real sobre el terreno. «Las normas existen sobre el papel y se evaporan en la calle». Aunque el ejecutivo socialista ha aceptado la propuesta de vetar los clubes cannábicos, la formación de Daniel Sirera se ha abstenido porque pedía una doble licencia en cuanto a los supers 24 horas y la venta de alcohol.
Para Vox, un plan de usos no puede sustituir la falta de autoridad, ha valorado el concejal Liberto Senderos. A juicio del partido que en el Ayuntamiento encabeza Gonzalo de Oro, cualquier plan urbanístico que se ponga en marcha lo primero que debería responder es cuántos narcopisos y cuántos pisos ocupados hay en Ciutat Vella. Según Senderos, Ciutat Vella tiene muchos problemas de convivencia, suciedad y seguridad, y lo que hace falta es «poner límites y hacer cumplir la ley».

