Hay un secreto a voces que nos atrapa, que nos hace transitar por relaciones que no queremos. Es una sensación amarga, casi invisible, que muchas de nosotras conocemos bien. Aquella pareja que sientes que ya no te completa, pero de la cual no te puedes deshacer.
¿Por qué sufrimos con vínculos tóxicos? ¿Por qué nos conformamos con un amor que ya no resuena? La respuesta no es sencilla, pero el psicoanalista Gabriel Rolón la pone sobre la mesa con una claridad punzante. Y su revelación cambiará tu perspectiva sobre la soledad.
Rolón, una autoridad en la mente humana, nos habla de un miedo que es intrínseco al ser humano. El miedo a la soledad. Un miedo tan profundo que nos empuja a mantener vínculos, incluso cuando ya están caducados (sí, nosotras también nos sentimos identificadas).
La itv del amor: una revisión urgente
Imagina tu relación como un coche. ¿Cuándo fue la última vez que revisaste los frenos? ¿O los neumáticos? El psicoanalista propone la «VTV del amor», una metáfora brillante para la necesidad de revisar periódicamente el estado de nuestros vínculos. Una inspección técnica que pocas veces hacemos.
Muchas personas, desgraciadamente, tienen parejas que en realidad no querrían. Simplemente, no han aceptado aquellos defectos que no les gustan, y sufren en silencio. Otras, en cambio, se han resignado, aceptando la situación con una quietud alarmante.
Es aquí donde el miedo a la soledad se convierte en un factor determinante. Una fuerza invisible que nos impide cortar con aquello que nos hace daño. Olvidamos que la soledad es una condición intrínseca de ser «seres parlantes». Es una parte de nosotros, ineludible.
La soledad no es una ausencia, es una condición. Incluso abrazando a la persona que amas, después de un rato, sentirás que te calmas, sí, pero esa soledad profunda sigue ahí, recorriéndote.
Nos acostumbramos a una dinámica de riesgo. El vehículo de nuestro amor avanza «sin rueda de repuesto, sin extintor». Está un poco averiado, pero seguimos conduciendo. Una situación de emergencia latente que ignoramos. Este es el error definitivo que nos mantiene cautivos.
El deseo: la incomodidad que nos mueve
Rolón no solo se centra en el miedo. También profundiza en las aristas más complejas del comportamiento humano. Pone el foco en la incomodidad como un componente ineludible para quien decide profundizar en su propia subjetividad. Nuestra mente es un territorio desconocido que nos hace temblar.
El deseo, nos explica, es incómodo. ¿Por qué? Porque nos señala una falta. Deseamos aquello que no tenemos, ¿verdad? Cuando surge el deseo, ya nos sentimos un poco fuera de lugar. Desde un simple «¿no habrá un vaso de agua por aquí?» hasta el abismal «¿dónde está la persona que alguna vez me amará?».
El deseo funciona como un foco de luz. Ilumina, ni más ni menos, aquel lugar donde hay algo que nos falta. Ya de entrada es incómodo, nos hace movernos. Nos hace caminar alrededor de esa ausencia, buscando algunas «semejanzas».
Un amor, un libro, un éxito, un programa de televisión, un trabajo, un hijo… Todos son intentos nobles. Todos buscan llenar un vacío, un vacío que Rolón define como «imposible de ser llenado». Esta es la solución oculta a nuestra angustia: aceptar la falta.
Vivir con la falta: el auténtico truco
Convivir con la falta es una condición propia del ser humano. Es aceptar que somos seres incompletos. Eso es ser un ser humano, dice Rolón. Es vivir con el sentimiento trágico de la vida. Saber que moriremos, que todos los que amamos morirán, que todo lo que amamos en algún momento no estará.
Debemos aprender a vivir con esta certeza. Con esta conciencia de la finitud. Este no es un pensamiento derrotista, sino liberador. Nos permite dejar de buscar en otros o en objetos la plenitud que ya tenemos dentro, o que nunca encontraremos de forma externa. La clave imprescindible es la mirada hacia adentro.
Nos pasamos la vida intentando llenar este vacío. Pero la verdad es que este vacío es quien somos. Es nuestra humanidad. Y el miedo a la soledad es solo una faceta de esta falta inherente. El verdadero «truco» es aceptarla. Reconocerla.
Este conocimiento nos da una nueva herramienta. Una nueva manera de abordar nuestras relaciones y nuestra propia existencia. Tu decisión de leer hasta aquí no ha sido en vano. Has desvelado un secreto que la mayoría ignora.
¿Estamos preparadas para hacer nuestra propia «VTV del amor»? ¿O seguiremos conduciendo nuestro vehículo averiado sin extintor?
