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Volker Steinkraus, dermatólogo: «No aplicarte crema solar cerca de los ojos por miedo a que te piquen es un error muy común en verano»

Llega el calor, preparamos la bolsa de la playa y nos aplicamos el protector como si nos fuera la vida en ello. Pero, casi sin excepción, todos cometemos el mismo gesto reflejo al llegar a la cara: evitamos la zona de los ojos. Lo hacemos de manera casi inconsciente, cerrando los ojos con fuerza y dibujando una distancia de seguridad de un par de centímetros para evitar el temido escozor que nos arruina la tarde.

Este gesto, que parece de puro sentido común para sobrevivir a una jornada de sol sin lágrimas, es en realidad uno de los errores más graves que cometemos contra nuestra salud cutánea. No lo decimos nosotros, lo advierte con contundencia uno de los grandes referentes de la dermatología europea, el doctor Volker Steinkraus. Dejar esta área desprotegida es una invitación directa al daño celular irreversible.

La verdad detrás de esta decisión es incómoda. Creemos que estamos protegiendo nuestros ojos de una molestia pasajera, pero lo que realmente estamos haciendo es condenar la zona más frágil de nuestro rostro al peor enemigo de la piel: la radiación ultravioleta sin filtros. Y las consecuencias de esto van mucho más allá de las simples líneas de expresión.

La fragilidad extrema del contorno de ojos

La piel que rodea nuestros ojos no tiene nada que ver con la de las mejillas o la frente. Es hasta cinco veces más fina que la del resto de la cara. Prácticamente no tiene glándulas sebáceas, lo que significa que no dispone de esa barrera lipídica natural que nos protege de las agresiones externas. Es un tejido casi transparente, altamente vulnerable y el primero en mostrar los signos del paso del tiempo.

Cuando el sol impacta directamente sobre esta zona desprotegida, el colágeno y la elastina se destruyen a una velocidad de vértigo. El doctor Steinkraus insiste en que el fotoenvejecimiento se ceba especialmente aquí, provocando flacidez, manchas oscuras y las conocidas patas de gallo de una manera mucho más prematura. Si te gastas una fortuna en sérums de noche pero evitas el solar de día en esta zona, estás tirando tu dinero a la basura.

Pero el problema estético es solo la punta del iceberg. El verdadero peligro es de salud pública. Una parte muy significativa de los carcinomas basocelulares —el tipo de cáncer de piel más frecuente— se diagnostican precisamente en los párpados y en la zona del lagrimal. Son zonas de difícil cirugía y donde el daño solar se acumula de manera silenciosa desde la infancia.

Por qué nos pican los ojos y cómo evitarlo

Entendemos perfectamente tu miedo. No hay nada más molesto que estar disfrutando de un día de playa o de una terraza y, de repente, empezar a llorar porque el sudor ha arrastrado la crema hacia el interior del ojo. Este escozor insoportable está causado por ciertos filtros químicos orgánicos que, al entrar en contacto con la mucosa ocular, provocan una reacción de irritación inmediata.

La solución, sin embargo, nunca puede ser el abandono. La cosmética moderna ha evolucionado lo suficiente como para ofrecer alternativas que no comprometan tu comodidad. El secreto profesional consiste en elegir el producto adecuado para cada zona del rostro, entendiendo que la crema corporal o la facial genérica no siempre son aptas para la delicada zona ocular.

Para esta área tan conflictiva, los expertos recomiendan usar filtros físicos o minerales. Estos protectores utilizan ingredientes como el óxido de zinc o el dióxido de titanio, que actúan como un escudo físico reflejando la luz solar sin penetrar en la piel ni irritar los ojos. Además, hoy en día existen fórmulas específicas para el contorno de ojos que han pasado estrictos controles oftalmológicos y que garantizan cero lágrimas.

La estrategia definitiva para una protección total

Si quieres proteger tu mirada este verano sin sufrir ningún tipo de molestia, la aplicación del protector solar debe seguir un protocolo muy sencillo pero estricto. En primer lugar, olvídate de los sprays o de las fórmulas demasiado líquidas para la cara; busca texturas en crema densa o en stick (barra), que tienen una fijación mucho más alta y no se deslizan con el sudor hacia el interior del ojo.

Aplica una pequeña cantidad de producto dando ligeros toques con el dedo anular —que es el que tiene menos fuerza— siguiendo el hueso de la órbita ocular. No es necesario que te acerques a la línea de las pestañas; el mismo calor corporal extenderá el producto de manera natural un par de milímetros. Y un truco de profesional: sella la zona con un poco de polvo solar mineral con protección integrada para fijar el producto durante horas.

Recuerda que la protección solar no es un gesto de belleza estacional, sino una necesidad médica diaria. El sol no entiende si estás en la playa o caminando hacia el trabajo en un día nublado de primavera. Los rayos UVA, responsables de la destrucción del colágeno, atraviesan las nubes y los cristales de la oficina durante todo el año.

La próxima vez que tengas el bote de crema en las manos y sientas la tentación de evitar la zona de los ojos, recuerda las palabras del doctor Steinkraus. Cambiar este pequeño hábito hoy es la mejor inversión que puedes hacer para el futuro de tu mirada (y de tu salud). Al fin y al cabo, ¿de qué sirve proteger el resto del cuerpo si dejamos nuestra parte más vulnerable totalmente expuesta al peligro?

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