Viure - Tot Barcelona
El aviso de José Manuel Felices, radiólogo: «Nunca te duches después de hacer deporte, esta es la razón»

Acabas tu sesión de running, colocas la última pesa en su lugar o completas la clase de yoga. Estás empapado de sudor. Tu cuerpo te pide a gritos una ducha rápida para quedarte limpio y relajado. Es lo que hemos hecho todos desde pequeños, ¿verdad? Pues resulta que este gesto tan cotidiano podría estar poniendo en riesgo tu salud de manera inmediata.

La alarma ha saltado en las redes sociales y ya corre como la pólvora entre los amantes del fitness. El conocido radiólogo José Manuel Felices ha lanzado un aviso contundente que ha dejado a miles de personas con la boca abierta. Su premisa es clara, directa y casi dolorosa para nuestros hábitos de higiene: nunca te metas bajo el agua justo después de hacer deporte.

No se trata de una manía estética ni de un consejo menor de bienestar. Hablamos de cómo reacciona tu motor interno, tu sistema cardiovascular, ante un cambio brusco de temperatura cuando todavía estás latiendo a mil por hora. (Sí, nosotros también nos hemos duchado así toda la vida y ahora nos estamos arrepintiendo de cada vez).

El peligro oculto de la ducha inmediata

Cuando terminamos de hacer un esfuerzo físico intenso, nuestro cuerpo no se detiene de golpe, aunque nosotros nos sentemos en el banco del vestuario. El corazón sigue bombeando sangre a gran velocidad para oxigenar los músculos que se han esforzado durante el entrenamiento. Tu temperatura corporal está por las nubes y los vasos sanguíneos están completamente dilatados para facilitar este transporte de emergencia.

Meterse bajo el agua en este preciso instante es como echar agua fría sobre un motor de coche que está hirviendo. El doctor Felices advierte que este cambio térmico tan brusco puede provocar lo que en medicina se conoce como un síncope vasovagal o, en los peores casos, una hidrocución. Los vasos sanguíneos se contraen de golpe, la presión arterial cae en picado y el cerebro puede quedarse sin suficiente flujo de oxígeno durante unos segundos críticos.

Este fenómeno es especialmente peligroso si decidimos ducharnos con agua fría para rebajar el calor de golpe. La tentación es enorme, sobre todo en verano o después de una sesión de cardio intensa, pero el precio que puede pagar tu corazón es demasiado alto. El contraste térmico bloquea los mecanismos de termorregulación naturales del organismo.

El sudor tiene una función biológica activa

Pero hay otro motivo de peso que tiene que ver con tu piel y tu propia recuperación. Cuando terminas de hacer ejercicio, contemplas el sudor como una suciedad que hay que eliminar de inmediato. Error. El sudor es la única herramienta que tiene tu cerebro para enfriar el cuerpo de manera segura y gradual. Si cortas este proceso con agua y jabón de forma inmediata, tu termostato interno se vuelve loco.

Seguro que te ha pasado alguna vez: te duchas corriendo, te vistes y, al cabo de cinco minutos, comienzas a sudar otra vez a través de la ropa limpia. Esto ocurre porque no has permitido que tu cuerpo termine de regular su temperatura. Has cerrado los poros antes de tiempo y el organismo se ve obligado a reiniciar el proceso de emergencia para expulsar el calor acumulado en el interior.

El sudor también contiene sustancias que ayudan a mantener el equilibrio de la barrera cutánea de la piel. Eliminarlo de forma agresiva cuando los poros aún están totalmente abiertos puede facilitar la entrada de bacterias y la infección de los folículos pilosos. ¿El resultado? Esos odiosos granitos que salen en la espalda o en los brazos después del entrenamiento.

El protocolo de seguridad que debes seguir a partir de hoy

Entonces, ¿qué debemos hacer si estamos llenos de sudor y queremos irnos a casa limpios? La solución es sencilla pero requiere un poco de paciencia y disciplina. El doctor José Manuel Felices y los expertos en medicina deportiva recomiendan un protocolo de transición que deberías grabarte a fuego antes de volver a pisar el gimnasio.

El primer paso es lo que llamamos la fase de enfriamiento activo. Cuando termines el ejercicio, dedica al menos entre diez y quince minutos a caminar a paso lento, estirar de forma suave o simplemente sentarte a respirar profundamente. Durante este tiempo, tu pulso irá bajando progresivamente y tu presión arterial se estabilizará sin sustos.

Una vez que hayas dejado de sudar de manera activa, es el momento de ir hacia la ducha, pero con una condición innegociable: el agua debe estar a temperatura tibia. Ni fría como el hielo para espabilarte, ni caliente como un caldo para relajar los músculos. El agua tibia respeta la temperatura actual de tu piel y permite una limpieza profunda sin someter al sistema cardiovascular a ningún estrés inútil.

Una tendencia que cambia las reglas del vestuario

Este aviso del conocido radiólogo se enmarca en una corriente médica que busca desmitificar muchos de los hábitos que hemos heredado de la cultura del fitness de los años noventa. Antes se pensaba que sufrir era parte del éxito y que los cambios bruscos de temperatura fortalecían el cuerpo. Hoy la ciencia nos dice todo lo contrario: el cuerpo humano busca siempre la homeostasis, es decir, el equilibrio constante.

Muchos atletas de élite ya aplican estas pausas de seguridad de forma estricta. De hecho, en los grandes centros de alto rendimiento, los deportistas pasan por una zona de transición térmica antes de recibir masajes o entrar a las zonas de agua. Si ellos, que tienen un corazón de acero, toman estas precauciones, ¿por qué nosotros nos vamos a jugar la salud en el vestuario del barrio?

La próxima vez que termines tu rutina diaria, resiste la tentación de correr hacia la ducha como si te fuera la vida en ello. Seguramente te ahorrarás un mareo inesperado, tu piel lucirá mucho mejor y tu corazón te lo agradecerá. Después de todo, ¿de qué sirve cuidarse tanto en la sala de máquinas si luego lo echas a perder todo en la ducha?

Nou comentari

Comparteix

Icona de pantalla completa