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Carme Noguera, la mujer más longeva de Cataluña a sus 112 años: «He comido, dormido y trabajado en el mundo»

Vivir más de un siglo, ver el mundo cambiar de una manera radical y ser testigo de transformaciones que hoy nos parecen inimaginables parece un sueño o una escena de película. Pero para algunas de nosotras, esta longevidad extraordinaria forma parte de su realidad cotidiana. Son vidas que atraviesan generaciones enteras y que, solo por su duración, ya explican una parte de nuestra propia historia.

En Cataluña tenemos una figura que encarna esta proeza. Su existencia desafía las estadísticas y nos regala una lección de resiliencia que no podemos ignorar. Hablamos de Carme Noguera, la mujer que este sábado ha celebrado sus 112 años y que, con este hito, se ha consolidado como la persona más longeva de nuestro país, convirtiéndose en un auténtico tesoro humano.

Carme nació en Olot en el año 1914. Imaginadlo por un momento: el mundo estaba a punto de girarse con el inicio de la Primera Guerra Mundial y ella aún tenía que empezar una vida que acabaría atravesando más de un siglo de historia. (Nosotras apenas recordamos la pandemia, ¿verdad?). La distancia entre aquella época y nuestro presente resulta casi imposible de concebir.

Ella fue testigo de hechos que hoy estudiamos en los libros de historia. Cuando recuerda su infancia en la capital de la Garrotxa, explica que «solo había un señor en coche». La tartana era el vehículo más moderno y la vida avanzaba a un ritmo que hoy nos parecería inimaginablemente lento. Aquel mundo es casi irreconocible, pero Carme lo conserva vivo en sus recuerdos.

Su vida: enfermera y pionera

A los 19 años, Carme se mudó a Barcelona para comenzar una nueva etapa. Formó parte de la primera promoción de la Escuela de Enfermería de la Generalitat Republicana, un hito extraordinario para una mujer de aquella época. Estudió en el Hospital Clínic e inició una trayectoria profesional que muy pronto la pondría frente a una de las etapas más duras de la historia reciente del país.

El 19 de julio de 1936, su vida dio un giro inesperado. La Guerra Civil había estallado y los hospitales empezaron a recibir heridos desde los primeros combates. A pesar del miedo y la incertidumbre, Carme se presentó en el hospital para curar heridos, asumiendo una responsabilidad enorme en unas circunstancias que podrían haber paralizado a cualquiera.

Ejerció de enfermera de urgencias en el Clínic durante todo el conflicto. También estuvo en el sanatorio del palacio del conde de Fígols, cuidando enfermos de tuberculosis, un trabajo imprescindible en aquellos tiempos convulsos. Su tarea no consistía solo en atender pacientes, sino en mantenerse firme en medio de un contexto en el que el miedo y la falta de recursos formaban parte del día a día.

Recuerda que un soldado las acompañaba de la residencia al hospital cada día y que no podían salir a pasear. A pesar de las penurias del país, la Generalitat las mantenía y nunca les faltó comida. Pero esta cierta protección no significaba que la realidad fuera fácil, y la guerra acababa afectando también a sus propias familias.

De hecho, tuvo que llevar una maleta llena de patatas de Barcelona a Olot. Sus padres, en la Garrotxa, sí que pasaban hambre. Es un episodio sencillo pero tremendamente revelador, porque muestra la crudeza de la guerra desde una perspectiva personal y familiar. Mientras ella cuidaba de otras personas en Barcelona, también intentaba ayudar a sus propios padres a sobrevivir a las dificultades del conflicto.

El secreto de una longevidad sorprendente

Después de la guerra, continuó trabajando como enfermera hasta 1951, cuando se casó. Tuvo tres hijos y, con el paso de las décadas, la familia se convirtió en una parte esencial de su vida. Ahora disfruta de dos nietas y un bisnieto, una nueva generación que representa la continuidad de una historia familiar iniciada hace más de un siglo.

Su vitalidad siempre ha sido notable. Una de las muestras más curiosas de su espíritu llegó con motivo de su centenario, cuando Carme pidió un ordenador de regalo. En lugar de mirar las nuevas tecnologías con distancia, quiso acercarse a ellas y aprender, una muestra de su espíritu curioso y abierto a los cambios del mundo que la había visto crecer.

Hasta los 105 años, era completamente autónoma y continuaba estudiando inglés y francés. No se limitó a observar cómo cambiaba el mundo a su alrededor, sino que mantuvo las ganas de aprender y de continuar activa. Hasta hace unos meses, además, cantaba en una coral. (¿Quién de nosotras puede decir lo mismo?).

Su trayectoria tampoco ha estado exenta de problemas de salud. A pesar de haber tenido que pasar por algunas operaciones, como la del fémur, o superar una infección en el muslo, siempre se ha recuperado satisfactoriamente. Hoy vive en Taradell con su hija y continúa disfrutando del día a día, después de haber superado una cantidad de experiencias que difícilmente cabrían en una sola vida.

Un fenómeno creciente en Cataluña

Carme Noguera no es la única. El fenómeno de los centenarios está en aumento y cada vez son más las personas que llegan a los 100 años en Cataluña. Según el Idescat, Cataluña cuenta con 3.139 personas de 100 años o más, una cifra récord que no para de subir. Detrás de este número hay miles de historias personales que han atravesado décadas de cambios sociales, políticos y tecnológicos.

Ella misma quiso conocer a Maria Branyas, que fue la persona más vieja del mundo y también de Olot. Este encuentro representa una conexión especial entre dos mujeres que vivieron más allá de lo extraordinario y que comparten, además, un mismo origen. Dos trayectorias capaces de mostrar hasta qué punto puede llegar a alargarse una vida humana.

La historia de Carme es un espejo donde nos podemos mirar. No solo por su edad, sino por todo lo que ha vivido y por la manera en que ha afrontado los cambios y las dificultades. Su trayectoria nos obliga a reflexionar sobre nuestra propia vida y sobre la importancia de cada momento que tenemos delante.

¿Qué estamos aprendiendo de estas generaciones que lo han vivido todo? Su legado es un recurso inestimable para nuestro futuro y el de nuestras familias. Historias como la de Carme Noguera nos recuerdan que detrás de cada número, de cada aniversario y de cada récord de longevidad, hay una vida llena de decisiones, dificultades, aprendizajes y momentos que merecen ser escuchados. Vale la pena prestar atención a su ejemplo.

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