Las esquinas de las ciudades pueden ser un buen medidor del paso del tiempo. En el caso de Barcelona, las esquinas de zonas como el Eixample han albergado grandes joyas arquitectónicas, pero también han sido objeto de reformas más contemporáneas que han desfigurado completamente algunos cruces. Este antes y después es palpable en la comparación de fotografías. Si la semana pasada os proponíamos un viaje en el tiempo al pasado irreconocible de dos grandes avenidas de la ciudad, esta semana nos centramos en otra arteria como es el paseo de Gràcia. La fotografía protagonista de este artículo fue compartida hace unas semanas por el usuario Catalunya Color, un perfil que se dedica a poner color a instantáneas antiguas en blanco y negro de todo el territorio catalán. El documento gráfico publicado en las redes data del 1925 y muestra el cruce entre el paseo de Gràcia y la Gran Vía de las Cortes Catalanas. En concreto, la esquina del lado mar y lado Besòs. Encontramos varios vehículos y carros en primer plano y, al margen izquierdo de la imagen, una serie de construcciones que se erigen al fondo.
El paseo de Gràcia, c. 1925. pic.twitter.com/ZmTkzMHivK
— Catalunya Color (@CatalunyaColor) September 2, 2026
El edificio ubicado en el centro de la esquina tiene unos cuatro pisos de altura. Era conocido con el sobrenombre de Casa Enric Losada, en honor al promotor que la hizo construir alrededor del 1870 y que ubicó durante muchos años su residencia allí. A su lado, encontramos las llamadas Casas Rocamora, un conjunto arquitectónico construido entre 1914 y 1917 y obra del arquitecto Joaquim Bassegoda i Amigó. El promotor de las tres fincas que conforman esta edificación -que ocupa buena parte de la fachada de la esquina hasta el cruce con la calle de Casp- fue el empresario Antoni Rocamora i Pujolà y siguen el estilo de inspiración gótica que predominaba durante el primer tercio del siglo XX.

Un siglo de cambios
Desde la fecha en que se retrató esta esquina del paseo de Gràcia, ha pasado más de un siglo. En este tiempo, el lugar ha sufrido numerosos cambios que han dejado víctimas patrimoniales, pero también supervivientes. En la década de los cincuenta, Banco Rural y Mediterráneo compró la Casa Enric Losada para demolerla y erigir su nueva sede. La entidad bancaria proyectó la construcción de un edificio monumental en el solar resultante con la voluntad de romper moldes en una zona de la ciudad aún caracterizada por un perfil bastante clásico. El proyecto estuvo a cargo del arquitecto Agustí Borrell, autor de otras construcciones ilustres de la capital catalana como la sede del actual Colegio de Abogados de Barcelona o del Hotel Manila. Borrell planteó un imponente inmueble de aspecto sobrio y estilo racionalista con un cuerpo central y dos laterales llenos completamente de grandes ventanas. En el centro del edificio, propuso erigir un gran espacio flanqueado por columnas y enormes ventanales que se alzaría por encima del resto de la finca coronándola como si fuera una torre.

Así nació el inmueble actualmente conocido por la gran tienda de Zara que hay en los bajos, el mismo edificio que en el decimotercer piso acogió entre los sesenta y los ochenta la Terraza Martini, un lugar único de vistas privilegiadas transformado en coctelería que fue punto de encuentro de la alta sociedad barcelonesa durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX.

Si la Casa Enric Losada fue una víctima de este paso del tiempo, las Casas Rocamora fueron unas supervivientes. Las construcciones fueron protegidas como Bien Cultural de Interés Local (BCIL) y aún se encuentran en pie hoy en día. Destacan las imponentes tribunas, la decoración escultórica en piedra y la gran torreta semicircular de la esquina, que termina con una cúpula cónica y confiere a todo el conjunto un aire de fortaleza medieval. Las cinco cúpulas están cubiertas de cerámica de colores anaranjados que cambian de tonalidad en función de la luz.


