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La Galia de Montjuïc reclama la deuda de 50 años de desinversión

En la intersección entre las calles de la Guatlla y de Chopin, hay un muro de piedra medio en ruinas con un número 36 incrustado en azulejo azul. Hace prácticamente 26 años que estas cifras no corresponden a ningún edificio ni vivienda. La casita que se erigía en este punto del barrio de la Font de la Guatlla, a la falda de Montjuïc, fue demolida durante la primera fase de demoliciones que se llevó a cabo a principios del siglo XX. Toda la parte alta de esta zona de la capital catalana estaba entonces calificada como zona verde en el Plan General Metropolitano (PGM) de 1976 y debía ir abajo. Vivían aproximadamente un centenar de familias. Quedaron un poco más de la mitad. Diez años después, la segunda fase de demoliciones desnudó el corazón del vecindario eliminando dos filas enteras de casitas bajas. Esto dejó un total de cuarenta familias, las mismas que aún hoy resisten en el llamado Turó de la Guatlla. Si lo hacen es gracias a la lucha vecinal, que después de años de movilizaciones logró desafectar definitivamente las viviendas a principios de 2020.

«La casa del número 36 es un símbolo para nosotros. A las personas que vivían allí las indemnizaron con cuatro duros para echarlas y luego no hacer nada. Es una historia muy triste, pero es la de muchos vecinos del barrio […] Mi abuela murió pensando que su casa iba a ir abajo«, explica Álex Casero, portavoz de Salvem el Turó, la entidad que agrupa al vecindario de la zona. La amenaza de demolición que planeó durante más de cuarenta años sobre los domicilios hizo que sus inquilinos hicieran el mantenimiento mínimo, evitando invertir en grandes reformas. Tampoco puso dinero el Ayuntamiento de Barcelona ni la Generalitat, generando una desinversión flagrante comparada con otros barrios que aún se arrastra medio siglo después. «Esto nos habla de la calidad de vida de las personas. Mucha gente ha malvivido durante décadas por una decisión urbanística absurda«, lamenta. Este abandono de las administraciones implica que buena parte de las calles aún tengan alumbrado sin soterrar, que el alcantarillado no llegue a todas las casas o que haya tramos sin asfaltar. Sin embargo, también ha servido para preservar un aura de pueblo ya casi imposible de encontrar dentro de la gran Barcelona.

Barrio de la Font de la Guatlla. 17.04.2026, Barcelona foto: Jordi Play para totbarcelona.cat

Seis años después del respiro que fue la desafectación, la situación sobre el terreno sigue prácticamente igual en el Turó de la Guatlla. Es cierto que muchos vecinos han aprovechado el indulto para desbloquear durante este tiempo las reformas pendientes de sus domicilios. En la vía pública, sin embargo, las actuaciones prometidas aún no se han visto. Esto debería cambiar en las próximas semanas, cuando está previsto que comiencen las esperadas obras de reurbanización de la zona. Los trabajos tienen un presupuesto de hasta cuatro millones -que se reparten entre la parte alta y baja del barrio- y consistirán en intervenciones para mejorar la movilidad y la accesibilidad en seis calles. Partiendo de este medio siglo de abandono, cualquier inversión es bienvenida entre los afectados. Sin embargo, el vecindario no está ni mucho menos satisfecho con la hoja de ruta impulsada por el consistorio barcelonés. La razón principal de este descontento es que el planeamiento que debe cambiar la fisonomía de este rincón de Montjuïc no ha contado con la participación de sus habitantes. Nadie les ha preguntado qué quieren ni cómo. Tampoco qué necesitan o cuáles son sus prioridades.

Barrio de la Font de la Guatlla. 17.04.2026, Barcelona foto: Jordi Play para totbarcelona.cat

«Desde el último cambio de gobierno no hemos tenido ninguna reunión con el Ayuntamiento. No nos han tenido en cuenta a la hora de hacer el plan y eso es una falta de respeto porque hemos sido actores principales en el proceso de desafectación», recalca Casero. Como era de esperar, esta falta de comunicación de la administración con el vecindario ha hecho que muchas de las decisiones urbanísticas tomadas no tengan el consenso de los inquilinos y que tampoco se aborden las necesidades de los afectados. Un ejemplo muy claro es la decisión municipal de no urbanizar la calle de la Dàlia, una de las dos arterias principales del barrio, junto con la de la Gualta. La vía es la única de las siete que conforman el turó que queda fuera del plan de reforma, a pesar de concentrar prácticamente el 40% de las familias afectadas. «Cuando hemos preguntado, no nos han dado mucha explicación, solo que no era una prioridad», asegura el portavoz. También se ha optado por impulsar una serie de cambios de sentido en ciertas calles que complican la movilidad de los vecinos y se propone instalar en una de las futuras zonas verdes un gran tobogán que genera división de opiniones. Quizás lo más flagrante es que en ningún momento se ha puesto sobre la mesa ningún paquete de ayudas para la retirada de amianto, presente en la mayoría de los tejados, o la rehabilitación de viviendas y edificios, uno de los grandes caballos de batalla de Salvem el Turó.

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Barrio de la Font de la Guatlla. 17.04.2026, Barcelona foto: Jordi Play para totbarcelona.cat

Recorrido por un barrio de solares y rampas improvisadas

El tramo de muro lleno de simbolismo presidido por el número 36 es el punto de encuentro fijado con Oscar Julià y Santiago Agut. Ambos son vecinos del barrio y son los encargados de hacernos una ruta por los callejones empinados que configuran este pueblo dentro de Barcelona. Comenzamos el recorrido subiendo la calle de la Guatlla hasta la intersección con la de Crisantemo. A un lado, hay un solar devorado por las malas hierbas. Al otro, un edificio bien plantado y bien conservado. «Aquí se ve perfectamente la diferencia que hay entre la parte del barrio que estaba afectada urbanísticamente y la que no. Entre la inversión y la desinversión», reflexiona Julià.

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Barrio de la Font de la Guatlla. 17.04.2026, Barcelona foto: Jordi Play para totbarcelona.cat

Seguimos camino arriba hasta el paso de Valls, un pasaje que separa dos filas de casas construidas para los trabajadores gallegos que acudieron a la ciudad para preparar la Exposición Universal de 1929. El lugar tiene una magia especial, difícil de poner en palabras, que te transporta a otro lugar. Julià tiene 57 años y desde hace más de dos décadas es el propietario de una de las viviendas en esquina. «¿Cómo no iba a querer quedarme aquí?», dice mostrando orgulloso su casa. A pesar de su apariencia magnífica, la parte posterior del pasaje aún no está conectada al alcantarillado y la mayoría de los tejados son de uralita. «Hemos arreglado cosas, pero nuestra economía no da para todo», admite. «Aquí solo se habla de hormigón y de jardines, pero nada de ayudas», añade Agut, de 61 años.

Barrio de la Font de la Guatlla. 17.04.2026, Barcelona foto: Jordi Play para totbarcelona.cat

Continuamos la ruta por una plaza sin nombre, formada a partir de la combinación de solares de las dos fases de demolición. En las parcelas vacías, crecen descontroladamente las malas hierbas. En uno de los terrenos, un caminito de hormigón conecta con una de las casas sobrevivientes. «Aquí vive una señora mayor que va en silla de ruedas. Como no podía salir de casa, le hicimos esto», explica uno de los guías. Antes de la actuación de sus vecinos, el Ayuntamiento ya había instalado una especie de rampas también de hormigón, pero eran imposibles de salvar para la mujer debido a su elevado pendiente, por encima de lo que marca la normativa.

Barrio de la Font de la Guatlla. 17.04.2026, Barcelona foto: Jordi Play para totbarcelona.cat

Nos interrumpe una pareja de turistas desorientados. «¿A dónde quieren ir?», les pregunta uno de nuestros guías. «Al Poble Espanyol», responden. «Pues lo tienen justo allí al fondo», dicen ambos, casi al unísono. Se nota que esta es una escena habitual en el barrio, la parte superior del cual está a escasos metros del recinto cultural. Esta proximidad es uno de los quebraderos de cabeza del vecindario, ya que la celebración de eventos multitudinarios en las instalaciones hace que los residentes tengan que convivir con el ruido y las basuras de las botellones.

Barrio de la Font de la Guatlla. 17.04.2026, Barcelona foto: Jordi Play para totbarcelona.cat

Al otro lado de los solares de la placita vive Agut con su madre, de 97 años. Su abuelo llegó al Turó de la Guatlla poco antes del estallido de la Guerra Civil y después de que lo echaran de la barriada de Can Tunis para hacer la Zona Franca. «Le dieron algunas pesetas y, como le tocó un pico de lotería, pudo comprar la planta baja de la casa. Entre él y mi padre, construyeron después los otros pisos», explica. Como muchos otros inquilinos de la zona, ella ha ido haciendo a lo largo de los años pequeñas reformas para poder vivir dignamente. «Aquí estábamos abandonados, así que cada uno hacía lo que podía», reconoce. El nuevo plan de urbanización prevé dejar el edificio del número 7 de la calle d’Hortènsia sin su vía de acceso principal, lo que dificultaría la entrada de una ambulancia o de los Bomberos, por ejemplo. «Es tan ridículo», se limita a comentar.

Barrio de la Font de la Guatlla. 17.04.2026, Barcelona foto: Jordi Play para totbarcelona.cat

Durante todo nuestro recorrido, queda claro que moverse por el barrio implica salvar desniveles constantemente. «Otra cosa no, pero ejercicio sí que hacemos», bromean. La instalación de alguna escalera automática era una de las medidas que el vecindario hubiera puesto sobre la mesa si alguien les hubiera preguntado. También habrían insistido en la necesidad de incluir la calle de la Dàlia dentro del planeamiento. No solo es una de las vías más transitadas por el vecindario, sino que también es un circuito habitual de las autoescuelas. Las aceras son tan estrechas en muchos tramos que tienes que colarte en fila india para no invadir la calzada. «Creo que no pedimos ninguna barbaridad. Aquí hay una deuda de más de cuarenta años de desinversión y solo queremos un poco de consenso. Colocar un parche sería una oportunidad perdida», concluye Julià.

L'Oscar Julià i en Santiago Agut, dos dels veïns de la barriada del Turó de la Guatlla, que arrossega mig segle de desinversió / A.R.
Oscar Julià y Santiago Agut, dos de los vecinos de la barriada del Turó de la Guatlla, que arrastra medio siglo de desinversión / A.R.

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