«Antes de tres meses, evidentemente, porque ya será el Grand Départ, haremos una presentación algo más técnica sobre la reforma del Velódromo de Horta«. Estas palabras son del concejal de Deportes del Ayuntamiento de Barcelona, David Escudé. Las pronunció durante la Comisión de Derechos Sociales, Cultura y Deportes celebrada el pasado 14 de abril, a raíz de una propuesta presentada por el grupo de Barcelona En Comú y aprobada prácticamente por unanimidad, que pedía precisamente aprovechar el Tour de Francia para abordar la largamente reclamada remodelación tanto de las instalaciones como de su entorno. El compromiso que adoptó el concejal socialista parecía claro: presentar antes del inicio de la competición francesa el plan de obras para la instalación barcelonesa, con un calendario y presupuesto. El evento deportivo arrancó el pasado 4 de julio, con menos público del previsto y muchos turistas, y sin noticias de ninguna propuesta formal de reforma del equipamiento.
Tampoco se ha presentado ninguna en los días posteriores al inicio del Tour de Francia, hasta el punto de que los participantes ya hace días que han cruzado al otro lado de los Pirineos y en Barcelona no se ha hecho nada. El único movimiento al respecto fue la elección del Velódromo como escenario de una entrevista que Jaume Collboni coincidió hace unos días en Mundo Deportivo. El alcalde confirmaba allí la intención de hacer una «inversión muy importante» en las instalaciones de cara al próximo mandato, precisando que la cobertura total del recinto y su actualización serían el «legado» del paso de la prueba reina del ciclismo por la ciudad. Ahora bien, no precisaba ni la inversión prevista ni un plazo más allá de las elecciones municipales del 2027. De hecho, desde el mismo distrito de Horta – Guinardó confirman que todavía no tienen ningún proyecto sobre la mesa sobre esta remodelación del recinto anunciada por Escudé hace ahora tres meses.

Siempre con un ojo puesto en el cielo
A la espera de este prometido cambio de imagen, el único legado que por ahora ha dejado la competición francesa en el Velódromo es un pequeño circuito de habilidad para bicicletas montado sobre las gradas y con el logotipo del Tour de Francia bien visible. Solo hay que hacer el ejercicio de dar una vuelta completa a las instalaciones desde la parte reservada al público para darse cuenta de que esta joya arquitectónica del 1984 ha vivido tiempos mejores. Toda la estructura de las gradas está llena de agujeros, la pintura ha caído, en los asientos se acumula el polvo y en el suelo crecen las malas hierbas entre la basura. Ahora bien, el recinto proyectado por los arquitectos Esteve Bonell y Francesc Rius no solo puede presumir de haber ganado antaño el prestigioso premio FAD de Arquitectura, sino también de haber acogido el mejor ciclismo en pista del mundo durante los Juegos Olímpicos de 1992. Después de muchos años de ostracismo, el espacio ya hace un tiempo que ha recuperado una actividad constante. Esto es, en buena parte, gracias a la presencia de la Federación Catalana de Ciclismo, que tiene su sede y una escuela formativa allí.
«El espacio había caído en desuso y el Ayuntamiento nos planteó a principios de los 2000 si queríamos ir allí. Cambiamos la sede social para intentar darle vida y actividad y porque entendíamos que no podíamos estar en un lugar mejor que un recinto referente del ciclismo», apunta en una conversación con el TOT Barcelona Carles Ferrer, presidente de la Federación. La entidad lleva muchos años detrás del cubrimiento y actualización de las instalaciones. Las primeras propuestas datan aproximadamente del 2009 y la más reciente hasta ahora era el proyecto que se puso sobre la mesa del consistorio en el 2010 para intentar mejorar la iluminación del Velódromo, que no cumple con los requisitos que marcan los organismos internacionales. Sin embargo, el principal problema es la exposición a los cambios meteorológicos. «Una de las pruebas que celebramos aquí la tuvimos que cambiar de fecha hasta tres veces antes de suspenderla por las lluvias«, explica. Ferrer también apunta que hay toda una parte de la pista a la que no le da el sol y se congela cuando hace mucho frío, de modo que tampoco se puede utilizar.

A pesar de sus condicionantes actuales, el equipamiento todavía mantiene un cierto prestigio dentro del circuito del ciclismo en pista europeo y mundial. «Es un Velódromo que está muy bien considerado por la madera que tiene, que se renovó no hace mucho y es muy rápida«, señala el presidente federativo. Tanto es así que el Trofeo Internacional Ciudad de Barcelona de Ciclismo en Pista ya lleva casi una veintena de ediciones a sus espaldas. Ferrer considera que se necesita una inversión importante para poner al día las instalaciones en el sentido más amplio de la palabra, pero cree que el verdadero punto de inflexión sería su cubrimiento. «Es una pena que no se pueda sacar más provecho al Velódromo porque el rendimiento del recinto cubierto sería totalmente diferente. Así no estaríamos supeditados a los cambios de tiempo cada vez que tenemos entrenamientos o una prueba […] Sería un paso adelante para el ciclismo de Barcelona y Cataluña», remarca.
Desde la Federación Catalana de Ciclismo creen que ahora es el momento de invertir en el equipamiento, sobre todo teniendo en cuenta que en otros puntos del estado ya se han puesto dinero para cubrir y actualizar otros velódromos. «Esto nos ha situado en una situación más atrasada que otras federaciones, aunque mantenemos nuestro nivel deportivo en participación y resultados», precisa. Sobre por qué no se ha hecho antes, Ferrer tiene claro que al final todo recae en la agenda política: «La reforma es una cuestión de intereses. Llevamos muchos años de déficits, pero hasta ahora no ha habido una apuesta municipal real […] A ver si ahora que ha venido el Tour aprovechamos y conseguimos hacerlo realidad. Nos consta que hay esta intención».

Acercar el equipamiento al barrio de Horta
La esperada remodelación del Velódromo parece que vendrá acompañada de una transformación de su entorno. Esto debería beneficiar a los barrios de Montbau y, sobre todo, de Horta, la conexión con el cual ahora es a través de un empinado camino no muy amable. «Llegar hasta aquí es un poco complicado. Tienes dos líneas de autobús que te acercan, pero, si quieres coger el metro, tienes que hacer transbordo aunque estés al lado», asegura Mokhtar Ayouni, presidente de la Asociación de Vecinos y Vecinas de Horta. Para encontrarse con nosotros, el líder vecinal -involucrado desde hace más de una década en el barrio donde llegó el año 1994- ha decidido acceder a pie, superando un desnivel importante. «Creo que los vecinos de Horta no se lo han hecho del todo suyo porque se ve como un equipamiento más profesional y de ciudad, que va más allá del barrio», reflexiona. Y añade: «No hemos constatado que haya una preocupación entre los ciudadanos para que se reforme, había más interés quizá con el palacio del Laberinto de Horta. Ahora bien, somos conscientes de que es un equipamiento histórico y único, así que valoramos positivamente que se lleve adelante la reforma. Y si sirve para mejorar el entorno, será positivo«.
Con la transformación de los alrededores del Velódromo, se abre la posibilidad de que el recinto pueda volver a abrirse a la ciudad como escenario de eventos o actuaciones. Algunos veteranos recordarán incluso un concierto que El Último de la Fila hizo allí mucho antes de su disolución y más reciente reencuentro. «No debemos perder de vista que es una instalación ciclista y deportiva. El resto de actividades deben ser complementarias para garantizar que sea rentable para el Ayuntamiento y las entidades», puntualiza al respecto el presidente de la federación ciclista.


