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El incendio en Nou Barris reaviva la preocupación por el ‘polvorín’ de Collserola
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«Es una pena que tenga que pasar algo así para que se nos haga caso con el tema de Collserola». Estas palabras son de Valeria Ortiz, presidenta de la Asociación de Vecinos de Torre Baró. Las pronunció este miércoles por la mañana en una conversación con el concejal del distrito de Nou Barris, Xavier Marcé, después de que el incendio declarado la tarde anterior en la zona vecina de Canyelles obligara a desalojar a una treintena de familias y confinara dos barrios enteros, Torre Baró y Ciutat Meridiana. Ortiz hacía referencia a las numerosas advertencias que desde la entidad han hecho llegar en los últimos cuatro años al Ayuntamiento sobre la falta de mantenimiento en ciertos puntos del parque y la gran cantidad de combustible en forma de restos vegetales que queda en el medio natural cada vez que se realizan podas. «Hace tiempo que alertamos que hay árboles enfermos y que las podas aumentan el peligro […] Si hay una asociación de vecinos o una plataforma que avisa del mal mantenimiento de la montaña, preocupémonos y hagámosle caso porque después pasa esto«, aseguraba.

Ceniza acumulada en la terraza de Ángeles, una de las vecinas de la calle de Llicà de Torre Baró que tuvo que ser desalojada por el incendio / A.R.
Ceniza acumulada en la terraza de Ángeles, una de las vecinas de la calle de Llicà de Torre Baró que tuvo que ser desalojada por el incendio / A.R.

La presidenta vecinal agradecía a Marcé la respuesta de la administración, pero insistía en la necesidad de aprender de este suceso para evitar que puedan repetirse nuevos incendios aún más virulentos. «Hace seis meses que no pisamos nuestra montaña. Cuando podamos hacerlo, veremos qué encontramos. Guardémonos esto y que sirva para trabajar en este sentido«, indicaba, recordando las restricciones de movilidad y acceso al parque natural decretadas por el brote de la peste porcina africana. Esta preocupación manifestada por Ortiz no es nueva. Vecinos y entidades de los diferentes barrios de montaña de Barcelona llevan tiempo alertando de esta falta de mantenimiento en ciertos puntos de la sierra y de la necesidad de invertir en gestión forestal para evitar los efectos devastadores que podría tener un gran incendio. Una de esas voces es la de Salva Ferran, vecino del barrio de Vallvidrera y miembro de la asociación Collserola Paisaje Vivo, que agrupa a ciudadanos de los diferentes municipios que conforman el parque natural. Este bombero jubilado fue uno de los impulsores de los planes de autoprotección de la zona en 1994, cuando varios incendios en Collserola y en el Montseny despertaron el miedo entre los diferentes núcleos urbanos repartidos por las más de 8.000 hectáreas de sierra.

Efectivos de los Bomberos de Barcelona desplegados por el incendio que ha afectado a Torre Baró y Ciutat Meridiana / A.R.
Efectivos de los Bomberos de Barcelona desplegados por el incendio que ha afectado a Torre Baró y Ciutat Meridiana / A.R.

Gracias a esta hoja de ruta, se comenzaron a realizar tareas preventivas para reducir la masa forestal que podría actuar como combustible. Los planes fueron todo un éxito y se han ido renovando en coordinación con los Bomberos de Barcelona y la Asociación de Vecinos de Vallvidrera. Sin embargo, para muchos vecinos de las zonas de montaña de la capital catalana, el despertar de conciencia llegó con la emisión por televisión de L’amenaça incandescent, un documental donde se alertaba que, si se daban las condiciones idóneas, toda la sierra de Collserola podría arder en solo seis horas. El escenario ideal para la propagación de este gran incendio se da varios días del año y deja completamente expuesta la vulnerabilidad especial que tiene la parte barcelonesa del parque por las condiciones de insolación, el tipo de vegetación y los diferentes vientos que la afectan. Se ha visto precisamente este agosto, cuando la zona forestal de la capital catalana ya ha sufrido dos incendios importantes: este último declarado en Nou Barris y el que tuvo lugar hace unas semanas en la zona de Sant Pere Màrtir, en el límite con el municipio de Esplugues de Llobregat.

Tramos de zona forestal quemada por el incendio que ha afectado a Torre Baró y Ciutat Meridiana / A.R.
Tramos de zona forestal quemada por el incendio que ha afectado a Torre Baró y Ciutat Meridiana / A.R.

Actuaciones contra un abandono de más de cincuenta años

Desde 2021 y a raíz de esta creciente preocupación, Collserola Paisaje Vivo ha impulsado múltiples formaciones en escuelas y entidades de la zona y ha endurecido la presión a las administraciones competentes para que inviertan en esta gestión forestal. También se ha avanzado con diversas iniciativas para la recuperación de las actividades agrícolas o de ganadería, ya sea a través de la introducción de rebaños de ovejas o de burros o bajo programas como Alimentem Collserola, que cuenta con el apoyo del Consorcio del Parque Natural de la Sierra de Collserola. Una de las medidas más importantes que se han tomado al respecto en los últimos años ha sido la definición de las zonas que necesitan una gestión forestal prioritaria teniendo en cuenta el posible comportamiento del fuego y las dificultades que pueden tener los efectivos para acceder a ellas en caso de necesidad. En concreto, se establecieron en coordinación con los Bomberos de Barcelona y de la mano de la Fundación Pau Costa una serie de puntos estratégicos donde la realización de trabajos de gestión forestal permitiría romper la dinámica de los incendios, reduciendo su virulencia y facilitando la respuesta de los efectivos ante el fuego. Estas franjas seccionaban los valles, creando zonas de baja combustibilidad separadas entre sí por entre cincuenta y cien metros de ancho.

«No se han hecho todas, pero sí las más importantes, priorizando los puntos que tenían una carga más grande de combustible», reconoce Ferran, que considera que se ha hecho mucho trabajo al respecto, aunque todavía queda camino por recorrer. «El abandono de la montaña es de más de cincuenta años. No se puede revertir así como así, es una tarea a largo plazo«, añade. A pesar de los avances, el bombero jubilado lamenta que este año haya bajado el ritmo de ejecución de las franjas y también el impulso de proyectos de gestión forestal. «Es un año nefasto. Es verdad que las restricciones por la peste porcina han ayudado a bajar la presión sobre el territorio porque accede menos gente, pero también hay mucha más masa combustible«, alerta. Uno de los entornos especialmente frágiles es el tramo de sierra que va desde la Vall d’Hebron hasta el Besòs, donde precisamente ha tenido lugar este último fuego. «Siempre es donde hay más incendios por el tipo de material que encontramos, que es muy combustible y por la presión humana sobre el territorio, que es muy fuerte». Ferran cree que la solución para evitar nuevos episodios debería pasar por recuperar pequeños rebaños trashumantes que puedan hacer un mantenimiento continuo de la zona. A la espera de una reacción por parte de las administraciones, el vecino de Vallvidrera celebra que al menos haya una sensibilidad mayor entre la ciudadanía: «No se está haciendo mucho mantenimiento, pero sí ha cambiado la lógica, tanto la población como las administraciones cada vez son más conscientes del valor que tiene Collserola».

El riesgo de incendio sigue siendo elevado en la Sierra de Collserola / Mireia Comas

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