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Cuarenta años del nombramiento de Barcelona como ciudad olímpica: «À la ville de…»
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El 17 de octubre de 1986, la historia de la Barcelona contemporánea cambió para siempre. Aquel día, a la una y media de la tarde, en el Palais de Beaulieu de Lausana, el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), el catalán Joan Antoni Samaranch, pronunció una frase que ha quedado en la memoria de generaciones de barceloneses y catalanes: «À la ville de… Barcelona», diciendo el nombre de «Barcelona» en catalán. La capital de Cataluña competía con Ámsterdam, Belgrado, Birmingham, Brisbane y París para acoger los Juegos Olímpicos del 92 y ganó. Seis años después del nombramiento como ciudad olímpica, Barcelona organizó los mejores Juegos que se han celebrado hasta ahora.

La delegación barcelonesa en Lausana estaba encabezada por el alcalde Pasqual Maragall. Las palabras de Samarach fueron recibidas con un estallido de alegría. En Barcelona, miles de personas se habían concentrado en la plaza de Cataluña para ver la retransmisión del acto por TVE. La plaza estaba llena de senyeras. El éxtasis colectivo se apoderó de la ciudad. Horas después, Maragall se dirigió a la ciudad desde la avenida de Maria Cristina: «Barceloneses, ya hemos ganado». «Hoy es un gran día para la ciudad de Barcelona… Lo que es bueno para Barcelona es bueno para Cataluña. Y lo que es bueno para Cataluña es bueno para España». Maragall estuvo acompañado del presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, y el exalcalde Narcís Serra, primer impulsor del proyecto olímpico.

Celebración en la plaza de Cataluña del nombramiento de Barcelona como ciudad olímpica, el 17 de octubre de 1986 / Fundación Barcelona Olímpica

35.000 voluntarios con un papel clave

El hecho de que Barcelona organizara los Juegos supuso una transformación muy profunda, con la apertura de la ciudad al mar, la construcción y modernización de infraestructuras, como las rondas de Dalt y Litoral, la ampliación de la red de metro y el aeropuerto del Prat, que duplicó su capacidad. También se adecuaron equipamientos deportivos, algunos de los cuales están ahora abandonados. Se renovó el Estadio Olímpico y las piscinas Bernat Picornell, y se edificó el Palau Sant Jordi, entre otras instalaciones. Después de las Olimpiadas, la Villa Olímpica, en el distrito de Sant Martí, se convirtió en un nuevo barrio de la ciudad.

Los Juegos también dejaron un legado único hasta entonces: 35.000 voluntarios participaron en la organización y desarrollo de las Olimpiadas en tareas tan diversas como asistencia a los atletas, apoyo a la prensa, presencia en los escenarios olímpicos… Su papel fue clave en el éxito de los Juegos. Las Olimpiadas de Barcelona se inauguraron el 25 de julio y concluyeron el 9 de agosto.

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