Barcelona ha entrado este mes de septiembre en el último curso político antes de las elecciones municipales del 23 de mayo de 2027. De las diferentes encuestas publicadas hasta ahora, incluido el Barómetro que realiza el propio Ayuntamiento, todas apuntan a una victoria del PSC de Jaume Collboni con ERC, con Elisenda Alamany como candidata a la alcaldía, en segunda posición. El pleno municipal, que pasará de 41 a 43 concejales por el aumento de población, podría llegar a tener hasta ocho formaciones políticas: PSC, ERC, Barcelona en Comú, Junts, PP, Vox, CUP y Aliança Catalana (AC). Más allá de la posible victoria de Collboni, el segundo titular que dejan las encuestas es que el partido de Sílvia Orriols entrará en el Ayuntamiento. Y podría comenzar con fuerza, con cinco o seis concejales, si se cumpliera lo que pronostica el sondeo que el Periódico publicó el día de la Mercè, que también refleja un Collboni que no acaba de rentabilizar el cargo y podría perder un concejal. También bajaría Junts –de 11 sillas a 5 o 6– y ERC podría subir uno o dos concejales. La política catalana lleva meses viviendo un terremoto que afecta incluso al PSC y en el que AC encuentra terreno abonado, y en Barcelona también se empieza a notar.
Una agenda marcada por la seguridad y la inmigración
El TOT Barcelona ha analizado con dos politólogos el crecimiento de Aliança Catalana en Barcelona. Para Jordi Crisol, profesor del máster en Comunicación Política e Institucional de la Barcelona School of Management de la UPF y del máster en Marketing Político del Institut de Ciències Polítiques i Socials (ICPS), la irrupción de Aliança Catalana en la ciudad se explica por tres motivos. El primero es la crisis de Junts en Barcelona, «que deja huérfano un voto catalanista más conservador». Pero también tiene un peso específico el hecho de que la agenda municipal está muy marcada por la seguridad, el incivismo y el debate sobre la inmigración. Una tercera razón, más de fondo, es que «Aliança rompe un tabú, porque permite votar a una derecha dura sin tener que votar a un partido español». El Barómetro municipal del verano situaba a AC como cuarta fuerza, por delante de Junts, Vox y PP. La encuesta de ‘El Periódico’ apunta que luchará por ser el tercer partido con más concejales. «Y eso sin un candidato conocido en Barcelona. Hoy se vota más la marca que la persona», sostiene Crisol. A finales de junio, Aliança nombró candidato aJordi Aragonès, considerado el ideólogo del partido.

Junts en «horas bajas» y posible captación de votos también del PSC
Andreu Paneque, profesor de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y miembro del Grupo de Investigación sobre Instituciones y Actores Políticos del Departamento de Ciencia Política de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), considera que uno de los puntos clave que explica la posible entrada de Aliança en el Ayuntamiento es que «las temáticas y las preocupaciones de la ciudadanía en el ámbito nacional, regional y local son las mismas» en Cataluña y Barcelona. En otro municipio, las preocupaciones y el sentido del voto podrían cambiar, pero no es el caso de Barcelona. Paneque opina que ahora mismo los conflictos políticos están basados en cuestiones ideológicas, con «una pugna muy polarizada entre la derecha y la izquierda». Temas como la seguridad y la inmigración están sobre la mesa. El politólogo coincide con su homólogo en el hecho de que Junts atraviesa «horas bajas». Apuntan que la formación de Carles Puigdemont ha llegado tarde en posicionamientos como la inmigración y se ha encontrado con un competidor que se le ha situado en el extremo.
Crisol destaca que Aliança arañará muchos votos de Junts, que en Barcelona tiene como candidato a Jordi Martí Galbis, mano derecha de Xavier Trias durante décadas. «Creo que el grueso vendrá del antiguo espacio convergente, pero no descartaría que también pueda captar votantes del PSC, incluso más que de ERC. Hay una parte del voto socialista que, a pesar de no ser independentista, puede sentirse atraída por el discurso de Aliança sobre inmigración, seguridad y convivencia», valora Crisol. El politólogo cree que sería un error pensar que el eje nacional sigue siendo una barrera infranqueable. «Para algunos votantes, estas preocupaciones pueden acabar pesando más que la cuestión nacional. Y esto abre una frontera electoral que hasta hace poco parecía impensable».
El posicionamiento territorial
Paneque piensa que se deberían analizar datos y encuestas de opinión para afinar más, pero confirma que una parte importante de los votos de Aliança serán de Junts. Por otro lado, votantes de Vox y Aliança pueden coincidir en temas como la seguridad y la inmigración en unas elecciones como las de Barcelona, pero habrá personas que se inclinarán por AC por razones «territoriales», en este caso por ser un partido independentista. A la inversa, como AC no se presentará a las elecciones del 29-N, según ha dicho, muchos de los votos pueden irse hacia Vox, pero también hacia Junts o el PSC, subraya Paneque.

Una «misma tendencia»
El profesor de la UOC considera que «el auge de la extrema derecha en Europa, Cataluña y Barcelona forma parte de una misma tendencia», pero cree que es difícil saber el recorrido que puede tener en un futuro. «Depende de muchas cuestiones», por ejemplo de la evolución y el posicionamiento que acabe teniendo Junts y la reestructuración o «los movimientos que la extrema derecha genere en partidos de la izquierda más moderada». Para Paneque, también puede influir si contextos como la inmigración y la seguridad continúan centrando el discurso. Y, incluso, la evolución de la misma Aliança al tratar determinados temas o la institucionalización del partido, que podría «moderar determinados posicionamientos».
Crisol considera que el referente europeo «más parecido a Aliança no es tanto Le Pen como el Vlaams Belang flamenco, que combina nacionalismo y un discurso muy duro contra la inmigración». Pero quiere dejar claro que Cataluña tiene una particularidad: «Dos extremas derechas que compiten desde posiciones nacionales opuestas», lo cual también les «pone límites». Para el politólogo, Barcelona es una ciudad más difícil para Aliança que muchos municipios medianos. Y más que a dónde puede llegar electoralmente Aliança, la cuestión es «hasta qué punto acabará condicionando el discurso del resto de partidos».
Barrios con un voto de centroderecha catalanista fuerte
En las municipales del próximo mayo, Aliança puede obtener votos en barrios «con un voto catalanista de centroderecha tradicionalmente fuerte, como Sant Gervasi, les Corts o la Dreta de l’Eixample», apunta Crisol. Pero también de zonas donde hay una percepción de deterioro de la convivencia y una presencia importante de votantes catalanohablantes, como algunos sectores de Sant Andreu. «En los barrios más castellanohablantes, en cambio, creo que Vox parte con ventaja».

Según Paneque, lo que dicen los estudios y los que han analizado el voto de AC es que hay un comportamiento con relación a la renta “en forma de U invertida”. “Cuanto más a los extremos estén, tanto en cuanto pobres o en cuanto ricos, más probabilidades hay de que voten esta formación”. Por otro lado, y relacionado con el conflicto de clases, hay una segunda dimensión que es la territorial, y lo que acaba decidiendo votar a Aliança o Vox es el posicionamiento de la persona en función si es independentista o nacionalista español.
Para Crisol, el voto hacia Aliança puede ser en parte un voto protesta, pero cree que es un error quedarse solo con esta idea. «Hay gente que tiene la sensación de que el país está cambiando muy rápidamente y que nadie le ha preguntado cómo lo vive. Este malestar existe y debe entenderse aunque no se compartan las soluciones que propone Aliança. Si fuera solo un voto de protesta, podría desaparecer tan rápidamente como ha llegado. Pero cuando entra la identidad, el voto suele arraigar más. Y aquí la clave será si los otros partidos son capaces de dar respuestas creíbles sobre convivencia y seguridad», argumenta el politólogo.
Aliança depende extremadamente del liderazgo de Sílvia Orriols
Finalmente, Crisol sostiene que en el voto de AC puede haber mucha volatilidad, y tanto puede crecer como desinflarse. «Aliança depende muchísimo del liderazgo de Sílvia Orriols, pero unas municipales también van de candidatos, de barrios y de conocer la ciudad. Y aquí aún tiene mucho trabajo por hacer. Si la campaña gira alrededor de la seguridad y la inmigración, tendrá más oportunidades. Si el debate se centra en la vivienda o la gestión de la ciudad, lo tendrá más difícil. No perdería de vista a Junts: buen parte del futuro electoral de Aliança en Barcelona dependerá de si Junts es capaz de recuperar un espacio político propio», concluye.

