Tener un Park Güell 2.0 cerca de casa. Eso es lo que quieren evitar, a toda costa, los vecinos de los búnkeres del Carmel, que desde hace cerca de una década se han convertido en uno de los epicentros del turismo de la ciudad y en una parada obligatoria para el público extranjero que visita la capital catalana, sobre todo cuando llega el buen tiempo. Para evitar las botellonas y las fiestas que se hacían en el espacio de las antiguas baterías antiaéreas del Turó de la Rovira y que los más próximos al recinto tuvieron que sufrir durante varias temporadas, el Ayuntamiento de Barcelona apostó hace tres años por aplicar un cierre nocturno. La medida levantó cierta polvareda, ya que el vecindario temía que la clausura pudiera reactivar el polémico proyecto del parque de los Tres Turons, con el derribo de casi 300 viviendas y la revalorización de la zona. La aplicación de este horario de apertura –entre las nueve de la mañana y las siete y media de la tarde, en horario de verano– ha tenido un efecto, pero no ha servido para erradicar la problemática con las botellonas. Tres años después de la primera noche de clausura del recinto, los mal llamados búnkeres continúan siendo un punto de peregrinación para muchos turistas, que se saltan las restricciones horarias y provocan molestias.
Así lo han ido denunciando en los últimos meses los vecinos, que pedían al consistorio tomar medidas al respecto. «Ya no se hacen macrofiestas dentro como antes, pero seguimos teniendo el mismo problema«, indican desde el Consejo Vecinal del Turó de la Rovira, entidad que engloba a los principales afectados por la situación. Ante este escenario, el consistorio ha anunciado este lunes la creación del Grupo de Impulso y Seguimiento del Turó de la Rovira, un órgano con representación vecinal y de los diferentes grupos políticos que quiere mejorar la gestión del espacio, preservando sus valores patrimoniales y mejorando la convivencia entre los visitantes y los residentes. Entre las medidas que acompañan a este nuevo actor en el tablero encontramos la instalación de cámaras de videovigilancia para proteger el recinto y el refuerzo tanto de la presencia de la Guardia Urbana como de los agentes cívicos en la zona. Las novedades deberían ser una buena noticia como intento de reducir las molestias que sufre el vecindario, pero no han terminado de convencer a los afectados, que consideran que no van a la raíz del problema. Tampoco les ha gustado que el anuncio se hiciera antes a la prensa que a los propios vecinos.
Y esta es la tónica desde hace meses, lo sabe la @GUBBarcelona y el @bcn_hg, pero no llevan a cabo medidas eficaces para evitar estas situaciones, como requisar el alcohol a los turistas que suben a hacer botellón, incluso cuando han cerrado la zona vallada: pic.twitter.com/N2PmMUApFH
— Consell Veïnal del Turó de la Rovira (@ConsellVeinalTR) April 22, 2026
«Creemos que el grupo de seguimiento puede tener una utilidad, pero no hemos comenzado bien y se deben poner sobre la mesa medidas tangibles», señalan desde el Consejo Vecinal. Un poco más optimistas se muestran desde la Plataforma Can Baró, la agrupación que tomó el relevo de la desaparecida asociación vecinal de este pequeño barrio al pie de los búnkeres. «Mientras tenga una continuidad, todo lo que hagan en este sentido estará bien», apuntan. Las entidades sobre todo piden que la Guardia Urbana actúe requisando el alcohol a todos los que estén haciendo botellón en los alrededores de las baterías del Turó de la Rovira, imponiendo las sanciones correspondientes e intensificando el control y prohibición del acceso al recinto cerrado fuera de horario. También que se instalen sanitarios portátiles y suficientes papeleras en las calles Marià Labèrnia y Mühlberg o en sus alrededores para evitar molestias de olores. Sobre los agentes cívicos, consideran que solo son útiles ahora mismo como medida disuasoria para los taxis y VTC, que solo tienen unos espacios concretos habilitados para detenerse.
Ahora bien, la solución que, aunque no sea ideal a su parecer, ven más capaz de erradicar los problemas que hay en este espacio es que haya una regulación de acceso similar a la del Park Güell, pero bajo la gestión del Museo de Historia de Barcelona en lugar de B:SM. Esto implicaría tener un control de entrada que podría estar vinculado al padrón, una propuesta que ERC llevó al pleno el pasado mayo y aprobada con los votos a favor del PSC y Barcelona En Comú y la abstención de Junts y el PP. Solo Vox votó en contra.
Hoy se ha constituido la Mesa del Turó de la Rovira, por exigencia de vecinos y @ERCbcn. Tal como pedí al alcalde en Pleno, hay que encontrar una solución YA, antes de acabar el mandato para regular su acceso.
— Elisenda Alamany (@Elisendalamany) July 6, 2026
No se puede alargar más y hay que cumplir.
Recuperemos nuestra #Barcelona. https://t.co/fm3Sr2mTW9
Un equilibrio que arrastra disfunciones
Por su parte, la concejala de Horta-Guinardó, Sara Belbeida, defiende que la creación de este grupo de seguimiento es un paso muy importante porque permitirá acercar la gestión a los afectados, que a menudo se han sentido poco consultados en la toma de decisiones. «Queremos una gestión mucho más coordinada con el vecindario, con las diferentes áreas, mucho más estable y sobre todo también con una capacidad de anticiparse a los problemas que puedan surgir», afirma. Sobre las medidas más a corto plazo, Belbeida destaca el refuerzo del control de acceso para mejorar la efectividad del cierre perimetral, «sobre todo para reducir las intrusiones fuera de horario», la mejora de la señalización para que «todos conozcan las normas de uso» y el aumento del dispositivo policial de agentes cívicos y de mediadores para realizar más tareas de prevención. «Nuestro objetivo es encontrar este equilibrio entre un espacio que es patrimonio de toda la ciudad y que queremos preservar y también el derecho de los vecinos a vivir con tranquilidad«, resume.
La previsión es que también se aplique un refuerzo de la limpieza en la zona, centrado sobre todo en las pintadas y en evitar la degradación del recinto, y que se continúen realizando actuaciones de renaturalización del Turó de la Rovira, tratando de mejorar y recuperar el espacio verde. Sobre este último punto, desde el Consejo creen que tendrá poco efecto disuasorio respecto a las botellonas, ya que suelen instalarse en una zona de piedras donde es difícil colocar verde. Desde la Plataforma Can Baró creen que las actuaciones de renaturalización son positivas, pero que deberían centrarse en el flanco sur de la montaña, donde aún hay presencia de amianto proveniente de los tejados y paredes de las antiguas chabolas que poblaban este lugar hasta principios de la década de los noventa.


