El paso del Tour de Francia por Barcelona deja damnificados. No todos reciben la prueba ciclista como la maravilla que el gobierno de Jaume Collboni ha vendido. En la avenida de Gaudí, los restauradores se han quedado sin terrazas, como hace tres semanas ya les sucedió con la visita de León XIV. La forma ha sido la misma: una suspensión de licencias por un día (en el caso del Papa) y de dos días para el Tour, ya en plena temporada veraniega. Días atrás, el Ayuntamiento ya hizo retirar los parasoles. Y este miércoles las mesas y sillas de bares y restaurantes ya habían desaparecido. Este jueves, día de la presentación de los equipos entre el recinto modernista de Sant Pau y la basílica de la Sagrada Familia, tampoco podrá haberlas. Y, el viernes, los restauradores también perderán parte del día, hasta que se hayan retirado las vallas y el resto de instalaciones. Algunos empresarios estiman pérdidas de facturación de, como mínimo, unos 4.000 euros diarios. Diferentes negocios han optado por no abrir ni miércoles ni jueves, caso de la brasería Cal Ramon o la vermutería La Font de Gaudí. El Ayuntamiento se ha comprometido a estudiar posibles compensaciones, pero ahora mismo no hay nada cerrado.

Sin parasoles desde el 8 de junio
Uno de los establecimientos emblemáticos de la avenida de Gaudí es el restaurante La Llesca. Situado en la parte baja del eje, cerca de la Sagrada Familia, abrió en 1976, ahora hace medio siglo. Su propietario, Juan, explica que está sin parasoles desde el 8 de junio, cuando el Ayuntamiento los retiró por la visita del Papa, y no los devolverá hasta después de la caravana ciclista. Estas semanas, entre ambos eventos, ha tenido que instalar parasoles portátiles para poder trabajar. A su parecer, el Ayuntamiento, más que ayudar a los restauradores, se dedica a ponerles «trabas», y sobre el día a día vivido con estos eventos, la palabra que le sale es «improvisación». Por ejemplo, la empresa contratada por el consistorio para retirar los parasoles no llevaba las herramientas necesarias y los tuvo que cortar con una radial. «No sabemos cómo nos los devolverán y si se podrán poner en las condiciones de seguridad que exige el mismo Ayuntamiento», valora el empresario, con una terraza con cuatro mesas. Este miércoles, La Llesca estaba cerrada por fiesta semanal, pero este jueves abrirá. «Veremos qué pasa y si podremos trabajar».

«Las formas no han sido las adecuadas»
Al otro lado de la avenida de Gaudí, cerca del recinto modernista de Sant Pau, Rocío, gerente del Grup Firo, ha optado por abrir estos días. Con tres locales (restaurante, vermutería y bombonería) y más de treinta años de trayectoria, el Grup Firo es uno de los negocios de cabecera de esta parte del barrio de la Sagrada Familia. Diariamente, tiene dos terrazas con ocho mesas. La empresaria lamenta la afectación importante que provoca un evento de este tipo en la facturación y en el mismo negocio, con una plantilla, en su caso, de 23 trabajadores. Rocío no se opone a la salida del Tour, pero se queja de que el Ayuntamiento no los ha consultado. «Las formas no han sido las adecuadas». Y afirma que las afectaciones son más de dos días por los montajes y desmontajes de las instalaciones y por el hecho de saber cuándo podrán disponer de los parasoles.

Pérdida de unos 4.000 euros al día
Loreto Almirall es la presidenta de la entidad Gaudí Shopping. En conversación con TOT Barcelona explica que la repercusión del evento, como ya sucedió con la visita de León XIV, no afecta igual a una tienda como la suya, Ortopèdia Almirall, que a los bares y restaurantes. «Estos días, sin las terrazas, bares y restaurantes pueden tener unas pérdidas de facturación de unos 4.000 euros al día«, sostiene. Almirall piensa que tanto el viaje del Papa como la prueba ciclista son citas «muy importantes» para la ciudad y el país. «Habrá una repercusión positiva hacia la avenida de Gaudí». Pero entiende el malestar de los restauradores y lucha para que una vez finalice el Tour el Ayuntamiento compense a los empresarios.

Los afectados harán una reunión previa para concretar qué exigen al Ayuntamiento y, posteriormente, se encontrarán con el concejal del Eixample y teniente de alcaldía del área económica, Jordi Valls. Almirall piensa que una medida podría ser la exención de pagar la tasa de terrazas durante un tiempo, por ejemplo un año. En toda la avenida de Gaudí puede haber entre 20 y 25 negocios con terrazas, según los cálculos de Almirall. Rocío, del Grup Firo, dice que no pide dinero, pero cree que habría sido bueno que el consistorio hubiera hablado con ellos antes de cobrarles la tasa de terrazas del 2026. Juan, de La Llesca, ve bastante improbable que el Ayuntamiento les dé alguna ayuda económica y defiende que la compensación sea una reducción en el importe de la tasa de terrazas del 2027 –»porque la del 2026 ya se ha pagado»– por el tiempo de afectación.
Hacerse cargo de las pérdidas
Uno de los restaurantes con más éxito de la avenida de Gaudí es la pizzería La Piazzenza. Rubén, el titular, no quiere una reducción de la tasa y considera que el Ayuntamiento debe hacerse cargo de las pérdidas que tienen. Con dos locales y veinte mesas en el exterior entre los dos establecimientos, asegura que este jueves abrirá con normalidad porque tiene mucho personal y no puede permitirse cerrar. El responsable de La Piazzenza se queja también de que seis de las mesas están en la calle de Lepant y el Ayuntamiento les ha obligado a retirarlas, aunque el Tour no pasa por allí.

Expedientes abiertos y sanciones
El malestar con el Ayuntamiento de comerciantes y restauradores de la avenida de Gaudí viene de lejos. Desde hace un año y medio, diferentes empresarios se han encontrado con expedientes abiertos, con sanciones incluidas, por vulnerar la Ordenanza de Usos del Paisaje Urbano y por temas de recogida de residuos. Los gastos para estos negocios han sido, en algunos casos, de miles de euros, ya que han tenido que hacer obras para adecuarse a la normativa municipal y contratar asesoramiento legal, entre otras cosas. El Grup Firo, por ejemplo, ha tenido que retirar el cartel de la bombonería de 1980 y Rocío lo ha colgado dentro del local para no tener que deshacerse de él. La persecución municipal con carteles históricos de negocios o por incumplimientos de la normativa de Usos del Paisaje Urbano no se limita a esta parte del Eixample sino que ha llegado también a Barceloneta, donde la Bodega Fermín ha estado a punto de perder todos los carteles de 1973, aunque la movilización vecinal y política, y la repercusión mediática, ha hecho que el Ayuntamiento haya detenido la retirada en gran parte y estudie cómo conservarlos.

De momento, según ha hecho público el Ayuntamiento, traer el Grand Départ del Tour de Francia ha costado unos 9,6 millones de euros, pero a esta cifra habrá que añadirle otros gastos públicos, como el pavimentado de 85.000 metros cuadrados de calles, el incremento de la oferta del metro, el despliegue especial de Guardia Urbana y la limpieza, entre otros. Solo la fiesta del Tour ha costado a la ciudad 460.000 euros. Preguntado el gerente de Promoción Económica, Turismo, Relaciones Internacionales y Deportes, Xavier Paton, hace unos días durante la presentación de las restricciones de movilidad, aseguró que el costo total se dará a conocer después del evento. La Generalitat estima un retorno económico de unos 100 millones.

