Lo hemos vivido todas. Ese momento incómodo donde la conversación se estanca. Frente a ti, una persona levanta un muro invisible, poniéndose completamente a la defensiva. La frustración crece, y el diálogo se vuelve imposible. Nos hemos preguntado mil veces: ¿por qué reaccionan así? Y sobre todo, ¿qué podemos hacer para evitarlo?
Durante años, hemos señalado la actitud defensiva como el problema principal. Pero, ¿y si nos equivocamos? ¿Y si el foco de la cuestión no reside en la persona, sino en nosotras mismas?
(Sí, a nosotras también nos explotó la cabeza con esta revelación). Una experta de Harvard ha desvelado el secreto para desarmar esta barrera.
La solución definitiva nos llega de la mano de Dolly Chugh, una mente brillante. Ella es científica, psicóloga y doctora en Comportamiento Organizacional por la Universidad de Harvard. Chugh, en una reveladora charla con la experta en crecimiento personal Mel Robbins, fue contundente. El problema muchas veces no es la actitud defensiva en sí misma, sino los comentarios que recibimos.
La clave no es la defensa: son tus comentarios
La Asociación Americana de Psicología (APA) define la conducta defensiva como una respuesta. Es una reacción ante una amenaza de daño, ya sea real o imaginaria. Los seres humanos la manifiestan con excusas. También con reacciones emocionales intensas, como el llanto. Todo con el objetivo de mitigar la desaprobación o la ira ajena. (Una táctica de supervivencia social, vaya).
La profesora de la Universidad de Nueva York (NYU), Dolly Chugh, fue más allá. Nos hizo ver que el término «feedback» a menudo se liga al uso de adjetivos. Piénsalo bien. ¿Cuántas veces hemos dicho: «tu trabajo no está lo suficientemente pulido«? O, «no es lo suficientemente minucioso«?
El problema radica aquí. «Pulido» o «minucioso» son palabras con múltiples interpretaciones. Para alguien, puede significar no tener faltas de ortografía. Para otro, buenas animaciones en las diapositivas. O incluso, la manera de hablar con el cliente.
Siempre hemos pensado que el problema era el otro. Pero Dolly Chugh nos abre los ojos: nuestra manera de comunicar el ‘feedback’ es, a menudo, el verdadero detonante. Es hora de cambiar el chip y detener esta espiral.
Esta ambigüedad es un error garrafal. Cuando damos una opinión con adjetivos, es muy fácil que el otro se ponga a la defensiva. Puede rebatirlo con facilidad, porque el significado no es claro. Es un patrón que se repite. Una dinámica tóxica que nos hace perder tiempo. Pero ahora tenemos el truco definitivo para romperla.
El secreto para desactivar la defensa: céntrate en el comportamiento
La clave, según Chugh, es radicalmente sencilla. Hay que poner el foco en el comportamiento. Un gesto concreto, una acción observable. Nunca un juicio sobre el carácter de la persona. Imagina esta situación. En lugar de decir «tu trabajo no está lo suficientemente pulido», prueba esto: «He notado que en las diapositivas hay inconsistencias en la manera de referirte al negocio del cliente.
Por eso, puede que no parezca suficientemente pulido». (Esta frase es magia pura). Esto es un comportamiento específico. Y es indiscutible. Con esta técnica, la otra persona no puede negar la realidad. Estamos presentando un hecho, no una opinión subjetiva. La barrera de la defensa se derrumba. El diálogo se abre de nuevo.
No es la última gota: es todo el vaso que ya llevaba
La psicóloga María Ros añade una capa de profundidad a este análisis. Las reacciones emocionales, como la defensiva, no siempre son fruto de un hecho puntual. Muchas veces, son la consecuencia de una acumulación. Situaciones que quizás no se han resuelto antes. (¿Cuántas veces hemos sentido que «una gota colma el vaso»?).
Ella nos recuerda una verdad incómoda. Los vasos no se desbordan solo por la última gotita que añadimos. Se desbordan por todo el contenido que ya tenían dentro. Esto significa que si alguien está siempre a la defensiva, con la chispa fácil, hay una carga emocional previa. Es un misterio oculto que necesita ser atendido. Hay que dejar de ver esta actitud como negativa o irracional.
Es el momento de aprender a gestionar las emociones. Las nuestras, e intentar entender las del otro. Así evitamos que se acumulen y desborden la situación.
El poder de las palabras para salvar tus relaciones
Entender la carga emocional que hay detrás. Elegir las palabras adecuadas. Estos son nuestros nuevos superpoderes para evitar que cualquier situación acabe desbordándose. Este conocimiento es imprescindible para nuestra vida personal y profesional. Puede transformar completamente la calidad de nuestras relaciones.
Ya no hay excusa. Ahora sabemos cómo desactivar el modo defensivo. Tenemos la clave para una comunicación más efectiva, más empática. Es un error no aplicarlo. La próxima vez que te encuentres con alguien a la defensiva, recordarás este artículo. Y tendrás la solución al alcance.
¿Crees que podrás aplicar este truco viral en tu vida cotidiana? Tu bolsillo emocional y tus relaciones te lo agradecerán.
