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Amistad en la tormenta, la anécdota que resuelve el misterio de la postal de 1910
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La figura de Vicent Martorell ha dejado de ser una incógnita. El nombre de este personaje aparecía en el reverso de una postal que el reconocido pintor Josep Nogué i Massó (Santa Coloma de Queralt, Conca de Barberà, 1880 – Huelva, Andalucía, 1973) envió hace 116 años desde Roma a París, junto con el de José Baliart. Hace una semana os contábamos la historia de la misiva, localizada recientemente en una colección privada barcelonesa. A diferencia del artista, del cual sí tenemos bastante documentación, ninguno de los dos destinatarios de la carta figura mencionado en ningún registro digitalizado. Sí aparece referenciado un tal Vicenç Martorell i Portas (Sant Feliu de Guíxols, Baix Empordà, 1879 – Barcelona, 1956), ingeniero militar conocido por sus estudios sobre la defensa marítima de la capital catalana, pero, en la primera entrega de este rompecabezas, ya os adelantábamos que con toda probabilidad este no era nuestro protagonista. Un extremo que ahora hemos podido confirmar gracias al historiador Joan Sendra Mestre y a la revisión de las memorias que el mismo Nogué dictó cuando tenía 80 años a un primo suyo.

Postal enviada desde Roma por Josep Nogué i Massó, donde figuran como destinatarios José Baliart y Vicent Martorell / Cedida por José María
Postal enviada desde Roma por Josep Nogué i Massó, donde figuran como destinatarios José Baliart y Vicent Martorell / Cedida por José María

En este recopilatorio de vivencias editado en formato libro y publicado por la Diputación de Tarragona en 1993, el pintor repasa toda su trayectoria vital, dedicando varios fragmentos a la amistad que le unía con Martorell. No solo explica con detalle cómo se conocieron, sino también parte de los orígenes de este personaje, que ahora sabemos con certeza que era del País Valenciano y que su profesión no era la de ingeniero, sino la de escultor y tallista de madera. Para encontrar aquel primer encuentro entre ambos debemos remontarnos al verano de 1907. Nogué acababa de ganar la plaza como pensionado en la Academia Española de Bellas Artes en Roma y, junto al pintor Enrique Navas Escuriet (Valencia, 1875 – 1952), embarcaban en un barco en el Puerto de Valencia que los llevaría hasta la costa italiana. Lejos de ser un viaje placentero, los artistas toparon con un temporal marítimo de tal calibre que, cuando el buque hizo parada en Barcelona, decidieron bajar y continuar el viaje hasta la capital italiana en tren. Así lo explica el mismo Nogué en sus memorias:

«Embarcamos en el puerto de Valencia, ya que el vapor nos llevaba a Barcelona por tan solo cinco pesetas. Nada más embarcar [Navas] me presentó al matrimonio Martorell, que regresaban a París, donde estaban establecidos y él trabajaba con éxito en su especialidad, que era la de tallista de madera […] Aquel viaje fue providencial porque nos permitió conocerlos […] Pero fue lo único positivo del viaje. El mar estaba tan encrespado que la travesía fue espantosa. Nos mareamos de tal forma y lo pasamos tan mal que, cuando llegamos a Barcelona, desistimos de continuar el resto del viaje hasta Génova. Así que emprendimos el viaje en ferrocarril que, aunque más costoso, nos permitió ir conociendo ciudades durante el recorrido y la Costa Azul, que años más tarde sería motivo de un cuadro que me valdría la segunda medalla en la Exposición Nacional».

De aquel trayecto en tren desde la capital catalana, Nogué relata que disfrutó de la costa de Liguria y de las paradas que hicieron en ciudades como Pisa, Florencia y Siena, que le traían «recuerdos imborrables» de sus estudios de Historia del Arte. Ahora bien, también menciona un susto que tuvieron durante una de las paradas en el camino por tierras italianas. El pintor afirma que -como muchas otras personas en la época- tenían la costumbre de bajar en todas las estaciones y no volver al vehículo hasta que este se ponía en marcha de nuevo, subiendo cuando ya estaba en circulación. «Una de las veces que salimos de la cantina para subir al tren, nos persiguieron dos carabinieri […] Insistían en que bajáramos, cosa que ya no pudimos hacer por la velocidad que había cogido el tren. Entonces, nos enteramos de que en Italia estaba prohibido subir al tren en marcha». El pintor asegura que explicaron como pudieron a los agentes que debían llegar a Roma para tomar posesión de la plaza artística ganada antes de que acabase el plazo al día siguiente, el 7 de agosto de 1907. «Les enseñamos nuestros pasaportes, con el gran escudo de España, sus firmas ininteligibles y los sellos. Esto debió causarles una gran impresión porque no nos pusieron ninguna denuncia ni multa y bajaron en la siguiente estación».

Fotografía de Josep Nogué i Massó en el año 1901 / Museu d'Art Modern de Tarragona (MAMT)
Fotografía de Josep Nogué i Massó en el año 1901 / Museu d’Art Modern de Tarragona (MAMT)

Doble encuentro con la monarquía española

Más allá de este primer encuentro entre Nogué y Martorell, las memorias del pintor nos permiten profundizar un poco en la trayectoria de su amigo. En uno de los fragmentos, el retratista nos recupera una anécdota de los inicios del escultor valenciano que se remonta a cuando hacía el servicio militar y su coronel le propuso que tallara un marco de madera para una pintura al óleo que quería regalar al rey Alfonso XIII. El jefe le dejó plena libertad para obrar como quisiera y Martorell llenó la estructura de madera de varios elementos decorativos, donde destacaban sobre todo unas flores. «Cuando el rey vio el cuadro, se interesó por saber quién lo había tallado y, cuando supo que había sido un soldado del escuadrón, le ordenó que lo licenciase inmediatamente, dado que un artista de aquella categoría no debía continuar alejado de su trabajo».

Este no sería el último contacto del artista valenciano con la monarquía española. Nos lo cuenta el mismo Nogué, unas líneas más abajo en sus memorias. «No podía imaginar el rey Alfonso XIII que, cuando su madre encargó en París el dormitorio para su boda con Victoria Eugenia, serían muebles dibujados y tallados por un soldado que él había licenciado», asegura. Sobre estos trabajos para la realeza, el pintor añade: «Cuando vi las flores talladas en las puertas de Versalles y las suyas [las de Martorell], puedo decir, sin ansias de patriotismo o de amistad, que las de Martorell eran mejores. Parecía que una ráfaga de aire podía mover esos pétalos suavemente tallados».

Las memorias del retratista también nos hablan del tiempo que tanto él como su esposa, Maria Vallejo Martínez, pasaron en París acogidos por el escultor y de las dificultades que vivieron en aquellos años debido a los pocos ingresos que recibían de la Academia Española de Bellas Artes. «Contábamos con la oferta del tallista Martorell, que nos cedía su piso amueblado por 35 francos al mes durante el tiempo que él estuviera en Londres por asuntos de trabajo. El piso estaba muy bien, en la rue Crussol, detrás del cine Pathé y el precio muy asequible, ya que las 250 libras que recibíamos al mes no nos permitían hacer demasiadas cosas. O comíamos y no pintaba o, si compraba materiales, no podíamos comer».

El legado recuperado por un vecino y vínculos con la masonería

En Josep Nogué y el historiador Joan Sendra tienen una cosa en común que sin saberlo entrelazaría sus caminos. Ambos son de Santa Coloma de Queralt y llegaron a coincidir en el tiempo en el municipio de la Conca de Barberà. «Yo era adolescente y lo recuerdo como un hombre viejo con bastón… Quién me iba a decir que años después seguiría sus pasos«, confiesa Sendra en una conversación con el TOT Barcelona. Los encargados de poner al historiador sobre la pista del pintor fueron los responsables del Museu d’Art Modern de Tarragona (MAMT). «Me dijeron que tenían mucho material de un hombre de mi pueblo. Eran unas 300 obras, correspondencia… Un fondo artístico y documental importantísimo», recuerda. Entre las postales que formaban parte de la colección que el MAMT recibió de la familia del artista, había muchas enviadas por Martorell.

Gracias a las memorias y a la documentación, sabemos que Nogué fue represaliado tanto por los republicanos como por los franquistas y también que, a pesar de destacar por ser un retratista clásico, animaba a sus alumnos a ir más allá de los cánones. «Él había sido un artista académico, solo había utilizado brevemente la técnica del divisionismo durante la segunda década del siglo XX. Ahora bien, era un maestro de mente muy abierta que invitaba a la creatividad«, señala el historiador. Sendra también nos aporta más información sobre sus primeros años: «Parece que se trasladan a Madrid porque el padre, que era un estudioso de la frenología -pseudociencia que determina conductas psicológicas humanas en función de la forma y tamaño del cráneo-, había tenido algún susto […] Nogué sería quien mantendría a la familia desde los 14 años, cuando comenzaría a trabajar en estudios fotográficos haciendo retoques, tarea que también haría en Roma».

Imagen de la muestra 'Roma, el mapa de la memoria: los diarios de J. Nogué Massó (1914-1917)', en la cual participó el historiador Joan Sendra Mestre / Museu d’Art Modern de Tarragona (MAMT),
Imagen de la muestra ‘Roma, el mapa de la memoria: los diarios de J. Nogué Massó (1914-1917)’, en la cual participó el historiador Joan Sendra Mestre / Museu d’Art Modern de Tarragona (MAMT)

Durante su etapa en la capital italiana, el pintor coincide con otro personaje que alimenta las sospechas de los vínculos masónicos del artista. Hablamos de Jorge de Frezals, abogado nacido en los Países Bajos en 1859 que también hizo de agente consular de Bélgica y Francia en Argentina antes de instalarse en Roma a principios del siglo XX. «Era amigo suyo, ilustró un libro que había escrito él y también pintó a su esposa», explica el historiador. Frezals estaba vinculado a la Academia de la Arcadia, una asociación vinculada a los movimientos masónicos que había tenido su sede cerca de la Academia Española de Bellas Artes en Roma, en la colina del Gianicolo, sobre el barrio del Trastevere. «No sería extraño que Nogué tuviera algún tipo de relación con esta sociedad», concluye Sendra.

Postal enviada desde Roma por Josep Nogué i Massó, donde figuran como destinatarios José Baliart y Vicent Martorell / Cedida por José María
Postal enviada desde Roma por Josep Nogué i Massó, donde figuran como destinatarios José Baliart y Vicent Martorell / Cedida por José María

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