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La Unió Esportiva Sants denuncia décadas de abandono institucional y exilio forzado

No pedimos privilegios, pedimos dignidad”. Con esta frase, la Unió Esportiva Sants, nacida el 26 de abril de 1922, ha decidido dejar atrás años de resignación y denunciar públicamente lo que considera un abandono institucional crónico. El momento no es casual: llega en plena polémica por las inversiones aceleradas en el CE Europa y en la UE Sant Andreu, dos clubes que en pocos meses han visto cómo las administraciones facilitaban mejoras clave como la instalación de césped natural o nuevos espacios de entrenamiento para permitir a los equipos ascender de categoría.

El caso más paradigmático es el de Europa. Tras su ascenso a Primera RFEF, el club de Gràcia ha conseguido en solo un año adaptar el Nou Sardenya a las exigencias de la categoría y disponer de campos de entrenamiento en Llars Mundet. El Sant Andreu también ha entrado en esta dinámica de inversiones y adecuaciones tras días de presión social. Mientras tanto, la UE Sants, un club centenario de la ciudad, lleva quince años jugando en un campo ajeno fuera del barrio, y 67 años desde que perdió su campo en Sants.

Un exilio de más de 60 años

Para entender la indignación del club verdiblanco hay que mirar atrás. La UE Sants es una de las entidades históricas del fútbol barcelonés. Pero su trayectoria está marcada por un hecho excepcional: hace más de seis décadas que no tiene campo propio. Todo comenzó en 1964, cuando su estadio de la calle Galileo fue derribado por un proyecto urbanístico. Aquel momento inició un largo periplo que aún no ha terminado. El club fue encadenando campos provisionales —desde Sarrià hasta instalaciones precarias construidas sobre antiguos vertederos— en un auténtico “éxodo permanente”.

Durante años, parecía que la situación se había estabilizado en la Magòria, en el corazón del barrio. Pero en 2009 también desapareció este campo. Desde entonces, el Sants no ha vuelto a jugar en su casa. Hoy, el primer equipo compite en la Zona Franca. Lejos del barrio.

Una imagen histórica de la UE Sants / UE SANTS

Un club de barrio… fuera del barrio

El desarraigo ha tenido consecuencias. El hecho de no jugar en Sants ha erosionado la base social del club: menos socios, menos asistencia y una ruptura en la transmisión generacional de la afición. Una anomalía difícil de explicar en una ciudad que reivindica el modelo de proximidad y el tejido deportivo local. La denuncia actual, que el club ha hecho a través de las redes sociales, no se basa solo en la historia, sino también en el presente. El Sants asegura haber enviado más de 50 correos al Institut Barcelona Esports y a la Conselleria sin obtener respuesta. También ha mantenido cinco reuniones institucionales que han terminado, según explican, con un mismo mensaje: las soluciones que se han aplicado a otros clubes “son inviables” en su caso. La comparativa es inevitable y alimenta la sensación de agravio: “El problema no es que se ayude a otros clubes, sino que a nosotros se nos ignora”, insisten.

“¿Sants está fuera del mapa?”

El club interpela directamente a los responsables del distrito de Sants-Montjuïc y denuncia años de “silencio e indiferencia”. Pero la reivindicación va más allá de un equipamiento deportivo. Lo que reclama la UE Sants es recuperar su lugar en el barrio y, con él, su función social. Defiende un modelo de fútbol popular, arraigado y accesible, pero advierte que sin infraestructuras dignas este modelo está en riesgo.

Después de años de aceptar una situación que ellos mismos definían como un “exilio”, el club ha optado por cambiar de estrategia. “Si las instituciones no escuchan, lo haremos nosotros más fuerte”, afirman. La coincidencia con la lluvia de inversiones en Europa y Sant Andreu ha situado el foco sobre un caso que hacía demasiado tiempo que quedaba fuera del relato oficial de la ciudad deportiva. Ahora, la UE Sants quiere convertir su historia en un símbolo de desigualdad.

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