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Los vecinos de Torre Baró respiran tras el susto del incendio: «Aún tengo la piel de gallina»
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Torre Baró se ha levantado este miércoles con la mirada puesta en la montaña. Los vecinos de este barrio situado en plena sierra de Collserola tuvieron que confinarse ayer en sus casas debido al incendio declarado en el barrio vecino de Canyelles. Las llamas avanzaron desde el otro lado del cerro, quemando hasta 54,5 hectáreas de zona forestal y obligando a desalojar durante la tarde un tramo de viviendas de la calle de Lliçà por su proximidad al fuego. El confinamiento no se levantó hasta bien entrada la noche, cuando los inquilinos de los domicilios afectados pudieron volver a sus hogares. Por la mañana, ya con la situación estabilizada y los Bomberos de Barcelona controlando los últimos puntos problemáticos, algunos de los vecinos continuaban con el miedo en el cuerpo. «Aún tengo la piel de gallina, mientras subía me dieron ganas de llorar«, afirmaba emocionada la Valeria Ortiz, presidenta de la Asociación de Vecinos de Torre Baró. El trabajo realizado desde la entidad fue clave para informar al barrio de las medidas de seguridad decretadas. A través de un grupo de WhatsApp, comunicaron todas las novedades que les trasladaban las autoridades y también hicieron llegar un pequeño protocolo para identificar personas con problemas de movilidad, enfermedades crónicas o necesidades de medicación y poder hacer de intermediarios en caso de que necesitaran ayuda.

Tramos de zona forestal quemada por el incendio que ha afectado a Torre Baró y Ciutat Meridiana / A.R.
Tramos de zona forestal quemada por el incendio que ha afectado a Torre Baró y Ciutat Meridiana / A.R.

«Cuando empezamos a ver las primeras llamas, actuamos con tranquilidad y sentido común. Pedimos a los vecinos que refrescaran la zona y que tuvieran preparada alguna cosa por si había que desalojar», explicaba Ortiz, quien reconocía que la respuesta de los afectados fue ejemplar. «Estábamos preocupados sobre todo por el humo, porque no se veía más allá, por el olor y el ambiente, que se hizo más pesado; y por el hecho de que todas nuestras casas están tocando la montaña«, añadía. Finalmente, solo se tuvieron que desalojar 35 personas. Entre estas estaba Ángeles, una mujer de 92 años que lleva más de media vida en el barrio. «Vinieron a buscarme. Yo les dije que no quería irme, pero al final la familia me convenció«, admite. Hacia las once de la noche pudo volver a su domicilio y ha dormido plácidamente hasta bien entrada las once. Ella reside en una de las casitas que quedaron más cerca de las llamas y esta mañana tenía toda la terraza llena de ceniza. «Perdona, que ya ves cómo lo tengo todo», decía mientras barría la entrada. En el otro extremo de la calle de Lliçà, Ramón pudo pasar la tarde y la noche confinado en su vivienda. «Sí que pasamos un poco de miedo, pero esta gente se ha dejado la piel«, remarcaba, señalando a los efectivos de los Bomberos de Barcelona que aún este mediodía estaban en la zona.

Ceniza acumulada en la terraza de Ángeles, una de las vecinas de la calle de Lliçà de Torre Baró que tuvo que ser desalojada por el incendio / A.R.
Ceniza acumulada en la terraza de Ángeles, una de las vecinas de la calle de Lliçà de Torre Baró que tuvo que ser desalojada por el incendio / A.R.

Vuelve el transporte público y los trabajadores al barrio

Unos calles más abajo, Mayte miraba la zona quemada de la montaña aún sin tenerlas todas consigo. «No he podido dormir. Lo he pasado bastante mal porque no sabes hasta dónde puede llegar, si agarra los pinos que tengo delante, se me quema la casa entera», aseguraba. Esta mujer lleva casi treinta años viviendo en Torre Baró y recuerda otro incendio que también obligó a desalojar algunos tramos del barrio. «Aquí la mayoría de los vecinos tenemos bombonas de butano… Aún hay miedo, si hubiera venido desde Ciutat Meridiana no lo hubiéramos podido detener», indica. En el barrio también había este miércoles por la mañana personas que habían acudido a trabajar. Es el caso de Mari, cuidadora a domicilio. «Ayer cancelaron el servicio a muchas compañeras y tampoco funcionaba el bus. Hoy, todas ya hemos subido con normalidad», decía. Tal como comentaba la empleada, el transporte público quedó parado en la parte alta de Torre Baró y se suspendió la circulación mientras estuviera vigente el confinamiento. Para evitar que el vehículo pudiera verse afectado por las llamas, Ortiz -que es conductora de Transports Metropolitans de Barcelona (TMB)- lo llevó al más puro estilo Manolo Vital y lo llevó hasta la parte baja del barrio.

Mayte, una de las vecinas de Torre Baró que tuvo que confinarse por el incendio / A.R.
Mayte, una de las vecinas de Torre Baró que tuvo que confinarse por el incendio / A.R.

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