Los encapuchados volvieron a pisar este sábado la plaza de Cataluña. No lo hicieron para provocar disturbios en el centro de Barcelona, como hicieron hace una semana, sino que identificaron a cientos de sospechosos. Gran parte de las personas con pasamontañas eran hoy agentes de paisano, que desde primera hora de la tarde peinaron los alrededores de la plaza para localizar objetos peligrosos y evitar que se pudiera concentrar un gran grupo de jóvenes como el sábado para perpetrar saqueos y actos vandálicos. El extraordinario dispositivo conjunto de los Mossos d’Esquadra y la Guardia Urbana dio sus frutos y logró disuadir la segunda gran convocatoria de disturbios en el corazón de la capital catalana. El despliegue policial dejó un millar de identificaciones y el levantamiento de al menos 63 actas administrativas por la tenencia de utensilios susceptibles de ser utilizados para los altercados.
La jornada comenzaba con el centro de la ciudad completamente blindado. No solo había una gran presencia de policías uniformados y de paisano, sino que los comercios y restaurantes llevaban días preparándose protegiendo sus locales para evitar escenas como las del pasado sábado, con saqueos y destrozos en varios establecimientos. La mayoría de los establecimientos lucían a primera hora de la tarde completamente tapados por elementos de madera o metálicos, o con parte del género retirado del escaparate. Desde las firmas de moda y grandes cadenas a los negocios más pequeños, todos enfrentaban con incertidumbre y una cierta resignación la posibilidad de nuevos disturbios. Algunos incluso optaban este sábado por adelantar su horario de cierre.
Era el caso de las floristas de la Rambla, que pocos minutos antes de las seis de la tarde aprovechaban para hacer las últimas ventas de la jornada. Estos comercios reubicados temporalmente en la plaza de Cataluña fueron algunos de los más afectados por los actos vandálicos de hace una semana. «Estamos a la expectativa, nerviosos porque no sabes cuándo pueden venir. Nosotros no tenemos persianas que podamos bajar. Estamos aquí en medio y no tenemos tiempo de reacción si pasa, por eso mejor cerramos ya», explicaba este sábado la responsable de la Floristería Raquel, que fue saqueada y destrozada el pasado sábado. Sin contar la sustitución de los cristales, calculan que sufrieron daños alrededor de 3.000 o 4.000 euros.

Con el precedente de lo ocurrido con las floristas y el resto de comercios de la plaza de Cataluña, también los libreros de viejo del paseo de Gracia tomaban medidas para evitar posibles saqueos. Los negocios que participan desde el pasado 16 de octubre en la 75ª edición de la Feria del Libro de Ocasión, Antiguo y Moderno, ubicada en esta avenida barcelonesa, esquivaron los actos vandálicos la semana pasada, pero no las tenían todas consigo hoy. Por eso, algunos de los comercios como Stock Libros habían retirado algunos de los ejemplares de las estanterías superiores para impedir que pudieran resultar dañados. «Lo hemos retirado por miedo, tenemos todo el género aquí. Estas paradas las abres de una patada y tememos que nos lo puedan quemar», aseguraba durante la tarde Francesc Castel, responsable de la librería de viejo.

Un operativo con tres frentes
Las alertas se habían activado a raíz de las llamadas difundidas por canales de mensajería, que instaban a concentrarse este sábado a las cinco de la tarde en la plaza de Cataluña y en el paseo de Lluís Companys, y posteriormente a las ocho en el paseo de Gracia. Desde primera hora, las autoridades ya apuntaban que la policía catalana respondería con contundencia a los posibles disturbios, montando un dispositivo de seguridad extraordinario para contrarrestar las convocatorias a través de las redes sociales. El mismo presidente de la Generalitat, Salvador Illa, se pronunciaba con una advertencia clara para quienes pretendieran utilizar la movilización para cometer delitos: «Quien venga a saquear responderá ante la justicia, como ya están respondiendo los detenidos del día 24. Y nadie está exento«.
Pocos minutos después de las cuatro de la tarde comenzaban los primeros controles e identificaciones por parte de los Mossos d’Esquadra en el centro de Barcelona. En las estaciones de paseo de Gracia, Sants y Cataluña se habían cerrado los accesos secundarios y solo se mantenía abierto un único acceso principal para facilitar las tareas de control y registro de los usuarios. En total, más de 300 agentes se habían desplegado para «blindar» la capital catalana, confiscando objetos peligrosos, pirotecnia, pasamontañas y máscaras. Esta ha sido la tónica durante toda la tarde. En ningún momento hubo grandes grupos de jóvenes concentrados alrededor de la plaza de Cataluña. Tampoco en torno a la Pedrera, otro de los puntos de convocatoria señalados en las plataformas y las redes sociales. Si había cualquier voluntad de movilización, las identificaciones -sobre todo las llevadas a cabo por los agentes de paisano, prácticamente los únicos encapuchados en la zona- actuaban de efecto disuasorio.

En torno al Arco de Triunfo, donde la Guardia Urbana también intervenía con controles en la estación y presencia de furgonetas policiales, la concentración prevista para las cinco de la tarde tenía una nula incidencia, lo que permitía reducir gradualmente el despliegue en la zona pasadas las seis de la tarde. Como principal novedad en el operativo de esta jornada, los Mossos habían habilitado un Punto de Recepción de Detenidos (PRD) en la calle de Pau Claris, un recurso que no se activaba desde hacía años. Este espacio logístico tenía como objetivo prioritario agilizar los trámites relacionados con los arrestos. Así pues, en esta instalación se debía trasladar a los detenidos, registrarlos y se les ofrecía una primera atención médica en una ambulancia antes de conducirlos directamente a comisaría.

Collboni celebra haber podido «parar el golpe»
A las ocho y media de la noche, el alcalde Jaume Collboni comparecía ante los medios reunidos en la Prefectura de la Guardia Urbana para congratularse por haber podido «parar el golpe» en esta segunda convocatoria de disturbios. El alcalde confirmaba que la jornada había transcurrido «con normalidad», sobre todo gracias a la «ingente tarea de prevención, planificación y coordinación«, que ha llevado a la detención de cuatro personas en Cataluña vinculadas con los canales de Blocus. El socialista aseguraba que se había trabajado «a fondo» en uno de los operativos de orden público «más importantes vistos en Barcelona», destacando la «colaboración» de los comercios del centro de la ciudad.
A pesar de celebrar una convocatoria sin incidentes, Collboni hacía un llamado a «no bajar la guardia» porque los disturbios «podrían repetirse». También afirmaba que «no habría impunidad» para los causantes de los disturbios «graves e inadmisibles» de hace una semana. «En Barcelona ni se tolera ni se tolerará la violencia», advirtió, añadiendo que actuarán «con la máxima contundencia», concluía el alcalde barcelonés.

