Federico García Lorca es un nombre que todos mencionan estos días. En el aniversario de los 90 años de su asesinato a manos de las tropas franquistas, el estreno de la película La bola negra (2026), dirigida y producida por Javier Calvo y Javier Ambrossi, ha vuelto a poner en primer plano la figura del poeta y dramaturgo. El film no trata sobre Lorca en sí, pero su figura es omnipresente y entrelaza las diferentes tramas que conforman el largometraje, que ya ha sido premiado en varios festivales cinematográficos como el de Cannes o el de Toronto. La llegada de esta historia a las salas de cine catalanas bien merece recuperar el vínculo que el autor granadino tuvo con un antiguo teatro ubicado en el corazón del Eixample de Barcelona. Hablamos del Taller Masriera (calle de Bailèn, número 70), una de las joyas más olvidadas de la ciudad y futura sede de la ampliada Biblioteca Sofia Barat.

Este edificio de estilo neoclásico en forma de templo fue construido en el año 1884 por el arquitecto Josep Vilaseca i Casanovas. Sus impulsores fueron los hermanos Josep y Francesc Masriera, originarios del Maresme, que ubicaron allí su estudio y taller de pintura. También guardaban una importante colección de muebles, obras de arte y otros elementos decorativos que muchas familias burguesas del Eixample utilizarían para decorar sus pisos. El hijo del primero de los hermanos, el joyero modernista Lluís Masriera (1872-1958), fue quien ya entrado el siglo XX decidió instalar en el inmueble la sede del negocio familiar, convirtiendo el espacio en un taller de orfebrería. El heredero de la saga era un gran amante del teatro y a principios de la década de 1920 fundó la compañía Belluguet. Surgida para entretener a los niños, poco a poco se forjaron un prestigio en la ciudad. Él mismo hacía de dramaturgo y escenógrafo, al tiempo que organizaba lecturas y tertulias o editaba dos revistas de divulgación teatral.

Su propio escenario
De la pasión por esta disciplina artística nació la necesidad de encontrar un espacio donde ensayar y que pudiera acoger funciones. Con este objetivo, Masriera decidió pagar de su bolsillo una gran reforma del edificio para albergar un teatro en 1932. En febrero del año siguiente se inauguraba el Teatro Studium. El espacio no solo era la sede de Belluguet, sino que también acogía toda clase de funciones: un concurso anual de teatro aficionado, visitas de grupos extranjeros –como Les Théophiliens, de la Universidad de la Sorbona–, conferencias, cine, danza y audiciones. Es en este punto donde encontramos el vínculo de este recinto del Eixample con Lorca. La compañía fundada por el poeta y dramaturgo de la mano de Eduardo Ugarte, La Barraca, también hizo parada allí para interpretar diversas obras.

Especialmente recordada es la lectura teatralizada de Doña Rosita la soltera –la última pieza que estrenaría en vida– que el autor granadino realizó en la sala pequeña del Teatro Studium, acompañado de su amiga y actriz de referencia, Margarida Xirgu. Días después, la obra se presentaría en sociedad en el Principal Palace, antecesor del Teatre Principal de la Rambla. Más allá de la compañía de Lorca, el recinto acogió durante aquellos años vanguardias futuristas, concursos pioneros, artistas internacionales e intelectuales como Apel·les Mestres, Josep Maria Folch i Torres, Eduard Toldrà y Manuel Blancafort, entre otros. Esta trayectoria brillante quedó interrumpida por la Guerra Civil. Nunca más recuperó el esplendor de aquellos días. Durante el conflicto fue expropiado para mítines y luego acogió modestas funciones de posguerra. Lluís Masriera ya era muy mayor y en 1951 terminó vendiendo el edificio a una congregación religiosa. Se instalaron dos años después y hasta los noventa ocuparon el recinto, que acogió un espacio de ocio para niñas muy recordado entre el vecindario de la Dreta de l’Eixample.

Un futuro que mantiene el teatro histórico
El Taller Masriera fue adquirido en 2020 por un precio de 7,5 millones de euros por parte del Ayuntamiento como respuesta a una histórica demanda vecinal con el doble objetivo de preservar el edificio emblemático y poder cubrir el déficit de equipamientos en el barrio. Tras un proceso participativo, se acordó que la nueva Biblioteca Sofia Barat compartiera el recinto con un espacio comunitario y vecinal, preservando también el Teatro Studium. A mediados de 2025, se retiraron las casi 3,3 toneladas de amianto que tenían las instalaciones repartidas por unos 730 metros cuadrados de superficie. Todo el inmueble está catalogado como Bien Cultural de Interés Local (BCIL).


