Laure Vega (Sant Boi de Llobregat, 1991) es la candidata a la alcaldía por la candidatura que formarán la CUP, Comunistas y movimientos sociales en Barcelona para las municipales de 2027. En 2024, se presentó a las primarias para liderar la lista de la CUP-Defensem la Terra, que finalmente ganó Laia Estrada. Después de las elecciones catalanas del 12-M de ese año, entró como diputada en el Parlamento de Cataluña, cargo que aún ocupa. A lo largo de su vida, Vega ha trabajado principalmente como camarera y ha militado en varios colectivos antifascistas, feministas, culturales y por el derecho a la vivienda. Se ha formado en derecho y economía y ha participado en espacios de pensamiento crítico como el Historical Materialism o el Congreso Internacional L’Actualitat de Marx. En esta entrevista, habla de la candidatura que encabezará, el uso del catalán en la ciudad, la gestión de Jaume Collboni, posibles pactos postelectorales, modelo turístico y vivienda. Vega se muestra muy crítica con el voto contrario de Junts a los decretos «de mínimos» sobre vivienda que se votaron en el Congreso de los Diputados. «Junts tiene una política de vivienda que ha rozado el sadismo».
La CUP ha decidido no presentarse a las elecciones españolas del 29-N. ¿Qué influencia puede tener el resultado que haya en las municipales de Barcelona?
Evidentemente, si hay un gobierno de extrema derecha en el estado, sabemos que irán durísimos contra Cataluña. Y Barcelona, como capital, sufrirá también estas consecuencias. Lo que no cambia es cómo planteamos las elecciones, porque hemos tenido un gobierno PSOE y Sumar en el estado durante años y ha sido al final de la legislatura cuando se ha enfocado el tema de la vivienda, que es un tema central en esta ciudad. Independientemente del resultado en el estado, continuaremos planteando lo mismo. Tenemos que luchar por Barcelona, para que la gente pueda vivir en la ciudad.
¿Qué valoración hace de las políticas de vivienda de los gobiernos de Ada Colau y Jaume Collboni, desde 2015 hasta ahora?
Creo que las políticas de verdad han sido muy insuficientes, especialmente en el caso de Jaume Collboni. Hay un régimen sancionador que, prácticamente, no se ha aplicado. Pasan el día diciendo que quien la hace la paga, pero si es un fondo de inversión o un gran tenedor, quien la hace no la paga. No hay los datos de incumplimientos del tope de alquiler, por ejemplo. No hablo del alquiler de temporada y de habitaciones, que es una barbaridad. Hay la mitad de la oferta intentando escapar de un tope. Del mismo tope, no sabemos cuántas infracciones ha habido, pero estoy convencida de que son más de la mitad. Creo que esta distinción en la que se pone guantes de seda a aquellos que están haciendo negocio con una cuestión esencial ha sido un problema. El incumplimiento de la normativa del 30% para conseguir vivienda con protección pública ha sido flagrante. Se anuncian leyes que no se aplican, lo cual ha generado un desgaste muy grande en la población, que ha hecho movilizaciones como las de la semana pasada, con 100.000 personas, o concentraciones con más de 500 en Sant Andreu para detener un desahucio. Hay un malestar evidente y la política no está respondiendo a ninguno de los niveles. Pero especialmente en la ciudad de Barcelona creo que es muy flagrante.
¿Qué plantea la CUP que hay que hacer con la normativa del 30%, que obliga a los promotores a destinar este porcentaje a vivienda pública en las nuevas promociones y las grandes rehabilitaciones?
Es una buena medida y se debe avanzar por este camino.

¿Potenciarlo?
Sí, es evidente. Hay que ir más allá. Se llegó a proponer que en un edificio hubiera dos puertas. Creo que es un ejemplo espectacular de lo que pasa en esta ciudad. Es la idea de que la gente que trabaja aquí, la gente normal, porque los pisos de protección son la gran mayoría para los trabajadores, debe entrar por la puerta de atrás, por la puerta del servicio, y no por donde quieren que entre la gente que pasa por aquí y que tiene acceso a la ciudad.
Falta vivienda pública en Barcelona. ¿Habría que hacer un gran pacto de ciudad para construir más pisos?
Debería haber un gran pacto para hacer un gran parque público de vivienda en la ciudad. El ejemplo debería ser Viena. La mitad de la población vive en alguna vivienda que tiene alguna forma de protección pública. Pero no solo para construir, porque si solo pensamos en construir, lo que estamos haciendo es decir a la gente que hay determinadas zonas donde no puede vivir. No entiendo que seas de Barcelona y no puedas vivir en la Rambla. Hay zonas de Barcelona que parecen no ser para los barceloneses. Es un absurdo. Por tanto, construir sí, pero también se debe afectar a quién tiene la propiedad, cuál es el uso de las viviendas que ya existen.
¿Diría que el alcalde está vendiendo humo con la propuesta de eliminar los 10.000 pisos turísticos en 2028?
Creo que al alcalde le gusta mucho, como a Salvador Illa, cortar cintas e inaugurar cosas. Espero que se cumpla. Nosotros estamos de acuerdo. Pero también hemos visto que la ley de vivienda no se cumple. No se trata solo de acabar con las licencias de los pisos turísticos, hay que ver qué pasa con los pisos, si pasan a ser de alguna forma vivienda pública, el alquiler estará regulado… Tampoco es la única forma para ir contra el turismo. Tenemos bloques enteros que se utilizan como si fueran un hotel, porque todos son para los turistas a través del alquiler de temporada, habitaciones… Esto también debería acabar. Este debería ser el objetivo de un alcalde que quiera que los barceloneses vivan en Barcelona.
¿Por qué la CUP no consigue representación en el Ayuntamiento desde 2015?
Uno de los aprendizajes es que ahora la CUP se presenta buscando alianzas más grandes. La CUP se había encerrado mucho en sí misma, presentarse como CUP, dentro de su movimiento, y ya está. En un momento en que muchos partidos lo que hacen es ver qué posición pueden tener, resguardándose hacia ellos y ver qué pasa, la CUP y Comunistas han hecho una excepción de generosidad para ir con todo. Es un cambio de paradigma, porque cuando tienes que tratar con gente de otras tradiciones políticas, tienes que ampliar la forma en que miras y tejer otras alianzas. Si no yo misma no estaría en esta candidatura. Este, seguramente, es uno de los aprendizajes primordiales. Y el otro es que a pesar de que se debe hacer autocrítica, toda, y se deben cambiar muchas formas, los momentos tampoco son los mismos. Es un momento político en el que la gente pide una radicalidad, lo esencial que la CUP aporta.
¿Con qué nombre se presentarán? ¿No se utilizará el nombre de la CUP?
No, pero no es un tema de desgaste del nombre, sino que cuando va con otras fuerzas se debe decidir el nombre. A estas alturas aún no se ha cerrado.
A principios de año, Gerardo Pisarello planteó hacer un frente de izquierdas. Citó a la CUP. ¿Se ha hablado de algo?
No ha habido ninguna reunión en este sentido. Entiendo que Gerardo lo dice porque él personalmente cree en este tipo de proyecto. Ahora, no se trata de hacer sumas de siglas para ver cómo podemos aprovechar más el mismo número de votos, sino porque creo que es frío. No es un momento de una política fría. Lo que vemos es la gente movilizándose y pidiendo vivir mejor.
¿Qué movimientos sociales se incorporarán a la candidatura?
Se ha constituido un espacio que es la Asamblea Popular Municipalista donde participan personas, no como cada organización, sino personas a título individual. Forman parte del movimiento por la vivienda, tejido vecinal, también de Sants, el movimiento cooperativo. Apoya la candidatura y es un espacio de debate. Creo que no solo a veces los partidos están cerrados en sí mismos, sino que los movimientos en una ciudad tan grande y con problemáticas económicas tan duras, muchas veces no tienen capacidad de encontrarse y discutir estrategias conjuntas. Este espacio lo permite.
¿David Fernández formará parte de la lista?
No lo sé. Me encantaría. Lo quiero mucho y lo valoro mucho personalmente y políticamente. Es una de las personas a las que siempre se le pide. David hace muchas más cosas. Ha estado en Òmnium y a veces eso genera incompatibilidades. Ha estado asistiendo a estas asambleas y, por tanto, esté o no esté su nombre en la lista, todo su capital de conocimiento, que es amplísimo, estará allí.
¿Cuáles son las tres primeras medidas que Laure Vega tomaría como alcaldesa?
La primera medida sería escuchar a los trabajadores del Ayuntamiento de Barcelona y hacerles caso. Hay conflicto con servicios sociales, escuelas infantiles, bibliotecas. Las demandas que plantean son flagrantes. No puede ser que a un servicio como el UTEH, que se dedica a atender mujeres que han sido víctimas de trata sexual, no se les ponga un complemento de intervención social. La segunda medida sería hacer cumplir la ley. Hacer cumplir la ley con todas aquellas personas que se piensan que son los dueños de Barcelona: multas por derechos lingüísticos. Es muy difícil vivir en catalán. Multas de vivienda. Los que más tienen deben empezar a pagar. Y la tercera medida estaría vinculada al hecho de que Barcelona está muy poco pensada para que la misma gente la pueda disfrutar. Transporte público, piscinas municipales. Todos los equipamientos que son del Ayuntamiento, teatros, fútbol… Son espacios que la gente debería poder disfrutar independientemente de su renta, sin tener que hacer cálculos si tienes niños si puedes o no permitirte ir al cine esa semana. Podría haber pactos de acceso al ocio y la cultura. Un acceso gratuito y libre en un número determinado [de entradas] en los espectáculos para las personas de aquí. También en el transporte. Ayudaría a no vivir en Barcelona como si fueras un figurante.
¿Qué plantean desde la CUP y Comunistas para revertir el actual modelo turístico?
Barcelona es una ciudad escaparate. Hay un modelo turístico que es turismofóbico. Está muy interesado en captar un turismo internacional, pero en Barcelona tienes más de un tercio de la población que no puede hacer una semana de vacaciones. También hay mucha gente del país que no puede conocer su capital. Eres de Salt y no puedes ni soñar con pasar una noche en Barcelona y dos días conociendo la ciudad. Por eso digo que es turismofóbico. Aparte, los trabajadores del sector turístico tienen unas condiciones terribles. El Observatorio de Turismo de Barcelona hablaba hace unos años que la mitad de los trabajadores del sector no llegaban a los mil euros. No está generando riqueza, está generando riqueza para los pocos que se quedan las acciones. Es necesario reducir el turismo internacional. Esto tiene que ver con reducir terminales de cruceros y las plazas turísticas y volver a hacer vivienda. Hay que repensar el modelo. Muchas veces se dice que da trabajo. A mí me parece que se hace chantaje a la población. Puede ser que en el Gòtic no necesitemos varias tiendas de Torrons Vicens todo el año y lo que se necesita son pescaderías. Es necesario que la ciudad sea habitable para la gente de aquí. Esto no quiere decir negarse a que exista el turismo, solo es que se controle.

¿No basta con eliminar dos terminales de cruceros como se ha pactado con el Puerto?
No, porque el turismo de cruceros básicamente lo que genera es un colapso muy grande en un momento determinado y prácticamente no deja recursos. No creo que sea el modelo que queremos. Estas ideas sobre hacerles pagar poquito no tienen ningún sentido. En todo caso que sean las empresas quienes asuman el costo y no que lo repercutan a los turistas.
Su posicionamiento contrario a la ampliación del aeropuerto del Prat va en esta línea.
Absolutamente. Tiene mucho que ver con esta dependencia del turismo. Cada vez se apuesta más por un sector que empobrece a la población. Gastamos mucho dinero en promocionar un turismo que después no sirve para nada. La Copa América es un buen ejemplo. No sé si la gente de la Barceloneta necesita carreras de ricos en el mar o lo que necesita es que se cuide un sector como el pesquero, del cual nadie se acuerda y que se ha ido perdiendo porque los salarios son muy bajos y el desgaste físico es enorme.
El uso social del catalán está bajo mínimos en Barcelona. ¿Cómo se revierte esta situación?
Debemos distinguir entre el cumplimiento de los derechos lingüísticos y el uso social. Respecto al uso social, debe poder llegarse a acuerdos con el gran empresariado para que dentro de las mismas horas laborales se pueda aprender catalán, porque fuera de la escolarización es muy difícil acceder a esto. No estamos hablando solo de que se amplíen cursos en el Consorcio de Normalización Lingüística, significa que se amplíen los horarios. También se debe hacer una política muy destinada al disfrute en catalán, si puedes ir al teatro, si puedes ir al cine, si realmente es un espacio que disfrutas no será solo aprender el catalán para trabajar. Yo sé inglés, pero lo sé para trabajar.
¿Y cuando no se cumple la normativa, es necesario sancionar?
Sancionar. Es necesaria una política dura en términos de sanciones. Esto es para las grandes empresas, y para la gente es necesaria una política que realmente facilite la vida en catalán. La segregación es mala por arriba y por abajo. Es mala para ellos mismos, para las personas que viven en inglés en el Poblenou y para las personas que en el Raval ni siquiera oyen el catalán. Se pierden gran parte de lo que significa vivir en esta ciudad. Vivir en catalán es una vida mucho más bonita. Debes poder facilitar estos lugares de encuentro.
Este otoño se licitará la conexión del tranvía por la Diagonal. ¿Están a favor?
Estamos a favor de la conexión del tranvía y de hacer todo lo que mejore la conectividad en Barcelona. Es una buena propuesta.
En 2032 se acaba la concesión del tranvía al conglomerado de empresas TRAM. ¿Se debe ir hacia la gestión pública?
Por supuesto. Se ganan muchos dineros. Hay una tendencia extraña que es que socializamos pérdidas, pero nunca socializamos beneficios. El ámbito público no entra en estas cuestiones, que son esenciales y que, además, generan muchos dineros. Debe pasar a ser público y deberíamos revisar también los sueldos más altos de empresas como TMB y otras. No tiene ningún sentido que tengan una diferencia respecto de los trabajadores tan brutal, y una diferencia respecto de la población tan grande.
En el Parlamento, la CUP ha llegado a acuerdos con el PSC. ¿Cree que esto es trasladable al Ayuntamiento?
En el Parlamento hemos llegado a acuerdos con el Sindicato de Inquilinos y con el movimiento de vivienda. Fuimos como quien va a una negociación sindical a decir: ‘Creemos que se debe hacer esto’. Fuimos con la fuerza de una manifestación como fue la del 23 de noviembre de 2025 contra los precios del alquiler en Barcelona, que reunió unas 200.000 personas. A esto no le llamo llegar a acuerdos, pero me parece bien que sea el término que se utilice en política. En el caso del Ayuntamiento de Barcelona debemos ver aún qué pasará en las elecciones. Con la falta de políticas que ha hecho Collboni que no tienen que ver con la vida de la gente no está tan claro que nosotros debamos llegar a pactos con el PSC.

¿Sería posible en Barcelona un gobierno de las fuerzas independentistas como el que ha habido en Girona?
No tiene mucho sentido porque la derecha, y en este caso Junts, tiene una política en términos de vivienda que ha rozado el sadismo, en el caso, por ejemplo, del Congreso, con los decretos de mínimos que se iban a aprobar. En Barcelona tenemos un problema tan grave con la vivienda que no creo que eso deba estar sobre la mesa. Nosotros tenemos clarísimo que no debe gobernar Collboni. El PSC ha gobernado muchísimos años en esta ciudad y son claramente responsables de la situación que tenemos, de modelo económico y de forma de vida. El gobierno tampoco debe quedar en manos de la derecha porque sus propuestas son como las de Collboni, pero en algunos casos aún peores. A partir de aquí podemos tener todas las conversaciones que sean necesarias con Esquerra Republicana y Barcelona en Comú. Las encuestas son una fotografía de un momento determinado. Hace unos días nadie esperaba que hubiera una explosión como la que se ha producido en Barcelona en torno a la vivienda. Todavía faltan unos meses para las elecciones. Veremos qué pasa.
¿Le preocupa que pueda haber dos fuerzas de extrema derecha en el Ayuntamiento?
Me parece una derrota que un partido político como Aliança Catalana pueda entrar en Barcelona porque cuando se le preguntó sobre vivienda habló de mejorar la conectividad fuera de Barcelona y que quizá los barceloneses deberían ir a vivir al Baix Llobregat y al Vallès.
¿Quién lo dijo, Sílvia Orriols o Jordi Aragonès?
Aragonès. Me parece humillante. Cuando planteas que los barceloneses no pueden vivir en su ciudad, ¿quién puede vivir en esta ciudad? Es una derrota y es una responsabilidad siempre de la izquierda. Aquí tienes una mayoría trabajadora que debería estar representándote y si no la representas lo estás haciendo mal. Hay que ponerse a trabajar y dar respuestas realmente a los problemas de la gente.

