El 19 de diciembre de 1926, hace un siglo, el Gran Metro de Barcelona inauguraba el segundo ramal que conectaba las estaciones de Jaume I y Aragó -la del paseo de Gracia actual- y que supuso la puesta en marcha de las estaciones de Urquinaona y Jaume I. La parada de Urquinaona se construyó en la misma plaza de Urquinaona. Se accedía al suburbano a través de un edículo -de hierro y vidrio- que ya no existe y que desembocaba en un ascensor y en una escalera de caracol. De hecho, la escalera centenaria aún existe y se pudo visitar en septiembre y octubre pasados, cuando Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) abrió instalaciones históricas del metro, como las estaciones de Correus y Gaudí.
Ahora, a la escalera centenaria, un secreto del metro que no conoce tanta gente, se accede por una puerta cerrada, detrás de la cual hay dependencias de los trabajadores de TMB. De la escalera, se conservan cuatro tramos. En las paredes, aún es visible parte de la decoración de la época, como «el revestimiento de azulejos biselados blancos» y «azulejos azules de cerámica valenciana que enmarcaban los grandes carteles publicitarios», explicó Històries de Barcelona el otoño pasado. En el verano de 2024, la retirada de un falso techo permitió recuperar en los andenes, entre otros espacios, azulejos de aquella época. El quiosco de prensa es el lugar donde hace un siglo se levantó el edículo de la estación, que fue demolido en 1972, según TMB.

El ascensor del edículo de Urquinaona
Mientras la estación actual de Urquinaona aún no dispone de ascensor -la Generalitat sacó la primavera del año pasado la licitación para redactar el proyecto para adaptar la parada-, hace un siglo sí que tenía y ocupaba el hueco situado en medio de la escalera. «Fue la tercera estación con este equipamiento después de las de Lesseps y Fontana. Los ascensores estaban protegidos por edículos, que en el caso de Urquinaona era de hierro y vidrio, con el techo galvanizado para impermeabilizarlo», dice TMB en una publicación del noventa aniversario de la inauguración del segundo ramal. También incluía una gran cantidad de elementos de fundición y de forja, «ya que solo el basamento del edificio era de piedra».
En el edículo, además del ascensor (que era de pago) y la escalera, se instaló el despacho de billetes. Con la demolición del edículo, en 1972, también desapareció el ascensor. Con el paso del tiempo, el edículo había ido perdiendo los elementos decorativos de forja. El acceso actual de la plaza que desemboca a la L4 es de aquel año.

La L1, heredera del Metropolitano Transversal
La estación de Urquinaona actual da servicio a las líneas L4 y L1, conectadas por un pasillo -también de los años 70- muy incómodo y no accesible para personas con movilidad reducida, ya que está lleno de escaleras. La parada de lo que ahora es la L1 se inauguró en 1932, seis años después de la prolongación del Gran Metro hasta Jaume I. Lo hizo en la ampliación de la línea Metropolitano Transversal que había entrado en funcionamiento en 1926. El tramo inicial la Bordeta – Catalunya tenía 4.063 metros de longitud y nueve estaciones: Bordeta, Mercat Nou, Sants (ahora plaza de Sants), Hostafrancs, España, Rocafort, Urgell, Universitat y Catalunya. En el acceso a la L1, situado en la ronda de Sant Pere y la calle de Bruc, aún se conservan barandillas y pináculos de hierro de hace casi un siglo.

