Un conocido poeta barcelonés ya fallecido la definió como la casa del cazador de pederastas por las figuras de su fachada. Popularmente, se conoce como la Casa dels Gossos. El sobrenombre de esta finca centenaria situada en el número 36 de la calle Bolívar, en el barrio de Vallcarca, proviene de los medallones con cabezas de perro y estatuas de niños que decoran la fachada principal. Su estilo a medio camino entre el modernismo y el eclecticismo no pasa desapercibido. Sin embargo, su ubicación en una de las vías menos amables para el peatón de la zona ha hecho que quedara siempre en un segundo plano. Hasta tal punto que no fue incluida en el catálogo del patrimonio arquitectónico de Gràcia elaborado en 2021. Como el resto de sus vecinos de la calle Bolívar, el inmueble está afectado por el polémico proyecto de la rambla verda de Vallcarca, una planificación que se remonta a 2002 y recuperada este mandato por el ejecutivo liderado por Jaume Collboni, no sin oposición de una parte importante del vecindario. La Casa dels Gossos no debería ser la primera en ser derribada, antes se demolerán las cuatro fincas ubicadas en el tramo inferior de la vía, entre las calles de Ballester y Agramunt.

Sin embargo, la adjudicación el pasado abril de la redacción del plan de derribo del edificio contiguo a la finca, adelantada por L’independent de Gràcia, parece indicar que la demolición de esta pequeña joya arquitectónica podría estar más cerca que lejos. Sobre todo si tenemos en cuenta que desde hace un lustro es propiedad del Ayuntamiento de Barcelona, que la hizo vaciar alegando riesgo estructural antes de expropiarla. La casa ya había aparecido puntualmente en las redes sociales en alguna ocasión hace unos años, pero la polémica ha revivido recientemente a partir de un video de Brontë (@brontesbien), el perfil de un joven madrileño que da a conocer obras modernistas más allá de la sombra alargada de Antoni Gaudí. Él denunció la situación de la Casa dels Gossos y se acumularon rápidamente miles de visualizaciones y múltiples comentarios de indignación por la situación de la finca. Entre ellos, uno de la artista barcelonesa Miranda Makaroff, que proponía iniciar una recogida de firmas para evitar el derribo del inmueble.
Se hizo eco también la Associació Veïnal Som Barri, que acusó al ejecutivo socialista de querer «destruir patrimonio modernista«. La entidad invitó a los usuarios a llenar las redes sociales –tanto del consistorio barcelonés como del mismo alcalde– de mensajes denunciando la situación no solo de la Casa dels Gossos, sino del resto de edificaciones afectadas por el discutido proyecto de la rambla verda de Vallcarca. También se anunciaron próximas movilizaciones al respecto para tratar de conseguir un indulto in extremis de los inmuebles, muchos de los cuales actualmente ocupados.
🚨 @jaumecollboni quiere destruir patrimonio modernista en Vallcarca! ¡Impidámoslo!!!
— Associació Veïnal Som Barri (@AVallcarca) September 17, 2026
💀El @pscbarcelona ha decidido que en Vallcarca aún queda demasiado patrimonio
📲 Déjales un mensaje en sus redes y hazles saber qué piensas. Y estate atenta a las nuestras para convocatorias! pic.twitter.com/MmrxhfAKrm
Vidas arrancadas de raíz
Pocos pueden hablar en primera persona de la Casa dels Gossos como el último de los inquilinos del edificio antes de la expropiación. P.E. tiene 70 años, es historiador del arte jubilado y fue la última persona que abandonó la finca cuando esta pasó a manos de la administración. Él entró en mayo de 1976 con un contrato de alquiler indefinido y se instaló en el principal, el único de los tres viviendas en los que se divide el inmueble que da a la calle Bolívar. «El piso no tenía bañera, las maderas de las ventanas no encajaban, había goteras… Estaba tan deteriorado que me dieron cinco años para hacer obras y reformas«, recuerda el hombre. Se gastó unas tres millones de pesetas de la época para poner al día el domicilio. En el piso de arriba, vivía el matrimonio formado por Rosa y Joan. Abajo, la familia del entonces propietario, Carles Pagès. Cuando este murió de un cáncer, continuaron residiendo su viuda, Quimeta Perelló, y la hija de la pareja, Amèlia Pagès. Esta última fue la que finalmente tuvo que aceptar la expropiación por parte del Ayuntamiento por un precio de 979.698 euros.
En el momento de materializarse la compra municipal, ya hacía un tiempo que la casa había sido desocupada. Antes de tener que abandonar la que había sido su casa durante 41 años hacia septiembre de 2018, P.E. tuvo que convivir cerca de tres años con intentos de ocupación casi cada semana. A pesar de esta última etapa convulsa, el recuerdo de toda una vida viviendo en el principal pesa más en la memoria del último inquilino. «Tener que marcharse de una casa donde has vivido tanto tiempo deja un vacío en el corazón. Procuro no pasar por delante porque si no me pongo a llorar«, confiesa. Gracias a su contrato indefinido, él pudo ser realojado en un piso de protección oficial próximo a la zona, pero otros residentes de toda la vida de la calle Bolívar no tuvieron tanta suerte. El historiador del arte jubilado afirma que muchos de sus vecinos tuvieron que irse del barrio después de ser expulsados de sus domicilios en previsión del proyecto de la rambla verda. «El primer destrozo que se hizo aquí fue en el ámbito humano«, lamenta el hombre.

Apuntes de una historia aún con muchos vacíos
De los orígenes de la Casa dels Gossos tenemos poca información. Todo hace pensar que fue construida entre los años 1911 y 1926, como muchas otras edificaciones vecinas. El último de los inquilinos antes de la expropiación aún recuerda como Quimeta Perelló, esposa del propietario, explicaba que el inmueble lo habían heredado de su suegra, la madre de Carles Pagès. Sin embargo, P.E. ha encontrado referencias que sitúan la cerrajería de un tal Joan Martí Nogués en la finca. De hecho, en varios portales de coleccionismo se pueden encontrar folletos publicitarios sobre el negocio, que había sido fundado por el padre del anunciante, Juli Martí, en el año 1880 en la zona de Sants. Los inicios de la casa parecen ligados a esta familia, que en algún momento debieron trasladar tanto su residencia como la cerrajería a Vallcarca. El historiador del arte también ha localizado referencias que indican que el inmueble dataría de 1912 y sería obra de Guillem Busquets Vautravers, arquitecto municipal de Barcelona, colaborador de Josep Puig i Cadafalch en la planificación urbana de la parte baja de Montjuïc para la Exposición Universal de 1929 y autor de la Casa Hurtado, entre otras.

En todo caso, la calle Bolívar de entonces poco tiene que ver con la actual. Durante más de un siglo, esta era una vía secundaria, sin mucho tráfico, que seguía el trazado del antiguo camino de Barcelona a Sant Cugat. «Casi no pasaban coches«, rememora el último vecino de la Casa dels Gossos. Con las modificaciones introducidas en la avenida de la República Argentina, que dejó de ser de doble sentido en su tramo final hasta la plaza de Lesseps, esta calle estrecha se convirtió en una vía rápida para llegar hasta la parte alta del barrio y la plaza de Alfonso Comín. Las aceras prácticamente solo permiten el paso de los peatones en fila india. Es un terreno hostil incluso para poder mantener una conversación con alguien, ya que la pronunciada pendiente hace que los vehículos tengan que pisar al máximo el acelerador cuando suben, con el ruido que eso conlleva. Esta situación, sumada a la afectación urbanística, hace que muchas joyas arquitectónicas como la que protagoniza este artículo pasen desapercibidas y se dejen degradar. En el caso de la Casa dels Gossos, el exterior se conserva relativamente bien, aunque hay excrementos de palomas en varios puntos y a los niños que coronan los capiteles de las cuatro columnas de la fachada les faltan algunos de los brazos.

«A mí me dijeron ya en 2002 que no hiciera ninguna obra más, que solo pintara, porque iría a tierra […] Si pasas 30 años diciendo que está afectado, la gente deja de cuidarlo», critica el último de los inquilinos antes de la expropiación. A pesar de su vinculación personal con la finca, P.E. tiene claro que habría que encontrarle un nuevo uso para justificar su preservación. «Como vecino, te diría que se debe conservar como muestra de cómo prosperó el barrio. Como historiador del arte, creo que hay muchos otros edificios de la ciudad ya preservados que necesitan inversión», reflexiona. Actualmente, la casa está ocupada por un colectivo de jóvenes de Vallcarca a los cuales el Ayuntamiento debería desalojar si quiere seguir adelante con el derribo del inmueble.

Sin un calendario de derribos concreto
Fuentes municipales consultadas por TOT Barcelona apuntan que la transformación de Vallcarca continúa avanzando y que la previsión es que antes de acabar el mandato se complete la expropiación y los derribos de las fincas del tramo inferior de la calle Bolívar. En concreto, se trata de los cuatro inmuebles ubicados hasta la altura de la calle Agramunt, bajo el terreno de los cuales se hará un depósito pluvial que quedará cubierto por la futura rambla. En cuanto al tramo donde está situada la Casa dels Gossos, el consistorio recuerda que las fincas están afectadas por el proyecto, pero indica que no hay por ahora un calendario para culminar las expropiaciones y los derribos. Sin embargo, sí que hay la prioridad de solucionar la situación de aquellos domicilios ya de propiedad municipal donde se ha detectado infrahabitatge. Las mismas voces señalan que el objetivo de la administración en este ámbito concreto es «incrementar la vivienda que hoy prevé el planeamiento», tal como el ejecutivo ha manifestado públicamente en numerosas ocasiones. Esto abre la puerta a la preservación de al menos una parte de la finca centenaria, aunque los informes que certifican el peligro estructural del inmueble complican este escenario.


