La demolición de la antigua estación de mercancías de la Sagrera aún no tiene una fecha exacta. Así lo han asegurado fuentes de Adif (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias) consultadas por TOT Barcelona. De esta manera, Adif ha desmentido a la concejala de Sant Andreu, Marta Villanueva, quien este mismo martes había dicho a betevé que las primeras tareas de demolición se realizarían el 8 de abril y la demolición propiamente comenzaría cinco días después, el 13. «Aún no tenemos un día exacto», han expresado desde Adif a TOT. La antigua estación es un edificio centenario, pero no está catalogado.
Villanueva ha explicado que con la demolición de la antigua estación cambiará el skyline de Barcelona, que pasará a ser un poco más verde. A juicio de la edil socialista, la transformación de esta zona de la Sagrera también permitirá conectar y «recoser» la ciudad.
Nueva estación intermodal
El motivo de la demolición es la construcción de la nueva estación intermodal de la Sagrera y el planeamiento urbanístico que la acompaña, con un gran parque lineal verde que cubrirá las vías, más de 11.000 viviendas (el 40% de protección oficial), oficinas, hoteles y equipamientos, entre otros. Se espera que en esta parte de la ciudad puedan vivir unas 25.000 personas.

Antes de Semana Santa, operarios de Adif ya hicieron un perímetro de seguridad en todo el ámbito de la estación y se retiraron vidrios de las ventanas y restos de fibrocemento del interior del edificio.
El refugio de la Guerra Civil se salvará
Varias entidades -como la Promoción del Transporte Público (PTP) o el Centro de Estudios del Transporte Terminus-, vecinos y partidos políticos habían pedido salvar la vieja estación de mercancías, pero tanto Adif como el Ayuntamiento lo han rechazado.
Lo que sí se conservará y en un futuro será visitable es el refugio antiaéreo de la Guerra Civil que se localizó a finales del año pasado. El refugio se integrará en las obras de la Sagrera. En su momento, fuentes del Instituto de Cultura de Barcelona calificaron el estado de conservación como “excepcional”. Dispone de dos galerías principales y tiene una longitud de 90 metros.
La terminal que se demolirá es el último inmueble que queda de la antigua estación ferroviaria. Comenzó a construirse en 1918 y entró en servicio en 1922. Impulsada por la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), bajo la dirección del ingeniero Eduard Maristany, se proyectó para centralizar la salida y llegada de mercancías en una única estación, ya que hasta entonces estaban dispersas por diferentes puntos de la ciudad. Las instalaciones estuvieron en funcionamiento durante siete décadas, y se convirtieron en la estación de mercancías más importante de Barcelona.


