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El Museo de Historia de Barcelona abre en Fabra i Coats un espacio dedicado a la historia del trabajo

La Nave F de la antigua fábrica Fabra i Coats, en el distrito de Sant Andreu, es uno de los pocos conjuntos fabriles casi íntegros conservados dentro del tejido urbano de Barcelona. Y desde este sábado, 9 de mayo, será un museo. La inauguración será a las 18h, en un acto festivo y popular abierto a toda la ciudadanía. Desde el sábado y hasta el 31 de agosto, la entrada será gratuita. El Museo de Historia de Barcelona abre un nuevo espacio dedicado a explicar la historia y la memoria del trabajo en la Barcelona contemporánea. Impulsado por el Instituto de Cultura de Barcelona con financiación europea Next Generation, se ubica en la Nave F, una antigua nave de tinte de hilos, y se incorpora al proyecto del museo como una pieza clave de un modelo de museo de ciudad construido a partir de sus espacios patrimoniales, donde el edificio, el relato histórico y las memorias de sus protagonistas forman un conjunto indisociable.

Con el nombre de Fabra i Coats. Museo de Historia de Barcelona, el proyecto amplía la red de diecisiete espacios del museo, que, con cronologías y temáticas diversas, ofrecen una mirada plural y de largo recorrido sobre la historia de la ciudad. Esta nueva sede permite desplegar una interpretación amplia del concepto de trabajo, entendido desde la diversidad de mundos que lo conforman, incorporando sensibilidades diferentes y reivindicando el reconocimiento histórico del papel de las mujeres y del trabajo de cuidados, central pero a menudo invisibilizado.

El equipamiento refuerza el recinto Fabra i Coats como polo cultural de ciudad, en el marco de una estrategia de descentralización cultural y turística

Durante la rueda de prensa de presentación, este jueves, 7 de mayo, el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona, Xavier Marcé, quiso recordar la importancia del espacio que se recupera: “Este es un espacio de interpretación, de recordatorio y de referencia de lo que había sido esta fábrica, pero también habla de la incorporación de las personas al mundo del trabajo en Barcelona, con un 80 % de mujeres en la fábrica, que es una de las victorias que se han logrado en una ciudad como esta”. Y añadió: “El museo de historia de la ciudad debe explicar la historia de los barrios, pero los barrios también explican la historia de la ciudad”.

Dos exposiciones permanentes

El discurso museístico se articula a partir de dos exposiciones permanentes, “Barcelona, ciudad y trabajo” y “La Fabra i Coats de Sant Andreu: empresa, trabajo y memoria”, y de una reserva patrimonial (que no se puede visitar pero es visible desde los espacios del conjunto museístico) vinculada al mundo del trabajo, formada a partir de las colecciones del Museo de Historia de Barcelona y de las donaciones de trabajadores y trabajadoras, entidades, empresas y particulares. El conjunto permite rastrear la evolución del trabajo en Barcelona desde el siglo XIX hasta el inicio del siglo XXI, en un contexto marcado por el paso de la ciudad industrial a la ciudad de servicios.

Retrato de grupo de trabajadoras de la Fabra i Coats 1948. Archivo de Amigos y Amigas de Fabra i Coats

El recorrido ofrece una lectura transversal de la transformación de la economía barcelonesa, abordando los oficios, las formas de trabajo, las condiciones laborales, el movimiento obrero y los conflictos sociales que han configurado la ciudad. El relato pone un fuerte acento en las desigualdades del mundo laboral, especialmente las de género, y muestra cómo los derechos laborales actuales son fruto de las luchas de las generaciones precedentes. A través de testimonios materiales, orales y fotográficos, el museo conecta pasado y presente y sitúa el trabajo como un elemento central para entender la vida cotidiana, las identidades colectivas y la historia social de Barcelona.

La exposición dedicada a la Fabra i Coats profundiza en la trayectoria de una de las empresas industriales más significativas de la ciudad y en su estrecha relación con el barrio de Sant Andreu. La fábrica no solo marcó los ritmos laborales de las personas que trabajaban allí, sino también la vida cotidiana y el carácter social del territorio, construyendo una identidad compartida que forma parte de la memoria colectiva de Barcelona.

La rehabilitación sostenible de la Nave F convierte el edificio en la primera pieza expositiva del museo, preservando los valores de la arquitectura industrial y destacando los sistemas constructivos y los materiales originales como elementos de memoria técnica y espacial. El nuevo espacio ha sido posible gracias a la investigación histórica rigurosa y al impulso de entidades como los Amigos y Amigas de la Fabra i Coats, entre otras, y se consolida como un lugar de historia y memoria construido con la participación activa de la ciudadanía.

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