El pregón de la Fiesta Mayor de Gràcia ha sido este año mucho más que una llamada a la fiesta. El periodista e historiador Vicenç Sanclemente ha aprovechado el balcón de la sede del distrito para hacer un diagnóstico de la Vila y advertir que el modelo de Gràcia construido durante décadas por su tejido vecinal enfrenta varias amenazas. «La Gràcia que conocen los vecinos está en peligro», ha advertido, situando la vivienda y la expulsión residencial en el centro de un discurso que también ha abordado la gentrificación, la turistificación, la emergencia climática, la soledad de las personas mayores y la situación del catalán.
La intervención de Sanclemente parte de una idea que atraviesa toda su trayectoria y que también había avanzado antes del pregón: Gràcia no es un barrio, sino una vila. «Es una vila, es un pueblo», afirmaba en una entrevista al TOT. Y recordaba que la Vila fue independiente hasta 1897 y que todavía conserva el espíritu de pueblo, con lo bueno y lo malo que pueda tener un pueblo.
Esta identidad no es solo una cuestión sentimental. Para Sanclemente, está directamente relacionada con la capacidad de los vecinos de seguir viviendo, participando y haciendo vida en el barrio. Y es aquí donde aparece su principal advertencia: si Gràcia expulsa a sus habitantes, no solo cambia la composición social de la Vila, sino que también pone en riesgo la comunidad que ha construido la Fiesta Mayor.
La vivienda, la principal amenaza
El pregonero ha puesto el foco especialmente en la creciente dificultad para acceder a una vivienda en Gràcia. Según la cifra que ha aportado en su discurso, 6.665 graciencs han tenido que marcharse de la Vila durante la última década, en un contexto marcado por el encarecimiento de la vivienda y la presión inmobiliaria.
«Es imposible que la gente joven encuentre piso en Gràcia, ni de alquiler ni de compra», lamenta Sanclemente, que ha relatado un cambio contundente en Gràcia: la expulsión ya no afecta solo a determinadas zonas o perfiles sociales, sino que dificulta que las nuevas generaciones puedan seguir haciendo vida en el mismo lugar donde han crecido, ha alertado. Por eso, su discurso ha incorporado una exigencia política concreta. Sanclemente ha reclamado «un pacto general contra el capitalismo especulativo y contra la expulsión», un llamado que no ha limitado a un único gobierno o partido, sino que ha planteado como una responsabilidad colectiva.

Una fiesta hecha desde abajo
La defensa de la Fiesta Mayor como expresión comunitaria es especialmente significativa en boca de Sanclemente. El periodista es autor de Gràcia. Història de la festa més gran del Pla, publicado en 1990, y ha estado vinculado durante décadas al movimiento asociativo y a varias comisiones de fiesta. También vivió de primera mano la expansión de la celebración, cuando pasó de cuatro calles decoradas a una veintena. De hecho, el pregonero cree que la Fiesta Mayor es una consecuencia del tejido vecinal, no al revés. Las calles decoradas, las comisiones, los bailes y las actividades populares son expresiones de una comunidad que durante generaciones ha convertido los espacios cotidianos en espacios compartidos. Por eso Sanclemente ve con preocupación la masificación. No defiende cerrar la Fiesta Mayor a los visitantes, pero sí encontrar un equilibrio para que los vecinos no queden expulsados de su propia fiesta.
Volver al espíritu de vila
El diagnóstico de Sanclemente no es solo pesimista. Ante las transformaciones de Gràcia, reivindica precisamente aquello que considera que todavía puede actuar como mecanismo de defensa: la comunidad. La misma idea aparece vinculada a otra de las emergencias que ha querido poner sobre la mesa: la soledad no deseada de las personas mayores. Sanclemente considera que el modelo de vila —el vecindario, los rellanos, las escaleras, las asociaciones— puede actuar como una red de protección ante una sociedad en la que las redes sociales no necesariamente han conseguido que las personas estén más acompañadas.
Clima, lengua e identidad
El pregón también ha incorporado otros elementos que, en la mirada de Sanclemente, forman parte de la misma defensa de la Vila. La emergencia climática es una de las preocupaciones que había identificado antes del acto, junto con la vivienda y la soledad de las personas mayores. La reivindicación de una Gràcia más verde y habitable forma parte, así, de un modelo de barrio que priorice la calidad de vida de quienes viven allí. El catalán también ha tenido presencia en el discurso, dentro de esta defensa más amplia de la identidad de Gràcia. La lengua, como la fiesta o el tejido asociativo, es presentada como un elemento que forma parte de una comunidad que Sanclemente considera que se debe preservar.
Ha sido un pregón que ha querido celebrar Gràcia, pero también interpelarla. Un discurso que recupera la memoria de la Fiesta Mayor para advertir sobre su futuro y que convierte la vivienda en el principal campo de batalla para preservar la identidad de la Vila.
Y dos frases del pregón adquieren todo su sentido: «Gràcia ha de ser sempre, i serà, una vila» y «Demano un pacte general contra el capitalisme especulatiu i contra l’expulsió». La primera reivindica la identidad; la segunda, las condiciones materiales necesarias para que esta identidad pueda sobrevivir.

