El cierre de los búnkeres del Carmel comenzó a aplicarse hace tres años. La previsión era que el espacio de las antiguas baterías antiaéreas del Turó de la Rovira estuviera abierto al público entre las nueve de la mañana y las dos y media de la tarde, en horario de verano, y entre las nueve y las dos y media, en horario de invierno, para evitar los botellones y las fiestas que durante varias temporadas tuvieron que soportar los vecinos de esta zona de la capital catalana. Es innegable que las medidas han tenido un impacto, pero no han servido para erradicar la problemática con los botellones. Tres años después de la primera noche de clausura del recinto, los mal llamados búnkeres continúan siendo un punto de peregrinación para muchos turistas, que se saltan las restricciones horarias y provocan molestias entre el vecindario.
Así lo ha denunciado esta semana el Consejo Vecinal del Turó de la Rovira después de que el lunes por la noche se vivieran momentos de tensión con un grupo de individuos que intentaba acceder a un domicilio. En concreto, unos turistas intentaron entrar en una casa desde el interior del recinto de las baterías antiaéreas cuando este ya llevaba más de una hora cerrado. Los vecinos salieron asustados a ver qué pasaba y recriminaron al grupo que no podían acceder a la vivienda. Según relata la entidad, los visitantes se enfadaron y mostraron una actitud agresiva ante los avisos de los residentes, que decidieron refugiarse dentro para evitar una posible agresión. No pudieron evitar, sin embargo, que se produjeran destrozos en las macetas y plantas que tenían en la entrada de su casa.
Y esta es la tónica desde hace meses, lo sabe la @GUBBarcelona y el @bcn_hg, pero no llevan a cabo medidas eficaces para evitar estas situaciones, como requisar el alcohol a los turistas que suben a hacer botellón, incluso cuando han cerrado la zona vallada: pic.twitter.com/N2PmMUApFH
— Consell Veïnal del Turó de la Rovira (@ConsellVeinalTR) April 22, 2026
En el momento del incidente, había varios grupos que estaban haciendo botellones en el interior del recinto cerrado. Después de avisar a la policía y al ver que ninguna patrulla se había personado en el lugar, un vecino decidió acceder para grabar en vídeo el panorama. Las imágenes muestran varios grupos repartidos por el espacio con cervezas y botellas, una escena que recuerda -salvando las distancias- a las que se vivían hace tres años. Según denuncia el vecindario, esta práctica se repite desde hace meses en el Turó de la Rovira, con turistas que -una vez cerrado el espacio- continúan los botellones tanto dentro como fuera de las baterías, acercándose cada vez más a las casas.
No contentos con el susto y el intento de agresión -si no es suficiente entrar borracho a una casa ajena-, les destrozaron las macetas y plantas. Llamaron al 112 y la policía no vino; que denunciaran al día siguiente. La situación en las baterías antiaéreas, a las 21 h, era esta: pic.twitter.com/o3VqTdYZYw
— Consell Veïnal del Turó de la Rovira (@ConsellVeinalTR) April 22, 2026
«Hace años que hacemos saber a los responsables del Distrito que los agentes cívicos no hacen su tarea (indican a los turistas que, una vez cerrado el recinto, vayan a hacer botellón a una de las esquinas, donde disfrutan de mejores vistas) o que, cuando la hacen, deben realizarla en condiciones indignas: bajo el sol, sin cobertura y sin avituallamiento», señala la entidad.
¿Qué pide el vecindario del Turó de la Rovira?
Ante esta situación, desde el Consejo Vecinal del Turó de la Rovira exigen una actuación urgente por parte del Ayuntamiento. Por un lado, piden que la Guardia Urbana actúe requisando el alcohol a todos los que estén haciendo botellón en los alrededores de las baterías del Turó de la Rovira, imponiendo las sanciones correspondientes e intensificando el control y prohibición del acceso al recinto cerrado fuera de horario. También que se instalen sanitarios portátiles y suficientes papeleras en las calles Marià Labèrnia y Mühlberg o en sus alrededores para evitar molestias de olores al vecindario.
Por otro lado, consideran que se debe garantizar que los agentes cívicos pueden hacer su tarea en condiciones dignas: con protecciones para el sol y que no indiquen a los visitantes dónde pueden hacer botellones. Y añaden que se apueste por la reforestación de las zonas donde actualmente se hace el botellón y se generan aglomeraciones hasta altas horas de la noche.

