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El periodista que bautizó la Costa Brava en 1908: su visión desde estas calas generó un valor de millones

La playa. El sol. El agua turquesa. Todos tenemos en mente la imagen perfecta de la Costa Brava. Una marca que, hoy en día, mueve millones y atrae viajeros de todo el mundo. Pero, ¿alguna vez te has preguntado de dónde surge este nombre tan icónico?

Hay una historia oculta detrás de este bautizo, un momento clave que transformó un simple tramo de litoral en un icono mundial. Sin esta palabra, sin esta visión, quizás todo habría sido diferente. Y esto es un secreto que pocos conocen, pero que lo cambia todo.

Todo comenzó en el año 1908. Un periodista catalán, con una pluma aguda y una sensibilidad única, escribió las palabras que definirían para siempre nuestro querido Mediterráneo. Hablamos de Ferran Agulló, que firmaba como ‘Pol’ en ‘La Veu de Catalunya’. Su descripción, «costa brava», no fue un accidente.

Agulló la describió como «brava y risueña, fantástica y dulce». Vio una costa «trabajada por los temporales a golpes de olas» y «bordada por los besos de bonanza». Tres veces usó aquella expresión en su artículo Per la Costa Brava, como una manera de capturar la esencia de un paisaje escarpado y a la vez lleno de belleza. Él fue el primero en verlo, en sentirlo. Y nosotros, hoy, recogemos los frutos.

Esta expresión, al principio en minúscula, tardó un tiempo en arraigar. No fue hasta la década de 1930 que comenzó a usarse como atracción turística. Su popularidad creció sin freno, hasta que, en las décadas de 1950 y 1960, la invocación al turismo fue total. El punto final llegó en 1965, cuando el nombre de Costa Brava se oficializó para definir el litoral que se extiende de Blanes a Portbou. Un movimiento sencillo, pero con un impacto definitivo.

La magia que Agulló capturó

La visión de Ferran Agulló fue profética. Vio la combinación perfecta: playas de arena blanca, pequeñas calas llenas de encanto y unas aguas de una transparencia y temperatura idílicas. Un paisaje salvaje, pero a la vez delicado. Imperfecto, pero idílico. Un lugar que, históricamente, ha enamorado viajeros y artistas. Figuras como Picasso, Rusiñol, Chagall y Dalí ya cayeron rendidos a sus pies. Es una conexión casi mística.

La importancia de Agulló es innegable. Por eso, en Sant Feliu de Guíxols, encontramos un monolito que conmemora la fecha de la publicación de aquel artículo. Está justo frente a uno de los miradores con las vistas más espectaculares del Mediterráneo. Desde aquí, nuestro ojo puede contemplar el tramo entre Tossa de Mar y Palamós al norte, y una vista preciosa de la playa del pueblo al sur. Un homenaje merecidísimo.

Este punto no es solo un recuerdo al periodista. Este lugar tiene una historia más profunda. Aquí se construyó una fortificación con cuatro torres para defender la población de los invasores, especialmente durante el siglo XVI. También se erigía la ermita de Sant Elm, que data de 1452. Después de ser destruida por el ejército francés en 1696, se reconstruyó en 1923, dedicada a la Virgen del Buen Viaje. El mirador es totalmente accesible, pero la ermita solo se abre ocasionalmente. Un auténtico tesoro oculto.

Un viaje por los rincones más auténticos

Ferran Agulló no fue el único en fijarse en este impresionante paisaje. Los griegos ya lo hicieron cientos de años atrás. La Costa Brava guarda pueblos que ningún viajero se puede perder. Son la pura esencia de un sueño mediterráneo. Y nosotros te hemos preparado el truco para descubrirlos todos.

Piensa en Cadaqués, el antiguo refugio de Dalí. Un pueblo de pescadores con casitas blancas, puertas y ventanas azules, que viven aislados y entregados al mar. O L’Escala, que fusiona el carácter rural con la esencia marinera. Su casco antiguo aún hace sentir el latido de civilizaciones antiguas, como demuestra el yacimiento arqueológico de Empúries. Sus playas son sinónimo de serenidad y majestuosidad. Dicen que Joan Manuel Serrat se inspiró aquí para su canción «Mediterráneo».

Begur es otro punto imprescindible. Su castillo medieval domina las calas de aguas cristalinas desde 200 metros de altura, y las casas de indianos o americanos se extienden a lo largo del litoral. ¿Y qué decir de Pals? Como decía Josep Pla, «no es bueno por una, sino por cientos de visitas». Parece sacado de la Toscana italiana, al igual que Peratallada, una villa literalmente tallada en la piedra. Un descubrimiento constante.

Pueblos como Monells, Tossa de Mar, Tamariu o L’Estartit también ocultan una gran belleza y singularidad. Cada rincón es una solución a la rutina, un soplo de aire fresco para el alma. Visitarlos es entender la verdadera dimensión de aquella visión original. El nombre fue solo el comienzo, pero el legado es definitivo.

Tu próxima aventura comienza aquí

El legado de Ferran Agulló es hoy más vigente que nunca. La Costa Brava sigue siendo un imán para millones, una fuente inagotable de experiencias. Entender su origen es el primer paso para conectar de verdad, para vivirla con la profundidad que merece. Un error sería perderse esta oportunidad única.

Ahora sabes quién bautizó este paraíso y qué historia hay detrás. Es un conocimiento imprescindible para cualquier amante de los viajes y la cultura. Ir a la Costa Brava ya no será lo mismo, ¿verdad?

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