Imagina un secreto de dos mil años. Una maravilla de la ingeniería romana, enterrada bajo tierra, que ahora resurge para cambiarlo todo. ¿Qué pasaría si te dijéramos que Turquía ha recuperado una piscina monumental capaz de acoger a trescientos romanos al mismo tiempo?
Este no es un simple descubrimiento arqueológico más. Hablamos de un espacio que fue el corazón social e higiénico de una ciudad antigua, un punto de encuentro vital para jóvenes, atletas y ciudadanos.
Su restauración, una hazaña casi heroica, transforma lo que sabíamos sobre la vida pública romana en la región. Un testimonio definitivo de su esplendor.
El Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía acaba de confirmar la noticia. Han finalizado los trabajos de restauración de una antigua piscina monumental en la ciudad de Tral·les.
Esta joya, situada en el frigidarium del vasto complejo conocido como Hamam Gymnasium, en la provincia de Aydın, es simplemente gigantesca. Mide 37 metros de largo y 12 de ancho.
¿Su capacidad? Hasta 300 personas de manera simultánea. (Sí, nosotros también estamos alucinando con la cifra). Tiene una antigüedad de 2.000 años. Es un viaje directo al pasado más esplendoroso.
La vida romana en la piscina: más que un simple baño
La construcción de esta piscina se remonta al periodo romano. Formaba parte esencial de un gimnasio adyacente, un lugar donde los jóvenes recibían tanto entrenamiento físico como educación. Era un pilar de la sociedad.
Los estudios arqueológicos indican que su función principal estaba vinculada directamente a las actividades físicas. Después del ejercicio, el baño era una rutina diaria imprescindible.
Los baños romanos seguían un esquema tripartito: el caldarium (sala caliente), el tepidarium (sala templada) y el frigidarium (sala fría). Esta piscina era el gran final, el cubo de agua fría vigorizante.
El Hamam Gymnasium ocupa una superficie aproximada de 40.000 metros cuadrados. Esto lo convierte en uno de los conjuntos monumentales más extensos de toda la región egea. Su escala es incuestionable.
Esta magnitud refleja la importancia que Tral·les tuvo como centro urbano durante la época imperial. Demuestra el alto nivel de desarrollo de las infraestructuras públicas, destinadas al ocio, la higiene y la formación.
El largo camino hasta la revelación
La intervención arqueológica que ahora ha culminado se centró específicamente en el frigidarium. Los trabajos de excavación sistemática comenzaron en el año 2022, sin interrupciones.
Durante años, la piscina permaneció sepultada bajo capas de tierra y escombros. Siglos de olvido la habían escondido del mundo moderno. Un secreto bien guardado.
La colaboración entre la administración central, la Universidad Adnan Menderes y el equipo de campo ha sido clave. Han unido rigor académico con recursos logísticos y financieros, haciendo posible lo imposible.
El profesor Murat Çekilmez, arqueólogo de la Universidad Adnan Menderes de Aydın, ha dirigido científicamente los trabajos. Su dedicación ha sido imprescindible para este descubrimiento.
Se han extraído los sedimentos que cubrían la estructura y se han llevado a cabo las tareas de restauración necesarias. Todo para garantizar su conservación y su futura exhibición pública. Es un triunfo.
Tral·les: una historia de gloria y caída
Tral·les, hoy conocida como Aydın y en turco antiguo como Güzelhisar, se asienta en el corazón del valle del río Büyük Menderes (el antiguo Meandro). Una posición dominante sobre la fértil llanura que se extiende hasta la costa.
Esta ubicación estratégica, unida a la proverbial fertilidad de su suelo, la convirtió en un centro agrícola de primer orden desde la antigüedad. Hoy, los higos continúan siendo el cultivo más emblemático.
Fundada por argivos y tracios según el geógrafo Estrabón, la ciudad pasó por muchas manos. Dominio persa, el control de Alejandro Magno, Antígono, los seléucidas y, finalmente, el reino de Pérgamo.
Después de apoyar a Aristónic de Pérgamo, un aspirante al trono, en su lucha contra Roma, la ciudad fue castigada. Se le retiró el derecho de acuñar moneda. Una auténtica sanción económica antigua.
Durante la República Romana, Tral·les fue sede de un conventus iuridic, hasta que Éfeso le arrebató esa preeminencia. Sufrió las consecuencias de la guerra mitridática, con la toma de la ciudad y la muerte de numerosos habitantes romanos.
Un terremoto devastador en el año 26 a.C. redujo gran parte de la ciudad a escombros. Pero el emperador Augusto proveyó los fondos necesarios para su reconstrucción.
Los agradecidos ciudadanos la rebautizaron como Cesarea en su honor. Un renacimiento espectacular. Estrabón la describió como un próspero centro comercial, cuna del orador Pythodoros y los retóricos Damaso Scombro y Dionisocles.
Siglos más tarde, la ciudad vería nacer a Antemio de Tral·les, ni más ni menos que el arquitecto de la legendaria basílica de Santa Sofía en Constantinopla. Una conexión con otra maravilla mundial.
La historia de Tral·les tuvo un giro decisivo después de la batalla de Manzikert en el 1071. Los selyúcidas tomaron la ciudad, aunque Alejo I Comneno la recuperó.
Pero en el siglo XIII ya estaba en ruinas. Andrónico II Paleólogo intentó reconstruirla y repoblarla en el 1278, con el nombre de Andronikópolis o Paleologópolis. El objetivo era un baluarte contra el avance turco. Pero fue en vano.
La ciudad fue asediada y cayó en manos del beylicato de Menteșe en el 1284. La toma terminó con una destrucción extensa, una masacre y la venta como esclavos de más de 20.000 personas. Una tragedia final.
El futuro bajo el agua fría
El ministro Ersoy ha querido destacar que esta fase no es un punto y aparte en la investigación. Se integra en un programa más amplio de actuaciones previstas para los próximos años en Tral·les. Hay más por descubrir. Muchos más secretos ocultos.
El complejo Hamam Gymnasium aún conserva sectores pendientes de exploración. Se espera que las próximas campañas profundicen en el conocimiento de las áreas adyacentes. Palestas, salas de reunión, todo un mundo por destapar.
Mientras tanto, la piscina del frigidarium ya es visible para los especialistas. Y, en un futuro cercano, para el público general que visite el yacimiento arqueológico. Una experiencia cultural imprescindible.
Esta restauración es un claro ejemplo de un trabajo continuado en Tral·les, que desde que se retomaron las investigaciones sistemáticas ha revelado tesoros únicos. Es un hito que nos recuerda el valor de nuestro pasado. Porque la historia es mucho más que libros, es sentir el frío del agua que sentían ellos.
