Escaparse durante las vacaciones a un territorio tranquilo no es necesariamente sinónimo de inactividad. Lo que significa es poder elegir en cada momento si se desea calma o acción. Y, en todo caso, siempre lejos de la ciudad y en medio de la naturaleza. Esta es la fórmula magistral que se ofrece en las Tierras de Lleida y el Pirineo. El Pirineo de Lleida es un refugio climático natural a solo dos horas de Barcelona, o tres horas y media, si se va al punto más alejado. Sin tener que tomar aviones, sin retrasos, sin pasar horas interminables en aeropuertos ni hacer colas para pasar controles y aduanas.
Cada comarca ofrece una manera especial de conectar con el entorno. La versión más espectacular son paisajes como los del Parque Nacional de Aigüestortes y Lago de San Mauricio, el único parque natural estatal de Cataluña. Pero el Pallars Jussà no se queda corto con sus desfiladeros de vértigo. El Pallars Sobirà es el reino de los ríos salvajes y de cumbres como la Pica d’Estats, que es la más alta de Cataluña.
En la llanura, la oferta es diferente pero también muy competitiva. En el Pla d’Urgell, la joya de la corona es el lago de Ivars y Vila-sana, una experiencia natural para todos pero, para los amantes de la ornitología, aún más. Y los secanos de Mas de Melons y la confluencia de los ríos Segre y Cinca son ideales para disfrutar de tranquilidad y silencio.

Pero para los días o momentos en que se quiera marcha, las alternativas movidas son muchas. Hay actividades para todas las edades por tierra, agua y aire. En el agua, ráfting en los ríos Noguera Pallaresa —donde se celebran los cuarenta años de los primeros descensos de esta modalidad de deporte de aventura—, Noguera Ribagorzana, Segre y Garona. Por el aire y emociones aún más fuertes: saltos en parapente en Àger y Organyà. Y por tierra, rutas de senderismo y escalada y circuitos para bicicletas BTT y de grava y rutas de carretera.
Trece comarcas, tierra de contrastes
La conclusión es que Lleida invita a viajar sin prisas. Desde las Tierras de Lleida hasta las cumbres más altas del Pirineo, atravesando trece comarcas, se encuentra una tierra de contrastes, con paisajes verdes, lagos de agua cristalina, mucha cultura popular y sabores intensos. Toda una infinidad de experiencias para vivir un verano inolvidable en el interior.
El patrimonio cultural
Pero además de la naturaleza, también hay mucha cultura. Calles y monumentos cuentan la historia de las Tierras de Lleida, patrimonio cultural de alto valor. En Lleida ciudad, es imprescindible pasear por el centro histórico y descubrir la Seu Vella. La Noguera, la comarca más extensa, combina un rico patrimonio y algunos de los mejores cielos para los amantes de las estrellas, con calificación Starlight. Además, hay tesoros como las iglesias románicas del Valle de Boí o el Conjunto Rupestre de la Roca dels Moros – El Cogul, en las Garrigues, ambos declarados Patrimonio de la Humanidad.
Este viaje patrimonial continúa en el Solsonès, donde el centro histórico de Solsona es historia viva. En el Urgell quienes hablan son los pueblos y los campos, mientras que en la Segarra castillos y villas medievales evocan siglos de leyendas. Durante el verano, la cultura se vive en las calles con festivales de música y celebraciones tan propias como las bajadas de fallas, reconocidas como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, que se celebran en el Pallars Sobirà, la Alta Ribagorça, el Pallars Jussà, la Val d’Aran y el Alt Urgell.

Gastronomía de proximidad
Todo esto se combina con la buena mesa, con una gastronomía propia y genuina. En verano, Lleida es una fiesta de colores. El aceite DOP las Garrigues es la puerta de entrada a las experiencias de oleoturismo, mientras que los vinos de la DO Costers del Segre son el hilo conductor de las visitas a las bodegas y de todas las propuestas de la Ruta del Vino. Y no se puede olvidar la pera de Lleida y los quesos y mantequillas del Alt Urgell y la Cerdanya, que tienen un sello DOP propio.
