Jana y Álex crecieron entre dificultades académicas, inseguridades y problemas emocionales. Como miles de niños y adolescentes en España convivían con una situación de vulnerabilidad social que condicionaba su día a día. Con el acompañamiento del programa CaixaProinfància de la Fundación ”la Caixa” y de la Fundación Trinijove de Barcelona, ambos han conseguido nuevas oportunidades de futuro: Jana ha llegado a la universidad y Álex encara el futuro con más confianza tras mejorar su rendimiento escolar.
«Yo solo pensaba que mis hijos debían estudiar y llegar a la edad adulta con estabilidad emocional y preparados para la vida laboral», explica Sonia Morata, madre de Jana y Álex, y vecina del barrio del Bon Pastor, en el distrito de Sant Andreu, que ha tenido que superar numerosos obstáculos para sacar adelante a su familia. Estudió «lo justo», tuvo que arremangarse en un negocio familiar que «a veces funcionaba muy mal» y más tarde enfrentó un divorcio que afectó a toda la familia.
«Sin ayuda no lo habría conseguido», admite Sonia al recordar el mal momento que pasaban cuando acudieron a la Fundación Trinijove. Allí recibieron apoyo socioeducativo y familiar del programa CaixaProinfància. Primero la entidad trabajó con el núcleo familiar, para empoderar a cada uno de sus miembros, y luego asesoró de manera más individualizada a Jana, con un proceso de crecimiento personal, y a Álex, con un refuerzo más centrado en el ámbito académico.
El programa intervino en diferentes ámbitos para abordar sus necesidades de manera integral: las dificultades académicas, los aspectos emocionales y las tareas de planificación y organización, para que los menores llegaran a la edad adulta siendo personas autónomas y sabiendo gestionar sus propios procesos vitales.
El punto de inflexión de Jana y Álex
Jana era una chica «triste y angustiada, con muchas inseguridades», recuerda su madre. Aunque desde pequeña sacaba buenas notas, nunca llegó a sentirse cómoda en el entorno escolar. «En la escuela no tenía motivación, no estudiaba con alegría, era una persona enfadada con el mundo», explica la joven. El acompañamiento psicológico de CaixaProinfància fue decisivo: «Tenía muchos altibajos desde la infancia y aprendí a estabilizar mis emociones».
Su madre lo resume con orgullo: «Ahora es una joven feliz que estudia la carrera que quiere». Jana tiene 18 años y estudia Derecho en la Universidad Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona gracias a una beca de Grado de la Fundación ”la Caixa” destinada a estudiantes excelentes con recursos económicos escasos.
«Mi entorno confiaba en que me la darían, pero yo lo veía difícil. Cuando me la concedieron fue una enorme alegría. Sentí mucha gratitud. Finalmente, he podido demostrar que mi potencial estaba ahí. Me puedo centrar en mis estudios y no pedir dinero para nada», reconoce Jana. Sonia lo recuerda así: «Se me salió el corazón del pecho. Pensé que debía ser una sensación similar a la que sienten los que salen en la tele el día de la lotería cuando les ha tocado un premio. Era la culminación de todo por lo que mi hija había trabajado durante años».

Las necesidades de Álex, que tiene 14 años y estudia tercero de ESO, eran diferentes. Llegó a CaixaProinfància con dificultades para concentrarse y malos resultados académicos. Le costaba seguir las clases y no mostraba interés por las materias. «Había llegado a montar una conga en medio de la clase de matemáticas», recuerda la madre. Tenía muchísimos amigos, pero los conflictos siempre acababan apartándolo una y otra vez. «Yo lo acusaba de no esforzarse, de ser un poco vago. Hasta que un tutor y el psicólogo de CaixaProinfància nos dijeron que pasaba algo». Le diagnosticaron dislexia y trastorno por déficit de atención con hiperactividad o sin (TDAH). Poner nombre a lo que pasaba ayudó a orientar mejor la intervención.
Álex aún recuerda el acompañamiento que recibió en el espacio de refuerzo educativo de CaixaProinfància después de la escuela. «Éramos como una pequeña familia, un grupo donde se estaba muy cómodo, podías hablar con tus compañeros, cualquier duda te la resolvía el educador. Había mucha confianza y podías expresarte con tranquilidad», comenta este joven risueño, que confiesa que hay dos Álex, «el de antes, a quien no le importaban los estudios, y el de hoy, que ha conseguido unos trucos para ser más autónomo».
Este cambio ha hecho que su madre mire el futuro con más tranquilidad. Álex, por otro lado, sueña con encontrar un buen trabajo relacionado con el marketing y confía en conseguirlo a través del esfuerzo académico, un valor que siempre aprendió en casa. «Desde muy pequeños, mamá nos insistía en que debíamos estudiar y darlo todo, pero nunca nos lo echaba en cara. Siempre nos ayudaba y se ponía de nuestra parte. Viéndonos ahora, mamá está mucho más tranquila y feliz. Todo es mucho mejor», concluye Álex.

El acompañamiento que sostuvo el cambio
«Más allá de la falta de recursos económicos, debemos entender la pobreza como un fenómeno multidimensional», afirma Jordi Riera, catedrático de Educación de la Universidad Ramon Llull (URL) y director científico del programa CaixaProinfància de la Fundación ”la Caixa”. «Se es pobre en la medida que no se dispone de los recursos que tienen otras personas; recursos sustanciales en el ámbito alimentario, cultural, de la vivienda o en la capacidad de establecer relaciones que permitan revertir la misma situación».
En España hay 12 millones de personas en situación de pobreza, según el indicador AROPE, y casi 2,5 millones son menores. «El contexto donde han nacido estos niños y niñas los sitúa en un claro desnivel de oportunidades respecto de otros, así que es muy importante reconocer su enorme esfuerzo por construir trayectorias de vida exitosas que les permitan romper el círculo de la pobreza hereditaria», subraya Riera.
El director científico de CaixaProinfància señala que romper esta herencia negativa exige mucho más que intervenciones aisladas o económicas: «Necesitamos un gran pacto de estado que articule una “gran red de redes” de apoyo local-comunitario, intersectorial, multidimensional, interprofesional, y sostenida en el tiempo, poniendo en el centro objetivo el desarrollo integral y el éxito socioeducativo del menor y de su entorno familiar».
En este sentido, CaixaProinfància muestra que «este apoyo no solo responde a una urgencia ética y social inaplazable, sino que además es viable y sostenible si lo comparamos con el enorme costo humano, social y económico de continuar cronificando la pobreza», concluye.
La fuerza de las oportunidades
En España, uno de cada tres niños crece en contextos marcados por la pobreza y la falta de oportunidades, mientras que uno de cada cuatro jóvenes que quiere trabajar no encuentra empleo. Las dificultades económicas, el abandono escolar, el desempleo juvenil o la precariedad continúan condicionando el presente y el futuro de miles de familias vulnerables.
Para contribuir a romper este círculo de desigualdad, la Fundación ”la Caixa” impulsa programas de acompañamiento socioeducativo y de acceso al empleo para niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad, como CaixaProinfància, Incorpora Joven, las Becas de Grado, las Convocatorias de Proyectos Sociales o las iniciativas Más Infancia y Más Empleo Joven.
Cada año, más de 140.000 niños, adolescentes y jóvenes reciben apoyo a través de estos programas, desarrollados conjuntamente con una amplia red de entidades sociales. En 2026, la Fundación ”la Caixa” destina más de 700 millones de euros a la transformación social para actuar allí donde las necesidades son más urgentes.
«La vulnerabilidad es cada vez más compleja y exige respuestas que vayan más allá de las ayudas económicas. Se requiere un acompañamiento integral y sostenido para que niños, jóvenes y familias puedan acceder a oportunidades y construir un futuro mejor. Solo así es posible romper dinámicas de exclusión que se perpetúan de generación en generación», asegura el subdirector general de la Fundación ”la Caixa”, Marc Simón.
