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Primarias en Barcelona en Comú: con la izquierda en crisis y bajo la hegemonía del PSC

Barcelona en Comú afronta las primarias más difíciles desde que irrumpió en la política municipal en 2015. No solo porque lo hace sin Ada Colau, el liderazgo que articuló el proyecto durante una década, sino porque debe navegar en medio de la reconfiguración profunda de la izquierda, tanto en Barcelona como en el conjunto del Estado. Sin una hoja de ruta clara, con las alianzas difuminadas y con el PSC ocupando de manera efectiva el centro del relato progresista, los Comuns elegirán mucho más que un nombre: se juegan el sentido político del proyecto. De momento, dos candidatos aspiran a liderar el proyecto lila tras la salida avanzada de Janet Sanz: Gerardo Pisarello, el candidato del aparato, y Enrique Martínez, comunicador más conocido como Bob Pop. Pero estas primarias, que deben ponerse en marcha de forma inminente, no son un trámite orgánico ni un simple relevo generacional. Son una prueba de resistencia para mayo de 2027: continuar siendo un actor central del debate político de la ciudad, o aceptar un papel secundario, condicionado por la hegemonía socialista y por su propia incapacidad de redefinirse.

La ausencia de Colau: un vacío político, no solo personal

La salida de la exalcaldesa Ada Colau deja un vacío que no es fácil de llenar. Más allá de un liderazgo carismático, era el punto de equilibrio entre movimiento social e institución, entre discurso transformador y gobierno de la capital del país. Colau era el eslabón que unía estos dos relatos y durante muchos años, Barcelona en Comú pudo explicarse a partir de una idea clara: la ciudad como espacio de conflicto político, donde era necesario disputar el poder a los intereses económicos tradicionales. Hoy, ese marco ha perdido fuerza. No porque las desigualdades hayan desaparecido, sino porque el contexto político ha cambiado y el PSC ha sabido ocupar la centralidad absoluta del debate político social. Igual que en Cataluña y en Madrid, el espacio del partido lila ha quedado engullido por el poder del PSC.

La exalcaldesa de Barcelona Ada Colau se dirige a los asistentes de la fiesta del 10º aniversario de Barcelona en Comú en la Nau Bostik | Albert Segura (ACN)

La reconfiguración del espacio de los Comuns barceloneses se inscribe en una crisis más amplia de la izquierda surgida de la calle que llegaba para transformar el régimen del 78. El ciclo del 15-M y de las confluencias de Podemos se ha agotado. El lenguaje de la ruptura ha dado paso a una política de gestión, donde el PSOE ha recuperado centralidad y capacidad de control del relato. Hasta el punto de que en Madrid, Sumar está diluido en el ejecutivo de Pedro Sánchez y Podemos solo puede gestionar la necesidad del PSOE de sus pocos diputados para mantener la mayoría parlamentaria. En Cataluña, los Comuns sobreviven intentando condicionar algunas acciones del PSC, pero con un voto fiel a las iniciativas del ejecutivo de Salvador Illa.

Sin estrategia política clara para 2027

En Barcelona, el PSC ha ejecutado esta operación con precisión quirúrgica. Gobierna la ciudad, ocupa el espacio simbólico del progresismo responsable y ha logrado normalizar una alianza estable con ERC, que ha asumido el papel de socio leal a cambio de visibilidad y cuotas de poder limitadas. El resultado es un ecosistema político donde el socialismo institucional es el orden natural. En este marco, Barcelona en Comú ha quedado descolocado. Ya no lidera el relato de la izquierda, pero tampoco es una fuerza marginal. Esta posición intermedia, sin perfil claro -y con el recuerdo de la investidura de Collboni con alianza con el PP-, es especialmente delicada cuando falta poco más de un año para ir a las urnas nuevamente.

Jaume Collboni y Janet Sanz en el séquito de autoridades / Jordi Play
Jaume Collboni y Janet Sanz en el séquito de autoridades de unas fiestas de la Mercè / Jordi Play

En este contexto, y sin ningún liderazgo nítido tras que Janet Sanz haya dejado el acta de concejala, el debate interno de los Comuns barceloneses corre el riesgo de centrarse demasiado en los equilibrios orgánicos y poco en la estrategia política. Además de elegir un cabeza de cartel, Barcelona en Comú también deberá establecer qué oposición quiere hacer al gobierno de Jaume Collboni si no gana las elecciones y, sobre todo, con qué relato propio puede disputar en una campaña electoral la hegemonía al PSC sin quedar atrapado en una crítica retórica o nostálgica.

Pisarello, la vieja guardia

Gerardo Pisarello encarna una opción reconocible: la de la vieja guardia de los Comuns. Sólido, con capacidad de análisis, discurso ideológico claro y trayectoria política contrastada. Representa continuidad y fidelidad a los principios fundacionales del proyecto. Un activo para determinados sectores, pero el riesgo es que esta opción refuerce una percepción de retorno al pasado. Pisarello, que tiene el apoyo explícito de Ada Colau y del ministro Ernest Urtasun, conecta bien con el núcleo militante y con sectores muy politizados, pero tiene más dificultades para ampliar base social en una ciudad que hoy valora otros códigos.

Bob Pop: relato cultural sin estructura política

En el otro extremo, aparece la figura de Bob Pop, más como un símbolo que como una candidatura clásica. No es un político profesional, pero representa algo que los Comuns han ido perdiendo: capacidad de generar relato cultural, emocional y contemporáneo. Bob Pop conecta con determinados sectores urbanos, jóvenes y culturales; domina el lenguaje mediático y sabe intervenir en el debate público, pero su falta de experiencia institucional y de arraigo orgánico plantea dudas serias sobre su viabilidad como líder político.

Fachada del Ayuntamiento de Barcelona JORDI PLAY
Bicicletas turísticas frente al Ayuntamiento de Barcelona | JORDI PLAY

La relación con el PSC, pendiente de aclarar

Uno de los grandes nudos de los comunes es su relación con el PSC. Durante los dos mandatos de Ada Colau, y a pesar de los períodos de bipartito, la confrontación ideológica -y personal- era clara. Pero hoy la frontera se ha difuminado y el PSC ha asumido parte del legado social de los gobiernos de la alcaldesa. Lo ha revestido de un discurso de orden, estabilidad y gestión eficiente y ha capitalizado ámbitos clave del partido lila como la vivienda y los servicios sociales. En este último mandato, la ambigüedad ha sido la norma: del reclamo de Colau de hacer un «gobierno progresista de 24 concejales» con ERC, a la oposición más dura de Janet Sanz, y ahora, sin un rumbo claro en la última etapa de mandato, bajo la presión de la alianza tácita entre el PSC y los republicanos de Elisenda Alamany.

Las primarias de Barcelona en Comú elegirán candidato, pero la gran labor será construir un nuevo relato, adaptado a la Barcelona actual, para evitar quedar atrapados entre la nostalgia del poder y la irrelevancia.

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