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El pueblo respalda la «transversalidad» del independentismo: «Ni izquierda ni derecha»
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La Diada de este 11 de septiembre llega cincuenta años después de la de Sant Boi, cuando el movimiento de recuperación nacional aún se encontraba en fase ascendente y la movilización en las calles era una gran herramienta de presión política. El contraste con la actualidad es evidente: el independentismo ha pasado de convertir las manifestaciones masivas en uno de los grandes motores de la política catalana a afrontar una etapa de desgaste y división estratégica en los despachos políticos. Las fuerzas independentistas institucionales vuelven a exhibir sus diferencias, mientras Sílvia Orriols y Aliança Catalana introducen un nuevo elemento de competencia y confrontación dentro del espacio soberanista. Todo ello, con una Diada que el Gobierno de Salvador Illa ha querido descafeinar obviando la cuestión nacional y dibujando una Cataluña enfocada exclusivamente en la gestión de los problemas cotidianos y la convivencia, con llamamientos a hacer un frente común contra la extrema derecha y los discursos de odio.

Y a pesar de todo, el centro de Barcelona vuelve a hervir con ríos de esteladas y los gritos de independencia a las 17:14 h. A pie de calle, muy pocos se dejan seducir por un hipotético retorno a aquella «Cataluña autonómica» en la que el poder se repartía entre dos bloques infranqueables de la izquierda y la derecha.

«Esta gente, tanto el PSC como los que les hacen el juego, nos quieren robar la transversalidad del movimiento independentista, esta es nuestra gran fuerza, a mí me da igual si él es de derechas o de izquierdas. El partido que tenga el valor de proclamar la DUI en el Parlamento, que lo haga, y después ya haremos nuestro país y decidiremos qué modelo social queremos entre todos. Yo no votaré a Aliança, pero si tienen el valor de hacerlo, me parecerá muy bien. Tenemos que luchar contra quienes pretendan hacernos creer que solo la izquierda es buena, porque ya vimos el 1-O que el independentismo es un solo país, que nos han robado». Teresa Codina tiene 82 años y ha venido con un amigo, Josep Amorós, desde El Vendrell. Ha hecho una bandera estelada de ganchillo y mientras la muestra, nos recuerda que está «dispuesta a recibir los golpes que sean necesarios, como el 1-O», pero cree que «con los políticos que tenemos ahora no haremos nada, que se vayan todos».

Josep asiente: «El PSC pretende devolver el país a la Cataluña del PSC y de CiU, la izquierda o la derecha, en una Cataluña autonómica sin independentistas». Como Teresa, no confía en los líderes actuales y reclama que «surja del pueblo un nuevo líder, que arrastre a la juventud». «Metamos 500.000 personas en el Parlamento y que no salga nadie hasta que se proclame la independencia», propone.

Teresa, de 82 años, y su amigo, Josep, venidos de El Vendrell, lo tienen claro: «DUI». FOTO: Jordi Play

Los jóvenes vuelven a las calles: «Seguimos el camino de nuestros padres»

La juventud presente en la manifestación, este año mucho más numerosa, es menos entusiasta que los veteranos. Algunos eran muy pequeños cuando se hizo el 1-O y ahora apenas acumulan un par de manifestaciones sin sus padres. Es el caso de Maria Riba y Bruna Hayes, ambas de 17 años y de Cerdanyola del Vallès. Han venido a Barcelona porque quieren «sumar», «seguir el camino de nuestros padres», pero conscientes de que «quizá no lo lograremos». Consideran «indignante» que desde los despachos políticos se intente hacer creer «que el independentismo no puede ser transversal», «todo tiene que ser blanco o negro, izquierda o derecha, con el objetivo de dividirnos», alerta Maria. Bruna comparte la misma opinión y cree que «las nuevas generaciones no debemos permitir esta polarización, porque rompe con el espíritu unitario del movimiento, que a su vez es la gran fuerza que tenemos en la calle».

Manifestación de la Diada en Barcelona en 2026, con el lema ‘Hi soc, hi som’. foto: Jordi Play

Entre las generaciones de Teresa y Josep y la de Maria y Bruna, está Montse Cervera, de Barcelona. Es fiel a todas las manifestaciones, incluso cuando vivía en Alemania, país de su marido. Ha traído a su hija, y le recuerda que la rendición «no es una opción»: «Los políticos y todos los que luchen contra el movimiento independentista deben tener claro que no nos rendimos, somos un movimiento de calle al margen de los despachos. En todo el mundo las grandes revoluciones las ha hecho el pueblo, no los políticos». Sin embargo, reconoce que «muchos independentistas no han salido hoy a la calle porque todavía están decepcionados con el 1-O y con los partidos», pero continuarían votando sí a la independencia. «Soy consciente de que no hay unidad entre los partidos, pero en la calle somos transversales y eso no nos lo quitarán nunca, ni el PSC, ni Aliança ni ninguna otra sigla. Tanto da a qué partido vote la señora de al lado, buenos y malos hay en todas partes», concluye.

El independentismo se ha vuelto a movilizar masivamente en la manifestación del 11 de septiembre de 2026 foto: JORDI PLAY

Llamamiento a la unidad y al fin de la represión

El presidente de la ANC, Josep Vila, ha reivindicado desde la manifestación de Barcelona que el independentismo vuelva a ocupar la calle y recupere la capacidad de movilización que había tenido durante el proceso. Vila ha defendido que la Diada debe servir para «poner el foco en la reivindicación independentista» y dejar en segundo plano las divisiones internas del movimiento, en un momento marcado también por el auge de Aliança Catalana. El presidente de la ANC ha señalado entre los motivos para volver a movilizarse el deterioro de los servicios públicos y lo que considera el “expolio fiscal” de Cataluña. Por su parte, el presidente de Òmnium, Xavier Antich, ha reivindicado que «casi diez años después debemos cerrar definitivamente el capítulo de la represión, deben regresar los exiliados con el presidente Puigdemont a la cabeza y debemos abrir el capítulo del conflicto político».

En cuanto a la asistencia de manifestantes, la ANC ha contabilizado más de 100,000 personas en Barcelona, 15,000 en Girona y 13,000 en Amposta. Por el contrario, la Guardia Urbana de Barcelona reduce la cifra hasta los 28,000.

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