Es habitual que las noticias sobre el cierre de un establecimiento emblemático vengan acompañadas de una reacción ciudadana en forma de duelo. Muchas personas utilizan las redes sociales para lamentar la pérdida de estos negocios históricos, recordando las vivencias vinculadas al local o criticando el rumbo inexorable de la ciudad que parece llevar a la extinción este tipo de comercio de toda la vida. Algunos clientes incluso dejan constancia de este malestar a través de comentarios en el mismo artículo, que son públicos y se pueden ver al final de toda la página. Lo que es menos habitual es que esta reacción llegue con dos años de retraso y sin que haya habido ninguna novedad o efeméride vinculada al establecimiento. La protagonista de esta historia es la Granja Bruselas, que cerró el 30 de junio de 2023 después de más de ocho décadas sirviendo desayunos, comidas y meriendas en el corazón de la Dreta de l’Eixample.
El TOT Barcelona pudo conversar con su último responsable, Carles Huguet, solo unos días antes del cierre y recogió su testimonio en un reportaje que se publicó al día siguiente de bajar la persiana. Más de dos años después, un comentario ha aparecido esta semana en la misma noticia sobre el cierre. El texto lo firma una pareja, Francis y Carol, que según explican ellos mismos fueron clientes habituales del establecimiento ubicado hasta 2023 en los bajos del número 67 de la calle de Roger de Llúria. El contenido de la misiva es el siguiente: «Triste de ver que se pierden los mejores lugares de Barcelona. No había pasado en años, pero cada vez que me acercaba, necesitaba ver que estaba abierto. Carles (y compañía) nos hicieron pasar momentos fantásticos, alimentando nuestro estómago y nuestra alma. Espero que te vaya muy bien. Recuerdos».

Ante la sorpresa por el mensaje recibido y dada la proximidad con el responsable que se desprende de las palabras del autor, este medio se puso en contacto con Huguet para trasladarle el recuerdo diferido de esta pareja de clientes. «Ostras, por el nombre no me suena. Hace dos años que he perdido contacto con todos, pero seguro que si lo veo lo reconozco. Fueron cuarenta años sirviendo en la granja», señala el último miembro de la familia que tomó las riendas del negocio en los ochenta. Se da la circunstancia de que, esta misma semana, otro de los clientes habituales del establecimiento se puso en contacto con Huguet para preguntarle si había abierto otro local en Barcelona. «De momento, no nos lo planteamos», afirma. El último responsable reconoce que en estos dos años ha recibido muchos mensajes de sus antiguos parroquianos, sobre todo después de que en el lugar del negocio histórico abriera una cafetería para nómadas digitales. «Nada que ver con lo que era la granja», lamenta.
Las reliquias del local, bajo custodia familiar
Cabe recordar que, como en el caso de la mercería Casa Gallofré (1914), la Granja Bruselas terminó cerrando a causa de la presión inmobiliaria que sufre la capital catalana. El establecimiento fundado en 1940 por la belga Maddeleine Devise y adquirido por la familia de Huguet en los ochenta fue expulsado por el mismo fondo buitre que en 2021 había comprado toda la finca del número 67 de la calle de Roger de Llúria para hacer pisos de lujo. En el momento de bajar la persiana, Huguet ya adelantaba su intención de donar a un museo los casi una decena de carteles magníficos de la casa de helados Frigo que hasta entonces habían presidido el local. La leyenda dice que estos rótulos fueron los primeros que se expusieron fuera de las instalaciones de la marca y que la Granja Bruselas fue la primera donde se vendieron sus helados.
La opción de que los carteles terminaran formando parte de la exposición de las Tiendas Museo de Salàs -un museo muy peculiar ubicado en un pequeño pueblo del Pallars Jussà y especializado en recrear tiendas históricas- no llegó a fructificar, a pesar de tratarse de la opción preferente para Huguet. Los rótulos, pues, continúan en manos de la última generación de los responsables de la granja a la espera de poder encontrar un espacio adecuado que permita volver a mostrarlos al público.


