Barcelona-Clot (Sagrera), mercancías a baja velocidad. El letrero de porcelana que contiene esta designación ya es oficialmente el único vestigio superviviente de la antigua estación de mercancías de la Sagrera. Se conserva en el Museo del Ferrocarril de Cataluña, en Vilanova i la Geltrú (Garraf), y fue retirado a finales de 2025 para evitar que acabara reducido a escombros como el resto del edificio, que esta semana ha sido arrasado por las máquinas excavadoras. De nada han servido los intentos por salvar el recinto de la piqueta que en los últimos meses han impulsado entidades como la plataforma Promoció del Transport Públic (PTP), el Centre d’Estudis del Transport Terminus o la Associació Coordinadora Pro Museu del Transport de Barcelona, que contaban con el apoyo de la Associació de Veïns i Veïnes de la Sagrera y de diversos grupos municipales barceloneses. Cabe recordar que el proyecto urbanístico previsto contempla abrir un gran parque verde lineal sobre la playa de vías de la nueva estación intermodal de la Sagrera, además de la construcción de 2,230 viviendas en la zona, el 40% de las cuales de protección oficial.

Con la sentencia de las instalaciones ejecutada, es un buen momento para recuperar la historia que desaparece con la demolición de un verdadero icono ferroviario y una parte importante de los orígenes del barrio de la Sagrera tal como lo conocemos hoy. La terminal de mercancías comenzó a construirse en 1918 con la intención de centralizar toda esta modalidad de transporte, hasta entonces dispersa entre varios puntos de la ciudad. Las instalaciones impulsadas por la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), bajo la dirección del ingeniero Eduard Maristany, entraron en servicio en 1922, aunque entonces aún no estaban del todo terminadas. Durante casi siete décadas y hasta finales de los noventa, la infraestructura fue la gran estación de mercancías de Barcelona y la puerta de entrada de todo lo que venía de Francia por tren. Junto con la estación del Morrot del Montjuïc, esta infraestructura marcó toda una época en la historia del ferrocarril en la capital catalana y en el país.

“Maristany quería convertir Barcelona en una de las grandes capitales ferroviarias y, por eso, también se necesitaba un edificio monumental, que impresionara cuando la gente fuera a buscar un paquete”, explicaba en Ferran Armengol, historiador, investigador de la historia del ferrocarril y autor del libro L’arrencada del ferrocarril a Barcelona, 1800-1850, en un reportaje publicado en TOT Barcelona a principios de diciembre. En su momento de máxima actividad, la planta baja del inmueble estaba ocupada por las dependencias donde se facturaban las mercancías y se gestionaban los trámites de aduana para los transportes internacionales. En las plantas superiores, se alojaban familias de trabajadores ferroviarios y también puntualmente aquellos empleados que lo necesitaran por cuestiones del servicio. Rodeando la construcción hasta ahora superviviente, había una playa de vías inmensa que ocupaba una superficie total de veinte hectáreas con unas vías que medían más de 15,7 kilómetros de largo.

Una parte de la memoria preservada con el refugio antiaéreo
Del edificio centenario solo se conservará el letrero, pero sí se prevé preservar otro vestigio relacionado con la estación ahora demolida. Según avanzó este medio a principios de febrero, el refugio antiaéreo de la Guerra Civil encontrado a pocos metros de la terminal de mercancías se integrará como parte de la transformación de la zona. Su estado de conservación excepcional y su ubicación en uno de los extremos del ámbito a urbanizar hace que su hallazgo no haya supuesto un retraso en las obras ni de demolición ni de configuración de la nueva estación intermodal. El búnker localizado el pasado mes de noviembre conectaba los dos edificios que daban entrada a la antigua estación de mercancías, era de titularidad privada y no figuraba en el listado elaborado por la Junta de Defensa Pasiva en julio de 1938. Habría sido impulsado por la CNT, que en el momento del conflicto había colectivizado el sector ferroviario.


