La noche de La Mercè de Estrella Damm en la playa de Bogatell tiene un perfume diferente. No es la oscuridad de una sala ni el suelo frío de un gran estadio, sino la inmensidad oscura del Mediterráneo iluminado por una luna llena radiante. En la playa del Bogatell, la marea humana que inundaba la arena no era solo un público: era una riada de memorias cruzadas que pisaban la arena buscando un refugio donde resguardarse del paso del tiempo.
Love of Lesbian no ha vuelto a Barcelona; en realidad, nunca se han ido. La banda de Santi Balmes ha completado la trayectoria de un cometa Haley que, tras dar la vuelta al mundo dejando un rastro de canciones, siempre regresa a su perigeo emocional, pero si hacemos caso a Santi Balmes este no ha sido el último concierto en la capital catalana, sino «uno de los últimos» antes de que el grupo se detenga de forma indefinida. Pero este vínculo de la banda con la ciudad trasciende la mera procedencia geográfica. ¿Cómo no recordar aquel experimento en plena salida de la pandemia, cuando más de 5.000 personas se agruparon para demostrar que la cultura era nuestra única tabla de salvación? Esta noche, en cambio, la cita con su ciudad tenía el aire de una celebración mayúscula y sin restricciones. Como un recuerdo borroso de aquella noche donde más de 5.000 almas volvieron a sentir la música repicando en el pecho, el concierto ha iniciado con Nadie por las calles.
El plan de la noche, sin embargo, era una declaración de intenciones metódica y poética, y también festiva porque, aunque Love of Lesbian se detenga, era una noche para celebrar el vínculo especial entre el público y el grupo, y así lo han evidenciado desde el escenario. Desde los primeros compases con temas como Cuando no me ves, Bajo el volcán, Contradicción o 1999, la atmósfera se ha ido cargando de esa electricidad tan propia de los cambios de estación combinando temas de su dilatada discografía con sus discos La Hermandad. Cuando ha sonado Manifiesto Delirista y Algunas Plantas, la arena de la playa ha temblado bajo miles de pies que bailaban como si el mañana fuera una hipótesis lejana sin pensar qué nos ofrecerá.

El vínculo de Love of Lesbian con la ciudad y la participación de Manolo García y Xantal
Las canciones de Love of Lesbian son el plano espiritual de esta Barcelona tan contradictoria, una ciudad tan empeñada en mirar hacia adelante que a veces olvida quién era. Sus versos no quedan en el aire: están grabados en las baldosas de la Gran Vía, en la rotonda de Travessera de les Corts o en las sombras del Parque de la Ciutadella. Y allí, entre la brisa salada del mar y los fuegos artificiales convertidos en drones de la noche barcelonesa, la ciudad buscaba reconocerse en el espejo, buscando «eso» que la hace extrañamente adictiva. Pero por encima de todo, el concierto ha sido un canto a la vida, y a unos «Love of Lesbian suporters» incondicionales que han recogido el guante del líder de la banda para adaptar un cántico muy conocido en el Camp Nou.
El clímax de la velada ha llegado con una de las alianzas más emotivas de la música popular de esta tierra. La salida a escena de Manolo García ha hecho saltar por los aires cualquier contención. La voz del ex-Último de la Fila se ha fusionado con la de Santi Balmes para ofrecer versiones inolvidables de Incendios de nieve y La hermandad. Cuando la voz de Manolo García se ha apagado, han comenzado a sonar los acordes de Allí donde solíamos gritar, y lo ha hecho con la complicidad de Xantal, la prometedora y reivindicativa voz de Remei de Ca La Fresca. Juntos en este instante, la playa del Bogatell ya no era un concierto, sino un clamor colectivo donde miles de gargantas han cantado a pleno pulmón uno de los grandes himnos de nuestra generación.

Después de la catarsis de Fantástico, el cierre apoteósico con Club de fans de John Boy ha dejado la playa en una especie de éxtasis por haber vivido una noche especial que el grupo guardará en un cajón cerrado con llave en su memoria. Cuando se apagaron las luces y solo quedaba el rumor de las olas rompiendo contra el litoral, la sensación no era de despedida definitiva, sino de tregua. Barcelona continuará mañana su mutación acelerada, pero por unas horas, entre la arena, la brisa de la noche y el eco de las voces, hemos vuelto a saber exactamente quiénes somos. Pero este concierto no es un adiós, es un hasta pronto antes de que Love of Lesbian se tome un merecido descanso en una noche donde el pop-rock de Al·lèrgiques al pòlen y la rumba mestiza de La Pegatina han calentado motores, y el dúo barcelonés Svetlana –con un mensaje reivindicativo sobre la gentrificación, los derechos LGTBIQ+ y la realidad social de Barcelona– ha sido el encargado de cerrar una noche de fiesta mayor fantástica.
